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La Harinera de San José encuentra su nueva vida 12 años después

El 19 de marzo abrirá sus puertas como espacio creativo con una gestión asamblearia con participación municipal. El Ayuntamiento ha tenido el lugar abandonado durante años tras costarle 9 millones su compra y rehabilitación.

Mariano Barona y Aitana Enciso, del colectivo Llámalo H, en parte del espacio recuperado de la Harinera.
Mariano Barona y Aitana Enciso, del colectivo Llámalo H, en parte del espacio recuperado de la Harinera.
Aránzazu Navarro

La Harinera de San José se engalana para abandonar la larga y deshonrosa lista de equipamientos varados de Zaragoza. El edificio se prepara estos días para disfrutar de su nueva vida, que llegará 12 años después de que el Ayuntamiento lo comprara. Abrirá sus puertas, como no podía ser de otra manera, el 19 de marzo, día de San José. Lo hará como un nuevo espacio creativo gestionado de una manera, dicen, "pionera". Es un edificio municipal, sí, pero su programación se decide de forma asamblearia por colectivos culturales, vecinales, sociales y, cómo no, con la participación y supervisión del Ayuntamiento.

La Harinera es un vestigio del pasado industrial de San José, ubicada al final de la larga cuesta de la avenida que lleva el mismo nombre que el barrio. Estaba condenada a desaparecer para construir 70 pisos, pero el Consistorio la rescató con un convenio que se valoró en 9 millones de euros de los de 2004. Los propietarios cedieron al Ayuntamiento el suelo y la Harinera, que presentaba un aspecto ruinoso. También se comprometieron a financiar una rehabilitación valorada en 2,4 millones para darle un nuevo uso. A cambio, recibieron dos parcelas de suelo municipal.

Las obras de consolidación del edificio –de una parte, concretamente– se ejecutaron, pero llegó la crisis y la Harinera cayó en el olvido. En 2008 se cerraron sus puertas y, pese a los múltiples proyectos planteados, ninguno salió adelante. Para colmo, los vándalos encontraron una vía de entrada y se cebaron con el edificio, que en varias ocasiones apareció con restos de hogueras, colchones y botellas, con cristaleras rotas y paredes de pladur totalmente destrozadas. El histórico edificio del siglo XVIII había conseguido evitar la piqueta, pero no tenía un futuro claro.

No sin incertidumbre, la Harinera logró renacer en 2014, cuando se comenzó a plantear el proyecto que ahora está a punto de ver la luz. Los presupuestos municipales aquel año ya recogieron una partida para financiar una mínima puesta a punto, pero fue en 2015 cuando se ejecutaron las obras. Han sido unos 300.000 euros para sistemas eléctricos, climatización y cerramientos, principalmente. Una inversión pequeña en el contexto de la millonaria operación cerrada una década atrás.

Mientras, de forma paralela, se comenzó a fraguar un proceso de participación para decidir asuntos que iban desde la gestión del centro hasta la programación, pasando por la propia rehabilitación. Entraron el Ayuntamiento, la asociación de vecinos del barrio y el colectivo Llámalo H, que reúne a personas, agentes culturales o asociaciones interesadas, que participan de forma altruista en la gestión del centro. "Es un modelo cien por cien público, pero la toma de decisiones se hace en asamblea", explica Diego Garulo, técnico de Zaragoza Cultural que coordina el proyecto. Mariano Barona, del Colectivo Llámalo H, apunta que la participación en el proyecto es una forma de "activismo" de "gente que se cree lo que hace".

Cuatro espacios creativos

El plan ha servido para dar un uso, de momento, a la planta baja de la antigua fábrica. En comparación con la superficie total de la Harinera se trata de un pequeño espacio –600 metros cuadrados–, aunque desde Zaragoza Cultural confían en ir ‘colonizando’ las plantas superiores. Otra cosa será el almacén principal, proyectado por Miguel Ángel Navarro en 1920, y al que no llegaron los fondos de la rehabilitación de 2004, por lo que requiere una inversión millonaria.

En la parte que estos días se acicala para el estreno se han diferenciado cuatro zonas: el espacio-escena –para actuaciones con hasta 100 personas de público–, el taller de reciclaje creativo y autoconstrucción, la zona de artes plásticas y dos espacios polivalentes para talleres o reuniones. La programación completa se presentará en diez días, pero ya se han avanzado varios talleres para empezar las inscripciones.

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