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Una máquina de escribir, retales de tela y un poema a la carta en minutos

Con el lema 'A este poema le falta la palabra que te sobra', la poeta turolense Bea Royuela participa en mercadillos y festivales locales donde intercambia sus versos personalizados por la voluntad de la gente.

Bea Royuela con su máquina de escribir.
Bea Royuela con su máquina de escribir.
Julio Marín

“Todos los libros de mi casa se han derretido / El suelo se ha llenado de letras a montones / ¿Será que me quieren dar una lección? / Que debo olvidarme de las historias pasadas / y mirar al futuro en blanco sin miedo / ¿Será que debo…escribir?”. Sugiriéndole la palabra "letras", Bea Royuela ha escrito los anteriores versos en unos minutos. No es algo nuevo para ella, pues lo hace con todo tipo de palabras que se le "pierden" a las personas, que usan constantemente o que apenas pronuncian, que odian o que son sus favoritas.


Cuando los curiosos se quedan observando su colorido puesto en el que dispone su mesa y su silla plegables, su máquina de escribir y unos cuantos “cachivaches”, esta joven turolense titulada en Filología Hispánica les invita sin pensárselo dos veces a participar de su actividad: “Dime una palabra que te hago un poema”, les sorprende. Y así, imprimiendo tinta sobre pequeños retales de tela, construye poemas a la carta y personalizados con rapidez. “Busco el tema, empiezo a escribir y voy sumando palabras hasta redondear al final. No suelo pensar el poema entero al principio ni discurrirlo concienzudamente, sino que me dejo llevar”, reconoce.


Lleva haciéndolo desde diciembre de 2015. “Seguía a los chicos del movimiento madrileño ‘Momento verso’, que salen a la calle con su máquina de escribir y el lema ‘Tú me das el tema, yo escribo el poema’”, relata Royuela, quien en el verano de ese mismo año encontró por casualidad en su casa familiar en Orrios una máquina portátil, muy manejable y en perfecto estado que le hizo decidirse. “Era tan brillante y tan naranja que se me iluminó todo”, recuerda. La puso a punto, comenzó así a hacer pruebas y contactó con los hermanos de Madrid: “Me encantaba su idea y quería hacer algo parecido en Zaragoza. A ellos les pareció genial”, cuenta esta poeta, que empezó a escribir con 15 años.


Bea Royuela escribe poemas a la carta en trozos de tela.


Máquina de escribir en la 'Quema de Artistas' en Valderrobres. DAVID RUEDA


Tras participar en varias jornadas culturales junto a diferentes artistas, buscó nuevas alternativas y lugares para trabajar. El mercadillo ‘La Placica Vintage’ de Las Armas es uno de los espacios de la capital aragonesa a los que viaja regularmente con su antigua maleta de cuero en mano y cargada de toda su infraestructura, en la que no faltan los retales cuadrados de tela sobre los que escribe. También ha llevado su máquina al festival ‘Quema de artistas’, en Valderrobres y Beceite, y ha llegado a experimentar sobre otros soportes como filtros de café.


En todos esos puntos, el objetivo de esta creadora turolense es el mismo: “Sacar la creatividad a la calle, hacer arte fuera de casa y en el momento”, ya que “estamos muy acostumbrados a que los poetas muestren el resultado de algo que llevan mucho tiempo elaborando, mientras que el proceso de escribir el poema y hacerlo real no se ve”, explica Beatriz, que defiende la ubicuidad de la poesía y la posibilidad de que cualquier persona pueda experimentar con ella.


‘El Cronopio de Royuela’, además del nombre de su proyecto, es también el título de su primer libro autoeditado, que recoge algunos de sus versos más destacados y que reflejan su estilo de escritura. El juego de palabras entre la obra de Cortázar, ‘Rayuela’, y su apellido no es casual: “Me encanta Julio Cortázar y es mi principal inspiración para crear y hacer cosas raras y diferentes”, reconoce.

El amor, tema por excelencia

El humor, la picardía, los finales que sorprenden o los temas sociales son algunos de los ingredientes de la poesía que practica Beatriz Royuela en su particular puesto ambulante. “A la gente no le gusta lo excesivamente complejo, sino lo sencillo, lo romántico y a veces cursi”, explica.


El amor es el tema más tratado por excelencia y entre las palabras más repetidas por quienes se acercan a su máquina de escribir están, además de ese ‘amor’, ‘infancia’, ‘alegría’ y ‘tristeza’. Aunque también hay muchos que se inclinan por términos originales y curiosos como ‘serendipia’ o ‘mamihlapinatapai’. “En una ocasión, una chica me dijo la palabra ‘pepinillos’ y tuve que escribir una poesía con ella”, recuerda entre risas la joven escritora turolense, pues “cualquier cosa puede convertirse en un poema”.


De momento, su actividad es concebida como una afición, un 'hobby' en el que intercambia versos por la voluntad de forma puntual. Royuela tiene claro que es muy complicado dedicarse profesionalmente a este arte: “El poeta y el artista siguen estando muy poco valorados”, opina. Si bien, “el público se sorprende y queda satisfecho cuando lee el poema en el que ellos han puesto la semilla y han visto cómo crece”.


Tras su capacidad de improvisación, junto a la pasión por la escritura y la literatura que demuestra, existe trabajo y aprendizaje. “Me ha ayudado mucho la formación de la mano del poeta Daniel Rabanaque, con el que descubrí que se trata de jugar con las palabras, de hacer malabares con ellas y utilizar el ingenio”, agrega. Y aunque el estado de ánimo influye en su veloz desempeño, lo que más inspira a Beatriz es la palabra que la persona dice y el cómo la pronuncia.


Familias, niños, jóvenes y extranjeros son quienes más se acercan a ‘El Cronopio de Royuela’ cuando sale a la calle. Para este nuevo año, la joven no se cierra puertas y ya piensa en llevar su máquina y sus retales a otros puntos de la ciudad.

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