Despliega el menú
Zaragoza

Urbanismo abre expedientes y sanciona a varios bares del Rollo, que renace y genera molestias a los vecinos

La firma de una declaración responsable permite al gerente de un bar abrir las puertas sin pasar ningún otro trámite.

Panorámica de la calle de Maestro Marquina durante una noche reciente.
Panorámica de la calle de Maestro Marquina durante una noche reciente.

Los vecinos del entorno de la calle Moncasi no están de acuerdo, ni por asomo, con aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. No cabe la nostalgia en sus calles porque no echan de menos las largas noches de fin de semana de hace solo unos lustros, cuando los bares del Rollo vertebraban, mano a mano con los del Casco y la zona de León XIII, la noche zaragozana. Lo de no poder pegar ojo era un asunto zanjado… hasta hace poco.

Durante los últimos dos años, la actividad ha ido regresando de forma paulatina y, con ella, los ruidos, las refriegas y la suciedad. Por eso la asociación vecinal La Huerva, que agrupaba a los residentes del entorno, se ha refundado para batallar legalmente contra los conatos de reavivar la fiesta. Ésta se divide entre las copas baratas que se consumen en la puerta de los locales y que derivan en un gran botellón y los ‘after’ que abren a primerísima hora de la mañana para prolongar la marcha.

Esto ocurre en las noches de los jueves, viernes y sábados. Es conocido el ‘after’ La Clave, sobre el que desde mediados de mayo pesa una clausura de seis meses que concluirá en próximas fechas. La Policía Nacional intervino en distintas ocasiones por peleas en su puerta hasta que el Ayuntamiento lo sancionó con una multa de 10.800 euros y el cierre provisional. Pero la problemática y los incumplimientos de la normativa van más allá de este local. El Ayuntamiento no es ajeno al problema y el área de Urbanismo ha iniciado otros expedientes sancionadores desde verano.

El bar El Tranvía cuenta ya en su haber con tres multas de 600, 900 y 1.200 euros. El servicio ha propuesto también una sanción para La Enagua, alrededor de cuya puerta se organizan los botellones de jueves a domingo, mientras que el Bohemios cuenta con dos expedientes sancionadores abiertos. Hay otros locales pendientes de inspección, ya que éstas se realizan meses después de que se inicie la actividad. Otros inmuebles están en proceso de ponerse en marcha o enseñándose a posibles clientes.

La base del problema radica en los trámites necesarios para subir la persiana de un bar. A día de hoy, basta con cumplimentar en Urbanismo un documento, la declaración responsable, “lo que facilita que los mismos hosteleros a los que se les cierra un bar, puedan abrir otro distinto a escasos metros sin mayor complicación, a veces con una licencia distinta, de menor rango”, lamenta Carlos Monge, presidente de la asociación de vecinos La Huerva.

De hecho, el empresario que gestionaba el clausurado La Clave, que responde a las iniciales J. C., ahora hace lo propio con el bar Bohemios, en la calle Perpetuo Socorro. Para este pub, que el pasado fin de semana estuvo en funcionamiento, únicamente cumplimentó la declaración responsable, suficiente para iniciar la actividad. El servicio de Urbanismo va a notificar la negativa a su apertura, lo mismo que a La Perla negra. Otro bar que tiene solicitada la licencia es el Quilambre, mientras el Atrio está pendiente de la visita del inspector para comprobar que cumple con todos los requisitos.

Suciedad acumulada en la calle una mañana de fin de semana.

El creciente problema en el Rollo se abordó en la última comisión de Urbanismo después de que el portavoz del grupo municipal de Ciudadanos en este área, Alberto Casañal, preguntara sobre este tema al concejal delegado, Pablo Muñoz. Éste explicó que el Consistorio es “consciente de la situación” y que está “vigilante y actuando en consecuencia, especialmente en los bares más problemáticos”, si bien está “teniendo problemas para actuar de un día para otro”.

Propuestas

Los vecinos ven cómo los jóvenes que acuden a la zona no solo consumen en la calle las bebidas de los bares, sino que “también las compran en tiendas y hacen directamente botellón en la vía pública. Esto genera el problema claro de la suciedad al dejar los restos en el suelo miccionar entre los contenedores y también un ruido constante que no se puede controlar como sí ocurre con la música de los locales. También hacen pintadas en las paredes y portales”, indica el portavoz de La Huerva.

Esta asociación ha mantenido reuniones con los distintos grupos municipales para hacerles llegar la problemática, así como una batería de propuestas entre las que destacan la exclusión de la declaración responsable como instrumento de apertura de establecimientos, fomentar la instalación de negocios o espacios profesionales de distinto tipo (el antiguo Desastre es ahora un estudio de pintura), crear un local “satélite de los centros cívicos”, endurecer las sanciones o regenerar las fachadas y patios interiores para dar un aspecto más saludable y acogedor a la zona.

Etiquetas
Comentarios