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Condenados a multas y penas de cárcel los jóvenes que hirieron a 5 policías en el cotillón de Utebo

El altercado se produjo la Nochevieja de 2015 después de que un vigilante les reprochara que fumaran en el recinto. Los agentes sufrieron puñetazos y patadas en los genitales.

La resaca del cotillón de Nochevieja de 2015 le ha durado bastante más de lo previsto a siete jóvenes vecinos de Utebo, a los que el Juzgado de lo Penal número 2 de Zaragoza acaba de condenar a multas y penas de prisión por el grave altercado que montaron aquel día el pabellón de fiestas. Como refleja la sentencia, a este grupo de amigos no les sentó nada bien que un vigilante de seguridad les recordara que estaba prohibido fumar en un recinto cerrado, máxime cuando allí se congregaban unas 1.500 personas. La desafiante conducta de los acusados obligó a intervenir a la Policía Local, desencadenándose entonces una gresca en la que resultaron lesionados hasta cinco agentes municipales.

El haber reconocido los hechos permitió a los abogados de estos jóvenes –Patricia Rodrigo, José Luis Melguizo, Ana María Sas y Margarita de los Ríos– llegar a un acuerdo con la Fiscalía, que aceptó rebajar las condenas que pedía para ellos antes del juicio. Porque aunque todos los encausados se enfrentaban a peticiones de cárcel (de entre cinco meses y dos años, según el grado de participación de cada uno), finalmente, dos de ellos saldarán cuentas con la Justicia con el abono de sendas multas. Así, como autores de un delito de resistencia, Joaquín N.S. y Jorge L. S. tendrán que pagar 360 y 720 euros, respectivamente.Este último deberá indemnizar también con un total 730 euros a los dos policías a los que lesionó.

Por el mismo delito se ha condenado a sendas penas de tres meses de cárcel al resto de acusados: IvánS. G., Juan José J. H., Leticia C. B., Juan José J. H., Óscar J. T. y Rebeca R. S. Los dos primeros deberán indemnizar además con un total de 740 euros a varios de los lesionados. Ninguno de los encausados arrastraba antecedentes penales, por lo que el juez les ha suspendido la pena durante dos años, con la advertencia de que, en caso de que cometan un nuevo delito durante este periodo, ingresarán en el centro penitenciario de Zuera.

Cuando todos se marchaban

Quien recriminó al grupo de jóvenes su actitud fue uno de los vigilantes que velaban por la seguridad de la fiesta. Pero al ver que estos hacían caso omiso a sus advertencias e incluso le plantaban cara, el empleado decidió poner el asunto en manos de la Policía Local de Utebo. Sobre la 1.30, varios agentes se personaron en el pabellón e identificaron a los mencionados jóvenes para denunciarles por infringir la normativa que prohibe el consumo de tabaco en lugares públicos. Sin embargo, en cuanto se marcharon los municipales, los ahora condenados siguieron fumando.

El cotillón continuó desarrollándose con normalidad hasta las seis de la madrugada, hora en la que muchos de los asistentes a la fiesta se habían marchado ya a casa. En ese momento, uno de los jóvenes a los que habían llamado la atención por fumar, Iván S. G., se percató de que el vigilante que les había delatado se encontraba colocando unas vallas y decidió encararse con él. Según la sentencia, no se conformó con insultarle –diciéndole: "Hijo de puta, ojalá te mueras"–, sino que llegó a empujarle. Varios compañeros vieron la agresión y volvieron a avisar a la Policía Local, que rápidamente acudió al recinto.

Al ver llegar a los agentes, el joven intentó escabullirse entre el público. Lo hizo con la ayuda de sus amigos, que no dudaron en salir al paso de los municipales para que no le dieran alcance. Pese a ello, dos de los funcionarios atraparon al fugado, pero su reacción fue tan violenta que tuvo que intervenir un tercer policía para reducirlo. Pero el agente no llegó a conseguirlo, puesto que Joaquín N. S., "con claro menosprecio al principio de autoridad", le propinó cuatro puñetazos en la cabeza para que soltara a su colega.

Como recuerda la sentencia, la Policía Local de Utebo tuvo serias dificultades para poner orden y repeler la agresión, puesto que "un numeroso grupo de personas" trató de impedírselo. No solo mediante el empleo de la fuerza –patadas en los genitales, codazos en las costillas, puñetazos en el estómago...–, sino también intentando desarmar a los agentes.

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