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Zaragoza

Recuerdos de seminaristas 'rebotados' de Tarazona

La Asociación de Antiguos Alumnos del seminario tiene una intensa actividad.

Al entrar en Tarazona desde Zaragoza sorprende un gigantesco edificio de ladrillo con fachada resaltada por dos altivas torres. Albergó el antiguo Seminario convertido posteriormente, cuando las vocaciones comenzaban a escasear, en colegio de Segunda Enseñanza. Desde 1982, en ese edificio tiene también su sede oficial la Asociación de Antiguos Alumnos de la otrora institución eclesiástica de formación sacerdotal. Jaime Lapeña, de Tarazona, portavoz de la junta directiva, explica que sus fines asociación son "vincular a los exalumnos para reavivar una antigua amistad de niñez, adolescencia o juventud, fomentando la formación humana y espiritual y prestando ayuda personal, familiar y profesional a sus miembros mediante el fomento de la solidaridad". La asociación desarrolla numerosas actividades, "charlas, conferencias de carácter profesional, artístico, religioso, humanístico y educativo", dice. Publican además una revista bianual y boletines, en los que los miembros comparten recuerdo con humor. También organizan jornadas de convivencia y excursiones por Aragón.

Alberto Navarro, de Moros, presidente hasta el pasado verano, precisa que, a pesar de firmar los estatutos fundacionales cuatro exalumnos, consideran al cirujano zaragozano Luis Antonio López Molina como su fundador y animador. Su ‘alma mater’ (sic). Los afiliados, todos jubilados, eran muchachos en la segunda mitad del siglo XX. Se habían hecho seminaristas y colegiales, siguiendo una vocación que los convertiría en sacerdotes tras los estudios eclesiásticos.

Entonces a los exseminaristas les llamaban ‘rebotados’ por abandonar el seminario antes de ordenarse, por falta de vocación, rebelándose contra proyectos esencialmente maternos ("la madre del cura era una autoridad en la parroquia además de asegurarse la jubilación en su papel de ‘perpetua’ como llaman los italianos a la casera") o porque "se les cruzaba una moza vistosa, cuyas faldas les atraían más que la sotana". Contaban con la ventaja de tener unos estudios equivalentes al bachillerato que les abrían el horizonte. Raros eran los que volvían al pueblo y al campo. El jesuita Clemente Espinosa, padre espiritual del seminario, les recriminaba abiertamente el "ser fugitivos de la azada y de haber cambiado el fajín de la sotana por el ronzal de los mulos". Efectivamente, mejorados en su formación intelectual y personal, buscaron hueco y lo hallaron en la enseñanza, la banca (gracias a la Academia Izquierdo de Calatayud), la medicina, el servicio público, la política regional o el Ejército.

RECUERDOS

Tienen en la memoria y en el corazón a sus rectores, profesores, prefectos y pasantes. Los rememoran cariñosamente con nombres y apellidos agradeciendo cómo formaron su intelecto y personalidad, aunque también hay quien se subleva contra los métodos pedagógicos padecidos. Había sacerdotes/profesores, licenciados en universidades pontificias; otros eran autodidactas. ¿Qué muchacho de esos tiempo aprendía francés en los institutos o latín y griego, además de matemática y otras asignaturas científicas, con el afán que lo hacían los seminaristas menores? Y en su fase de Filosofía pasaban tres años entre la lógica, la teodicea y la metafísica. Pocos permanecían hasta Teología pues antes habían decidido ya "colgar los hábitos".

Narciso Pérez, de Torrellas, socio ‘senior’, indica que se podrían escribir varios tomos con los chascarrillos, bromas y anécdotas bufas escenificadas en su juventud. Bastaría con que aportaran solo una cada uno de ellos. Así, el día del asesinato de J. F. Kennedy un filósofo "izó en la ventana dos calcetines negros cogidos por pinzas al palo de una escoba en señal de duelo por el magnicidio". Otro recuerda al profesor de Sagrada Escritura explicando en clase la circuncisión valiéndose de un plátano y un cuchillo. Había un espabilado que encargaba a los visitantes comprar arenques ‘saladas’ y las vendía a los compañeros para acompañar el chusco de la frugal merienda, incluso comercializando aparte la cabeza del pescado cobrándolo extra. Porque sus comidas eran repetitivas. Un menú de tres platos: siempre sopa y legumbres a la comida; sopa y patatas con pimentón a la cena (preparada con los restos del pan que se dejaban). El tercer plato eran huevos, sardinas o pescado. Excepcionalmente una chuleta magra de carne de oveja. Al desayuno proveían los católicos norteamericanos de Cáritas con donaciones de leche en polvo, queso y mantequilla. Recuerdan cómo a un compañero en el refectorio, imitando con el hueso de la chuleta a un trompetista, el padre prefecto le preguntó qué hacía y su respuesta fue: "Estoy tocando la trompeta del juicio final para ver si la carne se junta con el hueso"...

DEPORTISTAS

Practicaban todo tipo de juegos y competiciones deportivas con el instituto de Formación Profesional turiasonense, única escuela de nivel formativo similar. Los campos de deporte eran amplios, pero mal acondicionados: piso de tierra y gravilla. Nada de césped. No sorprende pues que el portero titular del equipo, Antonio Jerez, de Paracuellos, de tanto tirarse al suelo para las paradas tuviese que operarse posteriormente de las dos caderas. Fútbol, baloncesto, balonmano y rugby eran los más solicitados.

Sólo disfrutaban de las vacaciones estivales para pasarlas en familia ya que ni en Navidad ni en Semana Santa dejaban el seminario. La gente de Tarazona estaba acostumbrada a verlos con sus sotanas, fajines rojos y esclavinas bajando por la calle de San Antón para realzar las solemnidades religiosas de la catedral, acompañando al coro y al sochantre, un beneficiado de potente voz al que llamaban el ‘Cuco’. Alfonso Colás, de Monterde, excorredor de seguros y aspirante hoy al diaconado permanente dentro de la primera promoción que será ordenada en la archidiócesis de Zaragoza, apostilla que "corrían tiempos muy diferentes a los actuales. Tarazona contaba con más de 200 seminaristas. El rector o el obispo podían seleccionar según sus criterios. Hoy día la diócesis tiene seis seminaristas y todos de países hispanoamericanos".

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