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Zaragoza

Enhamed Enhamed: "Si siempre hay que estar motivados, ¿qué hacemosun mal día?"

El laureado nadador paralímpico, ciego desde los 8 años (Las Palmas, 1987), habló ayer ante más de mil escolares en el congreso ‘Lo que de verdad importa’ de Zaragoza.

Enhamed y Adele, ayer, en el Palacio de Congresos.
Enhamed y Adele, ayer, en el Palacio de Congresos.
Francisco Jiménez

- ¿Se tira rápido a la piscina o es más de meditar las cosas?

- Soy de los que se tira y se pregunta luego: "¿Qué hago aquí?". Esa impulsividad viene de visualizar las cosas antes. Yo quiero ir hacia un sitio pero, si se presenta una oportunidad, me lanzo sin pensar.

- Y ¿ha tenido que nadar mucho a contracorriente?

- Toda la vida. Y afortunadamente. Frank Herbert decía: "Deberíamos crear una ciencia del descontento ya que solo crecemos bajo demanda". Yo entrené nadando a contracorriente de forma literal. Y es bueno. Mejoras tus habilidades y aprendes a reírte de ti mismo.

- Se ha colgado muchas, pero ¿qué medalla le costó más?

- ¡No me las he colgado, me las han colgado! (risas). Una de las más difíciles fue mi primer oro en un mundial. Esa tuve que creérmela antes, las demás vienen porque sabes que puedes hacerlo.

- ¿Cómo ve las cosas desde que perdió la vista?

- ¡Bastante oscuras! Desde los 8 que me quedé ciego hasta los 21, lo

veía todo bastante negro. Era muy negativo, muy víctima. A partir de ahí hubo un cambio, me di cuenta de que si no actúas tú, sin esperar a que vengan a salvarte, no hay posibilidad de mejora.

- Y ¿qué le hizo dar ese clic?

- Leer mucho. Y la película ‘En busca de la felicidad’, donde el protagonista le dice a su hijo: "No dejes que nadie te diga lo que puedes hacer o no. Los que no pueden te dirán que tú tampoco". Me di cuenta de que yo era un profesional de la ceguera. Ya no.

- También terminó un Ironman. ¿Lo que cuesta más sabe mejor?

- Sí y no. Sí, porque es parte de nuestra naturaleza, disfrutamos lo que nos cuesta porque postergamos la gratificación inmediata. Pero no, porque hay un riesgo: a veces aparecen cosas buenas, sin esperarlas, y no las disfrutas porque crees que te tienen que costar.

- En la vida no siempre llegamos a todas las metas…

- Afortunadamente. No lograr un fin te lleva a otro. No tienes lo que quieres, sino lo que necesitas. Yo no logré mis metas en los Juegos de Londres, y dejé la natación, me fui a Estados Unidos, hice el Ironman, subí el Kilimanjaro…

- Luego llamó a su libro ‘Ironmind’, mente de hierro. ¿Es cabezón como los aragoneses?

- ¡Con la de farolas que me he llevado por delante, como no fuera cabezón...! Para un Ironman hay que entrenar, pero las líneas de meta de cualquier cosa se cruzan con la cabeza, con lo que tenemos dentro, no con la parte mecánica, con la habilidad.

- ¿Qué da más miedo, competir en la élite o sentarse en un sofá a hablar con Risto?

- Con Risto fue una conversación de amigos. Al competir, un mínimo error te puede costar cuatro años de entrenamiento. Pero no da miedo, lo has trabajado mucho.

- Se ha ido a Estados Unidos y da charlas motivacionales. ¿En España es imposible animarnos?

- La motivación es como una bebida: la abres, se va el gas y cambia el sabor. Si hay que estar siempre motivados, ¿qué hacemos un mal día? Nada es fácil, las claves son compromiso y disciplina. En España tenemos gran calidad de vida, podemos ver a los amigos entre semana. En EE. UU. no, y la gente cree que solo será querida teniendo un gran logro.

- Ayer habló en Zaragoza para más de mil estudiantes. En un escenario, ¿también se siente como pez en el agua?

- Me encanta. Realmente, si estoy mucho tiempo lejos de un escenario, lo echo de menos. Cuando bajo, no sé exactamente lo que he dicho. Es un momento único.

- Su perro guía se llama Adele. ¿Es que ladra bonito?

- ¡Se lo puso su primer dueño! Hay un programa en EE. UU. por el que un perro guía pasa su primer año con un prisionero, en su celda. Y le dedica su atención las 24 horas. Él le puso el nombre. Y me encantó. ¡Y me gustan canciones de Adele, pero no todas!

- ¿Qué le importa más a Enhamed Enhamed?

Transmitir que tenemos una vida para vivirla y exprimirla. Yo tengo un hermano enfermo y sobrevive desde hace veinte años, no vive. Por eso, debemos vivir como los de 70 u 80 que parece que tienen 20, y no estar a los 30 o 40 como si fuéramos a morir ya.

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