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Zaragoza

El jurado culpa a Losilla de matar a su esposa, descuartizar el cadáver y ocultar su paradero

Descarta la muerte accidental de Pilar Cebrián y cree que la empujó con intención de acabar con su vida cuando esta le dijo que iba a dejarle. La confesión y la sangre han sido claves para el veredicto.

Antonio Losilla levanta la mirada al cielo al escuchar el veredicto del Jurado declarándolo culpable.
Antonio Losilla levanta la mirada al cielo al escuchar el veredicto del Jurado declarándolo culpable.
Oliver Duch

Antonio Losilla Longaresserá condenado a un mínimo de 14 años y medio de prisión –que es lo que pide la defensa– y a un máximo de 20 años –que es lo que propone la acusación particular– por el homicidio de su mujer, Pilar Cebrián, el 2 de abril de 2012 en Ricla. Porque aunque a día de hoy todavía se ignora dónde se encuentran los restos de la fallecida, para el tribunal popular ha quedado suficientemente probado que fue su propio marido quien acabó con su vida. Lo hizo tras comunicarle esta que tenía intención de poner fin a su matrimonio, como ocurre con la mayoría de las víctimas de violencia machista, en cuya memoria se celebra hoy el Día Internacional.

El veredicto del Jurado, que fue leído ante un Antonio Losilla que estuvo mucho más comedido en sus gestos, descarta la muerte accidental y dice que el acusado tenía la "intención clara" de matar a su mujer cuando, tras discutir por unas joyas que ella quería llevarse consigo, la empujó y la hizo caer al suelo de espaldas. El golpe hizo que se fracturase la base del cráneo y le causase la muerte.

Para el tribunal, a pesar de los esfuerzos que su abogado Javier Notivoli ha hecho ante todas las instancias judiciales posibles por anularla, ha pesado sobremanera la confesión "espontánea" que Losilla hizo ante el secretario judicial, dos médicos forenses y no menos de una veintena de policías cuando estaban registrando su casa de Ricla el 29 de octubre de 2012. Sus manifestaciones, en las que relataba con frialdad y serenidad cómo mató, descuartizó y diseminó su cuerpo en un trayecto entre La Almunia y Zaragoza, pudieron ser escuchadas por los miembros del Jurado el primer día de juicio. Fueron el contrapunto a una extensa declaración de más de cuatro horas de Losilla, en la que trató de hacerles ver que todas las cosas que hizo, tras lo que él llama "desaparición" de su esposa, estaban encaminadas a localizarla. Pero no le creyeron. Así, ayer, uno tras otro, el jurado fue declarando probados por unanimidad (salvo tres, por mayoría) todos los hechos que fueron sometidos a su veredicto.

Así, dieron por sentado que el matrimonio se había deteriorado y que Pilar Cebrián había contactado con diversos hombres a través de la red social Badoo y en algunos casos se citó con ellos. Él lo descubrió porque accedió a su correo electrónico e incluso la siguió al enterarse que había quedado con un antiguo amigo de juventud. Por esa razón, el día que le dijo que lo dejaba y que quería llevarse sus joyas, él la golpeó y la mató. Tras comprobar que había fallecido, se fue a cenar a un bar de Ricla para esperar a que coagulara la sangre que había en el suelo y luego limpiarla mejor.

Al día siguiente, según establece el Jurado, comunicó a sus hijos Antonio y Blanca que su madre se había ido de viaje y se trasladó al piso de Zaragoza para dejar unos enseres personales de ella. Luego, compró poliuretano y desatascador. Todo esto lo hizo para "crear apariencias tendentes a descartar que le atribuyeran la muerte de su esposa". Después, regresó a Ricla, descuartizó su cadáver, metió los trozos en bolsas pequeñas y se deshizo de ellas. Luego limpió a fondo el garaje, pero se dejó dos minúsculas gotas de sangre que la Policía halló debajo de la mesa donde la troceó.

Para el Tribunal Popular, los siguientes movimientos de Losilla fueron encaminados a crear una coartada –como mantuvo el fiscal José Luis Edo y el abogado de la DGA, José Luis Gay–, como los contactos con videntes, llamadas a la esposa del amigo de Pilar Cebrián –a la que dijo que había dejado embarazada y esta había muerto a consecuencia de un aborto– o las denuncias que puso asegurando que se había llevado su dinero. A la postre, nada de esto le ha servido.

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