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La rebelión de Joaquín Dicenta: olvidar su olvido

Una exposición en la Biblioteca de Aragón mostrará hasta final de mes a este revolucionario periodista aragonés.

La fama en vida se hizo olvido tras su muerte. El periodista y escritor aragonés Joaquín Dicenta fue en la España de primeros del siglo XX una figura de inmensa popularidad, pero es hoy un renglón perdido de la historia. Una exposición escucha ahora su último grito de rebeldía: sacarle de la desmemoria.

'Dicenta, el corazón rebelde' es el título de la muestra que acoge desde el día 9 la Sala de Exposiciones de la Biblioteca de Aragón, en Zaragoza. La ha organizado la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno autonómico y el escritor Javier Barreiro es su comisario.

Se trata de un compendio de imágenes, caricaturas, fotografías (algunas personales de Dicenta) y textos que ilustran la vida convulsa y la vasta obra de un periodista, dramaturgo y novelista que no fue un cualquiera en la arcaica España que se asomó al siglo XX conmocionada por el desastre de 1898.

Porque Dicenta, nacido en Calatayud en 1862 y fallecido en Alicante en 1917, fue el padre del teatro obrero y el pionero del "nuevo periodismo" sesenta años antes de que naciera el "nuevo periodismo".

Porque un aragonés de Calatayud revolucionó el arte de la crónica antes que Gaziel o que Chaves Nogales y mucho antes que Truman Capote, Tom Wolfe o Hunter S. Thompson. Pero pocos lo saben.

La exposición sobre Dicenta pretende reivindicar esa influencia, y lo intentará no solo con su repertorio de imágenes e ilustraciones, sino también con la próxima publicación de la antología 'Espumas y plomo', de la recopilación 'Crónicas de viaje' y de sus 'Obras autobiográficas'. En esas páginas estarán la modernidad del periodista bilbilitano, su revolución y su rebeldía, y una vida ebria de alcohol y de amantes.

Javier Barreiro, profundo conocedor de la figura y bibliografía de Dicenta, explica que la sombra del aragonés, tras su muerte, "hace una larga travesía por el desierto" debido en gran medida a 40 años de franquismo. "Y cuando acaba la dictadura, ya está instalado en la desmemoria", argumenta.

Trabajar sobre el material del periodista de Calatayud no es sencillo, apunta, pues su legado está disperso, pero ello no ha impedido retratar al niño desdichado, al hombre tormentoso y atormentado, al escritor comprometido y al político republicano.

Su padre, militar, murió pronto; su madre tuvo que dedicarse a la costura para sacar a los hijos adelante; se enamoró de una cigarrera que se mató porque creyó que él dejó de quererla; se casó una vez, pero tuvo amantes por doquier; y convivió con el lumpen y la marginalidad.

Barreiro conoce bien este lado amargo de Dicenta, el de su vida y el de sus amores, aunque también el más luminoso, el que le granjeó fama total en Aragón y en toda España: el de su obra y el de su compromiso social y político.

Republicano y laico, pero no antimonárquico ni anticlerical; "prototipo de socialista"; amigo íntimo de Pablo Iglesias, aunque nunca militó en el PSOE; defensor de los derechos de la mujer, concejal de Madrid; muñidor de la educación popular... Dicenta fue todo esto.

Y fue autor de 'Juan José', la obra madre del teatro obrero (escribió un sinfín más), y un cronista excepcional que contaba lo que vivía, literalmente: si describió la situación de la minería de la época es porque "se metió en la mina", recuerda Barreiro. Es decir, el "nuevo periodismo".

Dicenta, por si fuera poco, dirigió una de las publicaciones más rutilantes de la historia española, 'Germinal', la revista que juntó a la llamada 'Gente nueva', a un grupo de escritores independientes y dolidos con la España de la época, la cuna de la 'Regeneración'. Entre sus firmas, Ramiro de Maeztu o Nicolás Salmerón.

Este bagaje es el que impregna la exposición, abierta hasta el 31 de este mes. Y el que reclama "rescatar del olvido" a Dicenta, sostiene Barreiro.

Coincide en el objetivo el director de Cultura del Gobierno de Aragón, Nacho Escuín. "La posmodernidad no inventa nada, pero sí recupera hitos. Dicenta es uno de ellos", afirma. A su juicio, el calado de este "adelantado a su tiempo", de un ejemplo de "incomodidad" ante la realidad, debería figurar en las facultades de periodismo. Si eso ocurre, el último grito de rebeldía de Dicenta por fin será escuchado.

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