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Zaragoza
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El fenómeno del botellón se esbafa en Zaragoza

Aunque las reuniones etílicas enla calle ya no son tan habituales como hace años, hay jóvenes –muchos de ellos, menores– que aún toman las calles para consumir alcohol.

Foto de archivo de varios jóvenes beben alcohol debajo del puente de Santiago.
En la foto, varios jóvenes beben alcohol debajo del puente de Santiago el pasado viernes.
Francisco Jiménez

Una medianoche fría de finales de febrero en la que la lluvia cala fuerte y todas las calles de Zaragoza permanecen vacías. ¿Todas? No, ya que los grupos de jóvenes se apiñan en parques y rincones de toda la ciudad para consumir alcohol pese a las inclemencias meteorológicas y, por supuesto, al riesgo para su salud que implica el abuso de estas bebidas.

M. es una chica que junto con otros dos chavales, S. y R. (prefieren no desvelar sus nombres) aguardan –y se resguardan– debajo del puente de Santiago al resto de sus amigos. Amenizan la espera con la ayuda de una botella en la que mezclan vodka y naranjada en un cóctel contra el frío. Cerca de ellos, una treintena de jóvenes ‘arrejuntados’ en pequeños círculos comparten sus propias bebidas. "Hace unos años había más gente, esos bancos estaban llenos", comenta R. mientras señala hacia la ribera del Ebro. Cree que cada vez menos adolescentes hacen botellón, ya que se acaba optando por montarse la fiesta en casa o en locales alquilados.

Aunque M., S., y R., son mayores de edad, confiesan que tuvieron sus primeros escarceos con el alcohol a los 14 años. ¿Parece precoz? No lo es. De hecho, es justo la edad a la que se toman su primera copa la mayoría de los adolescentes, a tenor de los resultados de la reciente encuesta Estudes, realizada con 2.710 estudiantes aragoneses de 14 a 18 años en 69 centros educativos distintos.

La mayor preocupación que generan estos encuentros etílicos entre padres y responsables sanitarios no es tanto el consumo de alcohol en sí sino un fenómeno al que va muy asociado: el "atracón", es decir, cuando se toman cinco o más copas en apenas dos horas, algo que conlleva múltiples riesgos para el organismo, y que uno de cada tres alumnos aragoneses reconoce haber hecho en el último mes, según la encuesta Estudes. Y eso que casi todos coinciden en su respuesta: son conscientes –o eso creen– de los daños que causa el alcohol.

Otro problema es que los menores de edad acaban asociando esta práctica con la diversión, lo que disminuye la percepción del peligro. ¿Un ejemplo? A. y C. son una chica y un chico de 14 y 15 años respectivamente que apuntan que se suelen emborrachar en "los cumpleaños y las celebraciones especiales".

Prohibido pero fácil de hacer

Participar en un botellón o "concentración en la vía pública o en lugares de tránsito público con ingesta de bebidas alcohólicas" –tal y como se define en la ordenanza municipal que lo regula en Zaragoza– se considera una infracción leve que puede ser sancionada con hasta 250 euros. Pese al riesgo de ser multados, muchos jóvenes incorporan esta práctica a las noches de sus viernes y sábados.

Conseguir el ron, la ginebra o el vodka no supone ningún problema, pese a la prohibición de vender a menores de 18 años. "Para comprar, lo más sencillo es pedírselo a alguien a las puertas del supermercado. Si no, al chino", resume M. Los establecimientos regentados por asiáticos son una de las opciones más utilizadas, aunque los jóvenes inventan alternativas como la que propone A., una adolescente de 14 años, que paga a vagabundos para que compren el alcohol a su grupo.

De todas formas, pocas veces se sancionan estos comportamientos. Ninguno de los consultados ha sido multado y si han tenido algún encuentro con la policía, solo les han pedido los datos y les han hecho tirar la bebida, "para meternos miedo y que no lo hagamos", dice S. con una sonrisa.

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