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Zaragoza

El retorno definitivo del reloj de Pozuelo

?La singular tabla gótica que permaneció más de cinco siglos oculta bajo un cuadro de San Antón ha llegado ya a la iglesia, que ha instalado alarmas y cámaras de vigilancia.

Varios vecinos ayudaron a colgar el reloj en la iglesia.
Varios vecinos ayudaron a colgar el reloj en la iglesia.
José María Sánchez

La tabla del reloj gótico descubierta al restaurar un antiguo cuadro dedicado a San Antonio Abad de la iglesia de Pozuelo de Aragón luce ya en la capilla del Rosario de este templo que, a partir de ahora, se convertirá en su hogar definitivo.

El periplo de este importante hallazgo parece haber llegado a su fin, después de que el párroco, José María Sánchez Becerril, viajara hace unos días hasta la catedral de Tarazona, donde ha permanecido custodiado los últimos meses a la espera de que se adoptaran las medidas de seguridad necesarias en la iglesia del pueblo para garantizar su adecuada conservación.

Después, y con la ayuda de un carpintero local y de un grupo de vecinos, la gran pieza (que tiene unas dimensiones de 1,71 por 1,34 metros) se instaló en un soporte que permitirá moverlo para que se pueda observar con mayor facilidad. La llegada de este singular e importante hallazgo ha sido acogida con entusiasmo entre la población, que ya tuvo oportunidad de disfrutar de él, aunque por pocas horas, en la presentación que se hizo en el pueblo en enero del año pasado, al mismo tiempo que se dio a conocer el resultado de la restauración del óleo de San Antonio Abad o San Antón. Precisamente, la tabla se ha colocado en una pequeña capilla situada frente a la puerta de entrada, y encarada con este cuadro, que durante décadas escondió esta sorpresa.

La diócesis de Tarazona, propietaria de los bienes, ha costeado la instalación de un sistema de vigilancia a través de cámaras de seguridad y de alarmas que detectan el movimiento. Además, en la capilla hay una pequeña verja que permanece habitualmente cerrada, salvo cuando acude un grupo. "Si hay visita, gracias al soporte que se ha fabricado, se gira como una puerta para tener mejor ángulo de visión", adelantó el párroco.

Una historia sorprendente

La tabla del reloj gótico sirvió de soporte al lienzo de San Antón durante casi cinco siglos y su existencia se desconocía hasta que, hace unos años, la escuela-taller Juan Arnaldín II de la Diputación Provincial de Zaragoza inició los trabajos para la restauración del cuadro, que se encontraba muy deteriorado.

Una pequeña rotura permitía observar una cara redondeada, por lo que se sabía que bajo la capa actual podría haber otra imagen anterior. Este bien artístico se sometió a distintas pruebas para tratar de aclarar el misterio. Unas radiografías en su superficie sacaron a la luz el dibujo de la base de la tela al óleo, y lo que se pensó inicialmente que era un rostro resultó ser una luna creciente de la caja principal de un reloj gótico. Pudo estar en uso en el Monasterio de Veruela (al que pertenecía este pequeño municipio zaragozano) desde los años 70 del siglo XV hasta mediados del XVI, cuando se retiró.

En el proceso de restauración fue necesario separar ambas pinturas, una tarea muy complicada que obligó a los profesionales a fragmentar el óleo de San Antón en 89 trozos. Una labor minuciosa y exigente permitió recomponer ese puzzle y recuperar por completo este cuadro, que se exhibe en la iglesia de la Asunción de Pozuelo de Aragón desde hace ya más de un año.

Tras completar la restauración de ambas piezas, la tabla gótica del reloj formó parte de la exposición ‘Fernando II de Aragón. El rey que imaginó España y la abrió a Europa’, dentro del proyecto ‘Corona de Aragón’, que se celebró entre marzo y junio de 2015 en el palacio de la Aljafería. Cuando se desmontó esta muestra, y regresaron a su lugar de origen todas las importantes piezas artísticas que se exhibieron, este reloj de Pozuelo (por el lugar donde se conservaba, a pesar de que procede de Veruela) se llevó a la catedral de Tarazona, donde ha permanecido durante meses en depósito hasta que ha sido posible su traslado definitivo a la iglesia de la localidad zaragozana, que tiene una población que ronda los 300 habitantes.

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