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Zaragoza

"No habrá un solo puesto vacío cuando se reinaugure el Mercado Central"

José Carlos Gran, presidente de los detallistas, afronta "con ganas e ilusión" la reforma de la centenaria lonja, que despacha 500 toneladas de productos a la semana y emplea a 350 familias.

José Carlos Gran, presidente de los detallistas, en el interior de la lonja diseñada por Félix Navarro.
José Carlos Gran, presidente de los detallistas, en el interior de la lonja diseñada por Félix Navarro.
G. Mestre

Sus abuelos eran verduleros en el Mercado Central, donde él empezó a trabajar con 15 años. En 2005 –y hasta hoy– se hizo cargo de la pollería que habían abierto sus padres. Apenas lleva dos años y medio al frente de la asociación de detallistas, pero José Carlos Gran y a su equipo se enfrentan al mayor reto de la lonja zaragozana en sus 114 años de historia: una ambiciosa reforma integral.

Después de lustros mareando la perdiz, por fin, la reforma.

Parece que a las distintas corporaciones les daba respeto una obra de tanta envergadura. Para evitar problemas, se decidió esperar al final de las concesiones, que expiraron en 2016. Ahora sabemos que se avecinan unos meses duros, los del traslado, pero tenemos mucha ilusión: el Mercado necesita mejorar las condiciones de limpieza, servicios, climatización...

58 ofertas para 74 puestos se antoja un poco justo...

Nosotros hemos cumplido nuestra palabra. Dijimos que seríamos en torno a los 60 y finalmente somos 58. Entendemos que el Ayuntamiento busca cierta seguridad y no invertir 15 millones si solo hay 20 o 30 interesados. Pero con esta ocupación, el proyecto sale adelante. Ya no lo para nadie. De hecho, ya se está montando el provisional, que cuesta 1,4 millones.

¿Es seguro que en el estreno, allá por la primavera de 2019, no habrá persianas bajadas?

No habrá un solo puesto vacío. Se hará una segunda convocatoria, en la que se rebajarán las exigencias de experiencia y los años de antigüedad. No se tocará el precio, claro, porque eso sería un perjuicio para quienes ya hemos apostado. Tenemos un año de obras para buscar la ocupación total y hacemos un llamamiento a los compañeros de gremios de alimentación para que apuesten por el buque insignia de las lonjas zaragozanas.

Pero hay que desembolsar hasta 70.000 euros de entrada...

Como asociación hemos buscado financiación para todos los compañeros y hemos encontrado buena atención y acogida en Ibercaja. La negociación ha sido positiva y ahora hay que hacer el pago efectivo que requiere la concesión.

¿Qué momentos generan especial incertidumbre?

Trabajar en el mercado provisional, aún siendo bonito y acogedor, planteará algunos problemas de espacio. Es más reducido, pero toda obra requiere un esfuerzo y estando tan cerca veremos cómo se materializa el nuevo mercado.

¿Y si las obras se eternizan?

Tenemos que tener paciencia y confiar en que se cumplirán las de apertura. Estaremos 12 o 14 meses máximo en el provisional.

Se dice como un mantra que el Mercado "mejorará sus servicios pero mantendrá su esencia".

La fórmula funciona. Además, en los últimos años el público ha rejuvenecido gracias a un trabajo de dinamización y publicidad. No hay otro sitio en la ciudad con tanto producto fresco, ni con 16 verdulerías o 14 carnicerías de 5 metros de mostrador.

¿Qué mejoras plantean a futuro?

Hay que modernizar y agilizar los servicios, por ejemplo, con la venta ‘online’ agrupada, esto es, que no compre todo en el mismo puesto pero luego se pueda juntar y enviar a casa. También habrá taquillas refrigeradas para recoger paquetes a cualquier hora del día, un mejor acceso con los ascensores...

Se habló también de incorporar nuevos negocios...

Cualquier actividad que se demande si hay puestos vacíos podrá cubrirse: una floristería, una administración de lotería, un quiosco de revistas...

¿Temen la competencia de las grandes superficies?

Quien quiere apostar por una calidad de alimentación y un control económico acude al mercado tradicional. No te llevas una bandeja de kilo si lo que necesitas son 4 o 5 filetes.Ajustamos la venta a las necesidades del público y cada vez se valora más el producto fresco. El Central es un mercado tradicional que vende más de 500 toneladas a la semana, que da trabajo a 350 familias y que recibe la descarga semanal de 145 tráilers.

¿Qué mercados de otras ciudades tienen como referentes?

Hemos estado en Valencia, Vitoria o Tarragona recabando información de los comerciantes. Nos interesa cómo han sido sus reformas pero también el funcionamiento posterior con la creación de una entidad gestora. Somos los propios comerciantes quienes vamos a gestionar el mercado y es interesante porque hay gente nueva y muchos otros que somos de tercera generación.

Lo prioritario será vender más...

Si hoy despachamos cinco, cuando reabramos no venderemos diez sino quince. Las ventas multiplicarán por el interés de la obra, que es un proyecto de ciudad, por la atención al cliente y porque vamos quienes queremos ir y tenemos muchas ganas de trabajar.

¿Cómo se presenta la venidera campaña de Navidad?

Esperamos que sea buena. El 30% de nuestras ventas anuales las hacemos a partir del puente de la Inmaculada. Este año no se prevén grandes incrementos de precio en el producto fresco por lo que no es necesario hacer acopio previo.

Un cubo de cristal con delicados detalles modernistas
En lo que fue un mercado al aire libre, lugar de autos de fe y de ejecuciones de la justicia en el siglo XV, se levantó hace 114 años el Mercado Central o de Lanuza. Los toldos montados en la calle se transformaron a principios del siglo XX en un manto modernista de dos plantas. Estuvo a punto de ser demolido en 1969 porque la ciudad se desbordaba en barrios y porque se había agotado la concesión de los minoristas. Con la construcción de Mercazaragoza en 1972, los mayoristas abrieron su propio feudo, mientras los bajos del mercado quedaban para las cámaras frigoríficas. Felizmente se salvó de la piqueta y de 1986 data su última remodelación, que con el paso del tiempo se ha descubierto errada, por ejemplo, en los cerramientos. Ahora, "se va a realzar muchísimo la estructura interior de hierro fundido, que es de la época de Eiffel. El mercado será un cubo de cristal, se verá la actividad comercial desde la calle y se eliminarán las zonas sombrías. Además, hay detalle de lujo como los tornillos y las arandelas de la bóveda, que tiene decoración floral y hoy eso apenas se aprecia", cuenta Gran sobre el edificio de Félix Navarro.

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