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Zaragoza
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Juzgan a dos expertas en hurtar joyas a ancianos haciéndose pasar por asistentes sociales

La fiscal solicita penas de entre dos y tres años de prisión por dos sustracciones cometidas hace un año en Zaragoza.

Petruta G. y Larisa Denisa T. fueron juzgadas este viernes como presuntas autoras de dos delitos de hurto cometidos en 2016 en dos domicilios de la capital aragonesa. En ambos casos las víctimas fueron personas mayores, con achaques de salud y mermas físicas y psíquicas producto de la edad. Esto no fue casualidad, puesto que es justo este tipo de víctimas las que eligen las acusadas para robarles, según explicaron claramente en el juicio tanto los agentes que las detuvieron como la fiscal.

Los funcionarios forman parte del Grupo de Hurtos de la Policía Nacional de Zaragoza y conocen de sobra a las dos mujeres por otras operaciones por delitos similares. "Ellas también nos conocen a nosotras y fue precisamente al vernos cuando se metieron en otro portal", declaró una de las agentes que las arrestaron. Junto a Petruta G. y Larisa Denisa T. debería haber sido juzgada Marusa M., pero está declarada en rebeldía y buscada por otros hurtos y es más que probable que haya vuelto a Rumanía, su país de origen.

Los hechos se produjeron el 16 de mayo del año pasado. Los agentes estaban haciendo seguimiento a las sospechosas porque pensaban que estaban intentando cometer un robo. Sobre las 15.00 vieron salir de un portal de la calle López Abadía, en el barrio de las Tenerías, a las tres mujeres.

Al detectar la presencia policial, se separaron. Petruta G. y Larisa T. se dirigieron juntas y a buen paso hacia la cercana calle de Jerónimo Vicens, donde se introdujeron en otro portal. Los policías fueron tras ellas y las interceptaron en la planta más alta de la casa. En esos momentos, Petruta G. estaba manipulando un macetero en el que, al ser revisado, los agentes encontraron ocultas un montón de joyas. También hallaron otras alhajas en la repisa de una ventana de la escalera.

Las acusadas negaron el miércoles tener nada que ver ni con los hurtos ni con las joyas. La explicación que dieron para justificar su presencia en la zona fue que estaban buscando pisos de alquiler.

Sin embargo, cuando los policías fueron al edificio de la calle de López Abadía para hablar con los vecinos y averiguar si habían cometido algún hurto, descubrieron que a un matrimonio le habían sustraído todas las joyas y todavía no se había enterado.

Con dificultades para explicar lo ocurrido por su edad y su memoria, el marido contó que una joven llamó a su puerta y dijo que era del Ayuntamiento. "Como mi mujer estaba enferma y hacía unos días que habíamos pedido ayuda municipal, me ilusioné y todo. Dije, por lo menos nos van a decir algo", explicó al juez. Añadió que la llevó a la habitación donde estaba su esposa y que unos "segundos después" alguien la llamó por el móvil y dijo que tenía que irse. "Luego ya vinieron ustedes –en referencia a los policías que estaban en la sala del juicio– y me preguntaron si había estado allí una mujer". Al entrar al dormitorio, descubrieron que estaba todo revuelto y faltaban las joyas que, instantes después, había recuperado la policía en el macetero de la casa de Jerónimo Vicens.

La abogada de las acusadas, Olga Oseira, pidió su absolución alegando que solo tenían indicios contra ellas pero no pruebas.

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