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Javier Martínez: “Los molinos han marcado un antes y un después en Grisel”

Alcalde por el PP de este pueblo de 78 vecinos, cree que la reciente mejora de la carretera  multiplica las opciones del municipio, situado a cinco kilómetros de Tarazona.

El alcalde de Grisel, Javier Martínez Durán, junto a una casilla de pico típica del pueblo.
El alcalde de Grisel, Javier Martínez Durán, junto a una casilla de pico típica del pueblo.
N. Bermejo

¿La instalación del parque eólico en el monte de la Diezma supuso un antes y un después?

Evidentemente, porque contamos con una serie de ingresos que nos permiten cometer cierto tipo de actuaciones, que sin ese dinero no podríamos hacer.

¿Qué mejoras se han acometido gracias a los molinos?

La piscina cubierta, el pabellón polideportivo, el cubrimiento de los depósitos de agua, la rehabilitación de las casillas de pico y del Pozo de las Aines, un aparcamiento, una nave municipal de almacén, barbacoas con merendero…

Desde hace dos temporadas, la piscina cubierta se cierra en invierno, aunque es la única de estas características de la comarca después de la de Tarazona. ¿Cuál es el problema?

La institución comarcal no nos ofrece ningún tipo de ayuda para poder prestar un servicio al resto de municipios, y no había suficiente demanda de usuarios, por lo que no podemos afrontar los gastos de gasoil, y el contrato de dos personas. El recinto polideportivo y el bar abren todo el año.

En los últimos años se ha disparado la natalidad en el pueblo, ¿la despoblación ya no es un problema en Grisel?

No diría tanto. Vamos haciendo inversiones relacionadas con los niños que son los que nos garantizan el futuro, arreglando por ejemplo el parque infantil. Queremos revertir el dinero que nos entra, ofreciendo a la población servicios gratuitos. Tenemos madrugadores, parada de autobús escolar, actividades extraescolares, deportivas, ludoteca en agosto… todo gratis para los vecinos.

La reciente obra para adecuar la carretera del pueblo mejora el acceso. ¿Cree que será un factor determinante para su futuro?

Nuestro objetivo era dinamizar el pueblo y mantenerlo vivo y para ello era fundamental tener la carretera, necesitábamos una vía digna y sin peligro. Era una necesidad porque teníamos tramos con menos de cuatro metros en los que no se podían cruzar el autobús de los niños y el camión de la basura.

La rehabilitación del castillo y su apertura como establecimiento hotelero también ponen su granito de arena en la dinamización del pueblo.

Está funcionando muy bien y tenemos una gran sintonía con el castillo, organizando cosas de manera conjunta. Cuanta más gente venga al castillo, más gente conoce Grisel y nos ubican. Queremos que se vayan satisfechos, ya que culturalmente tenemos atractivos para pasar una jornada visitando el entorno.

El pueblo cuenta con una asociación cultural potente, La Diezma, que este año celebra su 25 aniversario. ¿Qué papel juega en la vida de la localidad?

Tiene un papel muy destacado porque todas las actividades culturales de Grisel giran en torno a La Diezma y el Ayuntamiento siempre está detrás, así que al final es como si fuésemos uno. Han recuperado el paloteado, que ha sido un esfuerzo brutal, y están repoblando el monte con el Día del Árbol, entre otras muchas cosas.

¿Cómo se presentan las fiestas de agosto en honor de la Virgen?

Gran parte están dedicadas especialmente a los niños, porque esos días habrá una treintena de pequeños y es un público que arrastra a los padres. Es fundamental que un niño se acuerde y le diga a su familia que quiere venir a Grisel. Así que tenemos que hacer cosas para que a los niños les guste estar en Grisel. También tendremos la comida gratuita con orquesta y la trashumancia de ganado, que es una de las novedades de este año, aunque habrá alguna más…

¿Qué pasó con la Feria Morisca que se hacía en el pueblo?

Pensábamos que las ferias se iban a apoyar desde la comarca, pero al final las organiza cada pueblo. Había que ponerse de acuerdo con los otros municipios para no ser coincidente ni en fecha ni en actividad. Hacer una feria de temática similar a otras era un poco repetitivo, y hacer lo mismo no tenía ningún sentido. Un año hicimos una feria de recuperación del dance y de Cipotegatos, pero es algo más sectario y no tiene tanto tirón. Por eso abandonamos el tema de las ferias.

Hace seis años que fue elegido alcalde, ¿por qué decidió presentarse?

Fue algo inesperado, porque las cosas vinieron así. Si no fuera porque la gente te apoya, no sigues aquí.

¿De qué logro se siente más orgulloso?

De la carretera. Para mí ha supuesto todo y tengo que agradecer la implicación de la Diputación Provincial de Zaragoza a través de Luis María Beamonte. También me gusta notar el apoyo de la gente y cómo echa una mano en todo lo que puede.

¿Cuál es el próximo proyecto importante para Grisel?

El Ayuntamiento va a construir cinco casas unifamiliares de una planta, de 90 metros cuadrados, con jardín de 40 o 50 metros cuadrados, por menos de 100.000 euros para los que se empadronen en el pueblo. La idea es que sean utilizadas como primera vivienda. El Ayuntamiento es el propietario del terreno y ya hay personas interesadas en tres de ellas. Con la carretera tenemos una situación privilegiada y la tenemos que aprovechar con estas casas. Es el proyecto que me queda pendiente, además de derribar inmuebles viejos para ofrecer una imagen renovada e intentar reubicar mejor a los propietarios y hacer una reconcentración en el monte.

¿Cómo se imagina el futuro del pueblo?

Si se cumplen los planes y de aquí a diez años tenemos diez o quince familias más, sería importante, porque nos garantiza el cambio generacional. Soy muy optimista.

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