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Zaragoza

El resurgir del Rollo reactiva la batalla vecinal

Aunque el número de bares aún no supera la decena, el ruido y la suciedad vuelven a Moncasi. El abuso de un nuevo trámite urbanístico más ágil facilita la apertura de nuevos locales. Varias resoluciones judiciales han suspendido los cierres decretados por el Ayuntamiento.

La calle del Maestro Marquina, una madrugada del sábado.
La calle del Maestro Marquina, la noche del sábado al domingo a las 2.00.
Raquel Labodía

Noche del sábado al domingo, dos de la madrugada. Calle del Maestro Marquina. Las bajas temperaturas, los exámenes y el puente de San Valero restan asistencia a los bares del Rollo. Aún así, entre 50 y 100 jóvenes se acomodan en quince metros lineales de fachada. "Si fuera un estadio, la calle hoy apenas tendría un cuarto de entrada", dicen los vecinos. Pese a ello, el ruido entra sin problemas en las viviendas. La zona de bares de Moncasi vive un resurgir que, pese a ser todavía leve, ha hecho saltar las alarmas a un vecindario que recuerda con horror aquellas noches de hace 20 años en las que más de 5.000 jóvenes se amontonaban hasta convertir las calles en un mar de gente en el que no se veía el suelo.

El resurgir del Rollo reactiva la batalla vecinal

La de Moncasi fue una de las grandes batallas vecinales de Zaragoza. A finales de los 80 y durante los 90, los casi cien bares que llegaron a estar abiertos en apenas cinco calles del conocido Rollo zaragozano supusieron todo un tormento para los vecinos. Hartos, se movilizaron en las calles, en las instituciones y en los juzgados para luchar contra la invasión que sufrían a las puertas de sus viviendas y hasta en el interior de las mismas, por culpa del imparable ruido.

La declaración de zona saturada por parte del Ayuntamiento en 1995 y el cambio de las costumbres de ocio de los jóvenes aplacaron el problema. Ahora, el todavía tímido renacer del Rollo ha reactivado la batalla vecinal. Moncasi ya no cuenta los bares por decenas, pero un puñado de nuevas y problemáticas aperturas han resucitado las noches de cientos de jóvenes bebiendo en las calles, peleas y suciedad.

Los bares del Rollo fueron ese lugar casi mítico donde miles de zaragozanos se tomaron sus primeras copas (y las segundas, y las terceras…). Nombres como La Concordia, La Enagua, el Dieciséis, el Cíbola o la Devizio evocan a muchos zaragozanos infinidad de noches de fiesta, juergas hasta altas horas de la madrugada, copas, amigos... Sin embargo, para los vecinos de este sector, los recuerdos son de madrugadas en vela, de fines de semana de exilio obligado en el pueblo para poder dormir, de peleas, orines, y vomitonas a las puertas de sus casas. Recordar aquellos años en los que había un pub por cada 37 metros de calle "causa sudores fríos", como dicen desde la asociación de vecinos La Huerva.

Vuelven los fantasmas

Esta entidad se ha refundado con un objetivo similar al de la asociación original: defender el derecho al descanso de los vecinos. Pedro –prefiere no dar su apellido por los problemas que tuvo en el pasado por este conflicto– es vecino de Maestro Marquina desde 1986 y fue socio fundador de la asociación. Cuenta que entonces "las mediciones de sonido en una vivienda del sexto piso duplicaban lo permitido".

Pero sobre todo recuerda que la sensibilidad de las administraciones, de la Policía y de la opinión pública en general era muy diferente a la actual: "Nos decían que éramos unos amargados, que no dejábamos que la gente joven se divirtiera". Ahora, tras disfrutar de unos años de mayor normalidad, ve el incipiente resurgir del Rollo "con desasosiego y miedo". "Por ahora las molestias no son las de antes –dice Pedro en referencia a los años 90–, pero ya se ha acabado la tranquilidad, ya no podemos abrir las ventanas... Y si eres madrugador, prepárate para lo que te vas a encontrar cuando salgas de casa", lamenta este vecino.

Los fantasmas volvieron en mayo del año pasado. En la calle Perpetuo Socorro se instaló el Bohemios, un after latino que abre a las 6.00 con licencia de bar-cafetería. Según los vecinos, a primera hora de la mañana las peleas son habituales. Se le han abierto expedientes por no tener seguro, por incumplir horarios, aforos, se le ha precintado el equipo de música... Pese a todo, los dueños han conseguido que los juzgados le permitan sobrevivir, gracias a los cambios de titular y a un nuevo trámite urbanístico que contempla una mayor agilidad para poder abrir negocios.

Se trata de la llamada declaración responsable, un trámite previo a la licencia, que se creó para relanzar la actividad económica. Permite abrir locales sin apenas exigencias por parte de la administración. Sin embargo, desde el Ayuntamiento admiten que "se está abusando" de esta figura, lo que deriva en un auténtico "fraude de ley", en palabras del concejal de Urbanismo Pablo Muñoz. El Consistorio va a estudiar si la prohíbe para los bares en las zonas saturadas.

Litros en la calle

Otra de las aperturas que los vecinos consideran problemáticas es la de La Enagua, en Maestro Marquina, que ahora gestiona el anterior dueño de La Hamburguesa. A su puerta se acumulan decenas de jóvenes llamados por el alcohol megabarato, con vasos de litro de color verde, rojo, azul... "Los cócteles que hacemos aquí no se hacen en ningún lugar de España", presume Carmelo Leona, su dueño. Tiene una carta de 50 tipos de litro que vende a cuatro euros, un precio casi de supermercado.

El local ha tenido orden de cierre, pero los tribunales también le han dado la razón. El propietario dice que cumple "con todo", que tiene "derecho a vivir de esto" y que no cuenta con la obligación de controlar que sus clientes salgan a la calle con las bebidas. La Policía pasa frecuentemente, pero casi nunca multa a los jóvenes por hacer botellón.

Justo al lado ha abierto La Perla Negra, a pesar de alguna negativa anterior por parte de Urbanismo a concederle el permiso. Y en frente, el Tranvía acumula decenas de denuncias y al menos tres sanciones. Los vecinos temen que, si las administraciones no ponen coto, el efecto llamada provoque nuevas aperturas.

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