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El juez exculpa al portero investigado por ayudar a perpetrar un doble intento de asesinato

A pesar de que informó al agresor de los pasos de la víctima, dice que no hay pruebas de que supiera sus intenciones.

La entrada del chalé donde se cometió la agresión, el día de los hechos.
El juez exculpa al portero investigado por ayudar a perpetrar un doble intento de asesinato
Asier corta/Heraldo de Aragón

El vigilante de la urbanización de la Fuente de la Junquera en la que en junio de 2015 se produjo un doble intento de asesinato no será procesado como cómplice de los hechos. A pesar de que la juez considera que el portero, Raúl M. M., mantuvo varias conversaciones con el presunto homicida, Inocencio L. L., (en las que supuestamente le avisó de los movimientos de su exmujer y un amigo de esta), cree que no hay pruebas de que tuviera un "mínimo" conocimiento de las intenciones de Inocencio L. L. Por esta razón, decide apartar de la causa a Raúl M. M. y continuarla solo contra el exmarido de la víctima.

Los hechos ocurrieron en la madrugada del 20 de junio del año pasado. Inocencio L. L. y Ana I. G. estaban en trámites de separación y el proceso estaba siendo conflictivo, sobre todo por parte del hombre, que no encajaba que su mujer quisiera terminar su relación de años. Las medidas provisionales del juez de Familia habían otorgado a Ana I. G. el domicilio conyugal, donde vivía con sus dos hijos, de 14 y 18 años.

Ese día, pasadas las 4.00, Inocencio L. L., de 56 años, se presentó en el chalé y aprovechando que conservaba el mando del garaje se introdujo en el interior. Según declaró el propio detenido ante el juez, asistido por su abogado, Enrique Trebolle, se dirigió al dormitorio y al oír las voces de Ana I. G. y de su amigo Alfonso J. M. "perdió el juicio", cogió un cuchillo de la cocina, regresó a la habitación y atacó repetidas veces a su exesposa, que quedó gravemente herida en la cama. Después, agredió al varón, aunque este se defendió y, lesionado, logró salir de la casa y pedir ayuda. Minutos después llegó la Policía y detuvo al agresor, que se había quedado en las escaleras exteriores del chalé fumando un cigarrillo.

En su auto, la titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 relata que las semanas anteriores a estos hechos, Raúl M. M., gracias a su puesto de vigilante de seguridad, había estado observando los movimientos de Ana I. G., hasta el punto de que una vecina llegó a comentar con su marido que el conserje "pasaba información a Inocencio" y que una vez, cuando el vigilante le dijo que "acababa de avisar" al exmarido de que su exmujer había llegado, esta vecina le pidió que no le dejara entrar, pues ya no vivía allí y estaban pasando por un "divorcio difícil".

A pesar de ello, el día de los hechos ambos hombres mantuvieron varias conversaciones y el agresor le llamó tres veces. Una sobre las 23.30 preguntando por su exesposa –lo que motivó que el portero fuera a comprobar si estaba en el bar de la urbanización con Alfonso J. M.–, y otra a las 3.13, cuando la pareja salió del restaurante y una tercera para informar a Inocencio L. de que ya estaban en el chalé y habían apagado las luces, como le había pedido el agresor que comprobara.

La juez se plantea si cabe el procesamiento de Raúl M. M., defendido por el letrado Javier Osés, y llega a la conclusión de que no, puesto que en el derecho penal la complicidad es "dolosa", y en todas las diligencias practicadas "no se ha demostrado" que el vigilante conociera las intenciones del agresor ni recibiera contraprestación económica o de cualquier otra naturaleza.

El letrado de Ana I. G., Javier Notivoli, ha recurrido el auto judicial solicitando que lo procese.

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