Zaragoza
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Un oasis tranquilo y familiar

Situado entre Las Delicias y La Romareda, La Bozada es un barrio con “todos los servicios necesarios”.

Este barrio se puede considerar un pequeño núcleo que parece ser un paraíso entre las reivindicaciones de las asociaciones vecinales de otras zonas. “Aquí se vive muy bien y tenemos de todo, ¿qué más podemos pedir?”, coinciden varios residentes de La Bozada mientras toman la fresca en uno de sus parques.

Una problemática que acusan sus vecinos es el estado de algunos pavimentos, perjudicados por las raíces de los árboles. “Hace unos años marcábamos las baldosas rotas y las cambiaban en poco tiempo”, explica Manuel Marteles, miembro de la Asociación de Vecinos de La Bozada.

“Es una gozada los árboles que tenemos. De hecho la frondosidad de sus copas a veces hace sombra a las farolas”, apunta Marteles, de 85 años, que conoce el barrio desde que era pequeño. Unos árboles que se reparten entre sus tres zonas verdes, no más de 30 calles y un patinódromo. “La pista de patinaje fue una de las reivindicaciones que teníamos porque era un solar y querían construir”, aclara el miembro de la asociación de vecinos.

Un barrio familiar de origen rural

“Aquí nos conocemos todos” es el comentario unánime de los paseantes de las calles de Fernando Díaz de Mendoza o de María Guerrero. “No hay muchos pisos en venta porque es un barrio muy goloso. Pero si hay alguno, pronto quitan el cartel del anuncio”, confiesa Marteles. “Aunque no es lo normal, porque las casas suelen pasar de padres a hijos. Cosas de tradición”, añade este vecino.

Las viviendas más bajas, de cuatro o cinco plantas, tienen unos 30 años y se combinan con edificios más altos y nuevos. Esta configuración tiene que ver con el origen del barrio. “Era una zona rural, que estaba en Zaragoza, pero alejado”, indican desde la asociación vecinal. “Nos vamos a Zaragoza’ decían mis padres”, recuerda Marteles.

“Cuando vine no había nada. Lloraba porque para comprar tenía que irme hasta las Delicias”, cuenta con nostalgia Mari Carmen, una vecina que reside en la calle de Castilla desde hace 32 años.

Este barrio de parcelas se ha convertido en un “tranquilo” núcleo, con comercios y “todos los servicios necesarios”, tal y como dicen sus vecinos, además de bien comunicado, con 5 líneas de autobús.

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