Zaragoza

Farmacias detenidas en el tiempo

El hospital de Nuestra Señora de Gracia alberga dos boticas del siglo XIX: la del centro hospitalario y la antigua farmacia Ríos.

Entrar por sus puertas es volver al pasado. La farmacia del Hospital Nuestra Señora de Gracia huele a madera de roble y pino, en sus estanterías rebosan, alineados, cientos de botes antiguos con toda clase de remedios, y sobre unas grandes mesas descansan, como si no hubiese pasado el tiempo, instrumental propio ya de un museo.

“Conservamos algunos medicamentos de 1905, las primeras sulfamidas, los primeros tratamientos para la sífilis...la mayor parte de ellos han sido la base de la terapéutica que usamos en la actualidad”, explica Ignacio Andrés, jefe del Servicio de Farmacia de este hospital.

“Dentro de los botes todavía quedan principios activos o plantas que se usaban para la realización del los medicamentos a finales del siglo XIX, con ellos se preparaban píldoras, soluciones o supositorios”, informa  Andrés.

Esta botica se instaló en su actual ubicación al mismo tiempo que el hospital, tras su destrucción en los Sitios de Zaragoza. En 1881, la Diputación de Zaragoza la reestructuró y desde entonces mantiene el mismo aspecto. En la actualidad acoge todavía el trabajo diario de preparación de los medicamentos de uso hospitalario.

“Sin embargo, los años pesan y se generan algunos problemas que dificultan la actividad diaria. Por ese motivo, tendría que ser trasladada a otro espacio y dejar esta, la antigua, para el disfrute de todos los aragoneses convertida en un museo de la Farmacia”, expone Andrés.

Junto a ella, se encuentra otra botica de la misma época: la antigua farmacia Ríos, una de las más importantes de la ciudad a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Era propiedad de los hermanos Ríos y en su origen estaba ubicada en la plaza de España, donde permaneció hasta 1985. En 1990 la familia la cedió a la Diputación de Zaragoza.

De las fórmulas magistrales a la industria farmacéutica

El trabajo en las farmacias cambió por la industrialización. “Antes, el boticario preparaba los medicamentos, pero a finales del siglo XIX es la industria la que toma el relevo”, relata Andrés. “A partir de entonces los medicamentos son más específicos y con mayor calidad que la que se podían preparan como fórmulas magistrales”, continúa el jefe del servicio.

A partir del siglo XX se impone este nuevo modelo. “Con las necesidades que tienen actualmente los medicamentos, los ensayos clínicos, la eficacia, la seguridad...la única que puede prepararlos es la industria farmacéutica. A pesar de ello, el farmacéutico sigue preparando algunas fórmulas como por ejemplo metadona líquida, pomadas o la dosificación de algunos medicamentos, sobre todo pediátricos y neonatales en los que hay que preparar dosis más pequeñas que la industria no hace”, concluye Andrés.

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