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Zaragoza

Las familias de las víctimas no aceptan que la tragedia quede sin explicación

Dos misas y una salva de cohetes recordaron ayer a los fallecidos. Amigos y parientes reclaman más investigación.

La iglesia de San Felipe, en la plaza del mismo nombre en Zaragoza, acogió ayer por la mañana una ceremonia en recuerdo de los fallecidos en la explosión.
Las familias de las víctimas no aceptan que la tragedia quede sin explicación

Cuando se cumple un año exacto del trágico accidente de la Pirotecnia Zaragozana, el dolor y la tristeza de los familiares de las víctimas no han disminuido ni un ápice. Ayer, aniversario de la fatal explosión, amigos, tíos, abuelos, compañeros de trabajo, supervivientes; cerca de un centenar de personas, con la pena reflejada en el rostro, acudieron a la misa funeral en homenaje a los fallecidos que se celebró en la iglesia de San Felipe de Zaragoza. Y, una vez más, pidieron saber el origen de la deflagración que se llevó a Juan José Lapuente, Jesús Javier Vives, Gregorio Royo, Carmen Romero, Carmen Rodríguez y Carlos Comas.

Seis vidas rotas y otros tantos heridos graves que detrás dejaron, como decía ayer una pariente cercana del matrimonio Rodríguez-Javier Vives, "familias partidas" en Casetas, Garrapinillos, Zaragoza. "Te acuerdas todos los días. Esto no se olvidará nunca", señala otro familiar. Las lágrimas eran difíciles de contener. "No se sabe cómo sucedió. Tienen que saber los motivos, a nosotros nos ayudaría mucho", expresa la mujer, desolada. Una petición para seguir investigando las causas de la explosión que nuevamente trasladaron al delegado del Gobierno en Aragón, Gustavo Alcalde, cuando este se acercó a saludarlos antes de comenzar los oficios religiosos.

Alcalde, que quiso transmitir "todo el afecto y el cariño" de la Delegación a los familiares, recalcó que "el estado de destrucción era tal" en las instalaciones de Pirotecnia Zaragozana que según los técnicos "no había nada que permitiera determinar" el origen de las explosiones. "A todos nos gustaría saber exactamente qué es lo que ocurrió, porque a veces saber la causa puede ser tranquilizador. Desgraciadamente, según esos informes hasta ahora nadie lo ha podido determinar", afirmó.

El delegado del Gobierno alabó la labor de las fuerzas y cuerpos de seguridad que elaboraron los informes, así como la de todos los que participaron en las tareas de rescate, y mostró su disposición a seguir colaborando con la Justicia si se reabriera el caso. Además, expresó su esperanza de que el siniestro sirva para revisar "los ya de por sí exigentes protocolos" y normativas, y así evitar lo que el regidor de Garrapinillos, Mariano Blasco que también estuvo en el homenaje, calificó de "tragedia humana".

A la misa en la iglesia de SanFelipe, además de trabajadores y familiares acudieron los directivos del grupo francés Etienne Lacroix –propietario de Pirotecnia Zaragozana–, el subdelegado del Gobierno en Zaragoza, Ángel Val, el cónsul honorario de Francia, Rafael Ledesma, y representantes de la Guardia Civil. El sacerdote, en una ceremonia especialmente sentida y recogida, recordó que "la presencia y el cariño" de los fallecidos en el accidente "acompañan" siempre. "Nos aman más que nunca", dijo en consuelo a los presentes. Tras la liturgia, los asistentes permanecieron en el exterior del templo compartiendo recuerdos. Después, parte de los trabajadores y familiares se acercaron a conocer el nuevo proyecto de Pirotecnia Zaragozana, que se presentó en el cercano hotel Alfonso.

No fue el único homenaje que tuvo lugar ayer por el aniversario del desgraciado suceso. En Casetas, población donde vivían varios de los fallecidos y heridos en la explosión, la junta vecinal lanzó seis cohetes desde el Centro Cívico a las 14.15 –hora a la que se produjo la explosión– en recuerdo de las víctimas. Por su parte, desde la asociación de vecinos del barrio rural manifestaron su "apoyo y cariño" a los familiares de los difuntos.

Además se celebró por la tarde una ceremonia religiosa en la iglesia de San Miguel. Poco antes del comienzo de la misa funeral, en grupos o en parejas se acercaron a la parroquia decenas de personas. En un acto más íntimo que el que tuvo lugar por la mañana en Zaragoza, muchos vecinos de Casetas arroparon a familiares y empleados de la empresa pirotécnica.La nave de la parroquia se quedó pequeña, con gente que incluso tuvo que permanecer en pie ante la asistencia. Tal es el cariño que profesan en el barrio rural a los fallecidos y supervivientes de la terrible explosión.

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