Zaragoza

'Lost person in Zaragoza', el americano que buscaba a la mujer que le enamoró en la Scratch

Un exmilitar estadounidense de la base americana ha logrado contactar a través de HERALDO con la mujer de la que se enamoró hace 34 años.

'Lost person in Zaragoza', el americano que buscaba a la mujer que le enamoró en la Scratch

Un día como hoy, hace 25 años, la base americana de Zaragoza cerraba sus puertas tras cuatro décadas influyendo en la vida y las gentes de la capital aragonesa. Su cierre dejó muchas anécdotas grabadas en la memoria de la ciudad, tal y como relataron Pedro Zapater e Ignacio Muñoz en el especial ‘La Zaragoza americana’. La casualidad ha querido que, justo cuando apenas quedaban unos días para este aniversario, llegase a nuestra redacción el cabo de un hilo del que tirar para reconstruir y retomar una de aquellas historias que surgieron entorno a la base. Una que se gestó en la Zaragoza de mediados de los 80 y que, pese a haber emitido hasta los créditos finales, nunca concluyó del todo para sus protagonistas. Hasta hoy.

Todo comenzó hace apenas quince días. Entre los cientos de mails que recibe a diario esta redacción, se coló una breve nota en inglés que a punto estuvo de pasar inadvertida entre tanto spam. Por fortuna, su autor tuvo la lucidez de titularla 'Lost person in Zaragoza' y supo captar nuestra atención.

Peter

Firmaba la carta un tal Peter Szyjka, un hombre que se nos presentó como un antiguo oficial del Ejército del Aire estadounidense y que pedía nuestra ayuda para localizar a una zaragozana que le robó el corazón hace ya 34 años. Se lo robó y por lo visto nunca se lo devolvió. O al menos eso transmite en la veintena de emails que intercambiamos desde entonces. Aquella mujer llegó a ser su esposa y, tras casi treinta años sin saber nada de ella, nos decía que la echaba de menos, que era la persona “más fuerte y decidida” que había conocido en su vida, que necesitaba saber si estaba “viva y bien” y que ahora que la edad le había hecho “más sabio”, quería enmendar algunos errores.

Peter quería que le ayudásemos a localizar a aquella chica "tan decidida, agresiva y mona" que le abordó una noche en la discoteca Scratch y le exhortó a moverse para sentarse junto a él. Era el año 1983 y Peter tenía 32 años. Ahora tiene 65 y es profesor de Matemáticas en la universidad de Cincinnati. Por aquel entonces, él era piloto de un avión dedicado al reabastecimiento en vuelo de otros aparatos de la fuerza aérea estadounidense. En una de sus primeras noches en Zaragoza, terminó en aquella discoteca junto a un compañero que, según cuenta Peter, atraía todas las miradas porque llevaba un sombrero de cowboy.

Peter y Sara

En esa discoteca, Peter conoció “a una de las mujeres más bellas” que ha visto jamás. “Tenía cierto aire a Rossy de Palma” y la “típica nariz española”, comenta el americano en otra de sus cartas.  Aquella noche, él y esta chica de 21 años -que a estas alturas ya se había presentado como Sagrario- hablaron, bailaron y bebieron. Él se regocija en los detalles y recuerda que ella solo tomaba una bebida que venía en una "característica botella plateada". Cree que se llamaba 'Ponce'. Intuimos que se refiere al Ponche Caballero.

Aquello fue el comienzo de una relación mixta similar a tantas otras de las que surgieron durante la presencia de las tropas americanas en Zaragoza. Durante las siguientes dos semanas se vieron tres o cuatro vez más. Después, él tuvo que volver a EE. UU. y no les quedó más remedio que consolidar aquel primer flechazo a base de cartas y alguna que otra visita por parte del americano. Conseguir el visado para ella no fue nada fácil pero al final Sara -como prefiere que la llamen- consiguió viajar e instalarse con Peter en California.

A partir de este punto, el expiloto modifica el tono de su relato. Recordar los episodios del trocito de vida que compartieron le provoca una mezcla de añoranza, diversión, lágrimas y reproches hacia sí mismo que no trata de ocultar ni maquillar. Cuenta divertido aquella vez en la que Sara destrozó su Chevrolet El Camino al intentar encenderse un cigarrillo mientras conducía. Ella salió ilesa pero él se llevo un susto tremendo. Acto seguido se reprocha no haber sabido ver a tiempo que Sara no era feliz y dice llorar cuando nos cuenta cómo se sintió aquel día de 1986, cuando Sara debía aparecer en el aeropuerto de San Francisco tras pasar unos días España pero nunca lo hizo.

"Estoy seguro de que el choque cultural solo fue un motivo más entre todas las razones por las que se volvió a Zaragoza", reconoce Peter en otro de los correos que nos envió mientras nosotros, que ya habíamos localizado a Sara, tratábamos de averiguar si ella querría volver a entrar en contacto con el hombre con el que llegó a casarse en la corte local de Michigan en abril de 1985.

Con el paso de los años, él cree haberse dado cuenta de que ella necesitaba más vida social y echaba de menos a su familia y amigos. "Pero era muy estoica y si alguna vez vertió alguna lágrima, nunca lo vi. No me daba cuenta de esas cosas. Era demasiado inmaduro y estaba demasiado centrado en mí mismo. Con el paso del tiempo he llegado a lamentar muchísimo mi actitud", reconoce ahora el profesor.

Sara

Aquella primera vez, Sara terminó volviendo a su lado y juntos se mudaron a otra base militar en Inglaterra. Él pensó que al estar cerca de Londres, ella tendría más oportunidades de salir, disfrutar y conocer gente. “A ella le gustaba el rock and roll y a mí no. Le gustaba Tina Turner y a mí no. Ella era muy sociable y yo muy introvertido. A veces me preguntaba cómo podíamos ser siquiera compatibles, pero me juré que haría que nuestro matrimonio funcionase”. Esta vez tampoco resultó: “Sin darme cuenta, acabé asumiendo todavía más responsabilidad en el trabajo y dejé de lado lo más importante”.

Aproximadamente un año después, Sara se fue a Zaragoza para no volver nunca más. Él se recuerda reservando un avión de British Airways a Madrid y un tren hasta Zaragoza para tratar de recuperarla a la desesperada pero ni siquiera pudo hablar con ella: “Me fui unos días después. Hubo muchas lágrimas”, cuenta.

Se divorciaron y desde entonces solo se han visto una vez más. Peter siguió visitando España porque se había enamorado, según dice, “de su gente, su cultura y su historia”. En uno de sus viajes, en 1988, pasó por Zaragoza y se vio con Sara en un encuentro que duró no más de 20 minutos. “Aquella noche lloré más de lo que he llorado en toda mi vida”, recuerda Peter.

No volvieron a saber nada el uno del otro. Hasta hace unos días. Cuando este periódico consiguió localizar a Sara, que ahora tiene 54 años. Tras exponerle las intenciones de Peter, ella accedió a retomar el contacto con él y a que contásemos su historia. El expiloto no puede estar más agradecido: “Creo que la vida me ha dado otra oportunidad y voy a aprovecharla. Sara está soltera, tiene un hijo adolescente de otro matrimonio pero puede estar segura de que nunca le va a faltar de nada de ahora en adelante. Ella hizo que mi vida fuese mejor y yo voy a hacer lo mismo por ella”, asegura convencido.

Esta semana Peter nos ha vuelto a escribir: han quedado en hablar todos los viernes y en que él vendrá a Zaragoza por Navidad. Juntos planean venir a la redacción de HERALDO y visitar lo que queda de la antigua base americana.

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