Discurso íntegro de Santisteve

El nuevo alcalde de Zaragoza desgrana sus intenciones para estos próximos cuatro años.

Pedro Santisteve, durante su discurso de investidura
Discurso íntegro de Santisteve
José Miguel Marco

BUENOS DÍAS, VECINOS Y VECINAS


He dedicado toda mi vida adulta a la defensa de los derechos humanos. Dice un sabio jurista italiano que los derechos fundamentales son la ley del más débil; cierto, los que nada tienen sólo tienen derechos, pero su protección y salvaguarda está encomendada a los poderes públicos y debe ser cosa de todos los días.


La democracia no es un estado, no es un régimen, es la acción que, sin cesar, arranca a los gobiernos oligárquicos, el monopolio de la vida pública y, a la riqueza, la omnipotencia sobre las vidas. Mi trabajo como alcalde, así como el de todos los concejales y concejalas agrupados en Zaragoza en Común, va a ser el de la lucha permanente por la plena satisfacción para la mayoría de la población de esos derechos humanos.


Vivimos tiempos difíciles en que intereses egoístas, mezquinos, de acumulación de riqueza en unas pocas manos, ha provocado una situación de emergencia social. Esas injustas políticas, a favor de los poderosos, muestran un desolador escenario al dejar de cubrir los poderes públicos necesidades básicas de la población: aumento de la pobreza energética en 34.000 hogares, situaciones de insuficiencia alimentaria que afectan a niños (la pobreza infantil denunciada por UNICEF alcanza al 27% de ellos; problemas de movilidad dado que 21.000 hogares no tienen ascensor en una ciudad con 100.000 personas de más de 70 años (el 60% de ellas mujeres solas), 25.000 hogares zaragozanos con ingresos inferiores a 300 euros al mes y la vergonzosa cifra de casi 500 desahucios en el primer trimestre de 2015, 3.000 en los últimos dos años, cuatro diarios.


Cuando una organización social, un estado, es incapaz de dar justa satisfacción a las necesidades básicas de las personas lo que se socava es, la dignidad humana, que no es otra cosa que la posibilidad de elegir entre diferentes opciones vitales; es evidente que sin igualdad, sin derechos sociales asegurados de forma efectiva, no hay posibilidad de ejercicio de las restantes libertades. Una ciudad digna, nuestra Zaragoza, no puede tolerar esa vergüenza, esa iniquidad, ese cúmulo de actos inmorales que conforman el clima de abyecta corrupción que nos invade.


Por que para nosotros, la prioridad son las personas, es por lo que vamos a acometer un Plan de Emergencia Social, en el que, entre otras cosas, se promueva dotar a la ciudad de un Parque de Viviendas públicas y se aumente al 2% del Presupuesto los créditos destinados a cubrir las necesidades básicas de la población. Cuestión de derechos. No de compasión. Ni de caridad. Ni de donaciones gratuitas. Son, derechos, de igualdad. En una sociedad de trabajo escaso, mal repartido y peor remunerado, hay que plantearse la necesidad de liderar el proceso hacia una renta básica, hacia una cobertura universal de las necesidades de la ciudadanía.


De momento, a lo largo de la legislatura, vamos a implementar el parque público de vivienda hasta las cinco mil a través de subrogaciones de familias deudoras de buena fe y con una sola vivienda en propiedad, cesión conveniada de particulares, compra o expropiación de uso a la SAREB, intentando que salgan al mercado de alquiler una parte de esas casi 40.000 viviendas hoy vacías; con apoyo municipal a la obra social de las plataformas de personas afectadas por desahucios, recuperando inmuebles abandonados y creando una oficina antidesahucios que ofrezca una alternativa habitacional.


Todo ello al tiempo, intentaremos generar empleo rehabilitando viviendas bajo criterios de eficiencia, ahorro energético y renovación de los barrios. Asimismo, pondremos en marcha un programa de lucha contra la pobreza energética, con el objeto de acabar con el drama de cientos de familias que no pueden siquiera permitirse calentar sus viviendas durante los crudos inviernos que sufrimos los habitantes de Zaragoza. Pero todo ello no implica que la Ciudad de Zaragoza no deba ser, también solidaria con el resto de pueblos que forman parte de este planeta que compartimos, llamado Tierra.


Por ello impulsaremos la cooperación al desarrollo, con el fin de ayudar a aquellos que no tienen la fortuna de vivir, como nosotros, en los mal llamados países desarrollados, y a los cuales hay que garantizar también condiciones dignas de vida. Vamos a desarrollar políticas específicas para mayores, para la juventud más abandonada y mejor formada pero con peor presente desde hace muchos años, y para la infancia mediando su implicación activa como sujetos de derecho, así como políticas transversales de igualdad de género.


Debemos reconstruir el tejido empresarial autónomo y la exportación de las empresas locales, apoyar la economía social y favorecer el comercio de proximidad, frente a los negocios exclusivos y ajenos a la sostenibilidad, social y medioambiental, de las grandes superficies del extrarradio. Las calles (y no los viales) son los espacios básicos de relación que hacen ciudad y para que cumplan con esa función, es imprescindible un tejido comercial que haga dinámico el espacio público pensado para todos y todas.


Debemos generar políticas de empleo digno y de calidad, alejadas de los criterios de precariedad que se vienen sucediendo, en las que tener trabajo es compatible con ser muy pobre. E incluir cláusulas sociales en las contratas municipales. Queremos poner en valor instrumentos con los que ya cuenta la ciudad, como Zaragoza Activa, que debe ser un importante mecanismo para la dinamización económica de la ciudad, así como la creación e impulso de viveros de empresas.


Debemos tener como objetivo la consolidación del empleo público, para lo cual es necesario que se lleve a cabo la convocatoria de las plazas de la oferta Pública de Empleo de años anteriores, y que asimismo se produzca a la elaboración de una nueva oferta para los próximos años. Pondremos en marcha líneas de crédito subvencionadas para aquellos jóvenes que habiendo tenido que emigrar durante la crisis que quieran regresar a través de la fórmula del autoempleo. No podemos olvidar a aquellos que no tuvieron otra alternativa que marcharse, ante la pasividad de unas instituciones, incapaces y en ocasiones insensibles ante la situación sufrida por quienes representan el futuro de nuestra sociedad.


Seguramente, en la actual situación de crisis, no es posible llevar a cabo modificaciones de carácter tributario que reduzcan la presión fiscal porque menos ingresos son menos derechos. Pero sí vamos a explorar medidas que redistribuyan esa carga más justamente, con progresividad fiscal, lucha contra el fraude y bonificaciones y apoyo a quienes no puedan hacer frente a sus obligaciones tributarias. Estabilidad financiera, significa: dotar de presupuesto a todas las partidas de gasto que Zaragoza y sus habitantes necesitan. Por encima de cualquier otro interés privado o coyuntural, de cualquiera, y en la que quienes hasta ahora no aportaron su esfuerzo y su comprensión, deberán aportarlo desde ya.


Los derechos sociales de vivienda, salud, alimentación, educación, saneamiento, energía, y cultura deben ser objeto de satisfacción por parte de los poderes públicos. Pensamos que es compatible cumplir los criterios de sostenibilidad financiera, sin elevar la presión fiscal de la mayoría. La estabilidad financiera no se hace a costa de gravar con impuestos a los más débiles, si no con aportaciones progresivas de quien más tiene, como por ejemplo a través del IBI o de una tasa ecológica a las grandes superficies comerciales.


Apostaremos decididamente por modelos más económicos, justos y democráticos de gestión de los servicios públicos básicos mediante la remunicipalización de los mismos, tras los correspondientes estudios técnicos que analicen su viabilidad, basados en la mejora de la eficiencia en el servicio prestado, la disminución de su carga presupuestaria y pensando en las condiciones laborales de los empleados de las actuales contratas que, lejos de engordar la plantilla municipal, aportarán mayor eficacia en la gestión, ahorro en el costes y mejora en el servicio.


Creemos en la eficiencia también en el modelo urbano. Necesitamos accesibilidad universal a demanda de las personas mayores y de movilidad reducida a los centros sanitarios en cada barrio, y un diseño amable y sostenible de todos los barrios, renovando los más viejos y dotando de servicios a los nuevos, sobre todo los del Distrito Sur, que necesitan representación propia en el marco de mayor autonomía de las Juntas de Distrito con verdadera participación en la toma de decisiones. En torno a la participación, que deberá contar con un nuevo Reglamento que incluya el derecho a consultas ciudadanas vinculantes, es muy importante que sean los vecinos quienes decidan el futuro de sus barrios gestionando y marcando prioridades de al menos una parte de los recursos que se les asignen mediante la fórmula de los llamados presupuestos participativos.


Creemos que la representación de los grupos municipales en consejos de administración de las Sociedades Públicas, Juntas y Consejos de Patronatos e Institutos municipales, órganos supramunicipales, así como consejos sectoriales, observatorios y otros órganos consultivos puede ser ejercida, no solo por concejales, sino por cualquier otra persona de la sociedad civil que sea designada por dichos grupos.


Apostamos por la máxima transparencia, para lo cual permitiremos que sean públicos los Consejos de Administración de las empresas públicas 100% municipales y de las Juntas y Consejos de Patronatos y Comisiones Plenarias. La movilidad es una necesidad a tomarse en serio. Un Verdadero Plan de Movilidad global en la ciudad ha de asegurar que todas las personas podamos ir y venir a todos los sitios, en especial a aquellos lugares donde se prestan los servicios básicos, de un modo sostenible y asequible.


Apostamos por los peatones, las bicicletas, el transporte público, incluido el taxi, en todos los barrios y para todos los barrios, y por realizar el estudio de viabilidad de la segunda línea de tranvía, a la vista del cual se determine su conveniencia, y en su caso, su mejor trazado. Creemos en un Plan hecho por toda la ciudad, en un verdadero proceso participativo, con transparencia, y alejado de la opacidad con la que se ha venido actuando desde los despachos públicos. Una ciudadanía que se afirme solidaria tiene que defender el sustento y continuidad de su entorno para las futuras generaciones sin hipotecar su futuro como venimos haciéndolo.


El derecho a vivir en un medio ambiente sano, equilibrado y seguro, a disfrutar de la biodiversidad presente en el mundo, debe hacer de nuestra Ciudad un referente en la lucha contra el cambio climático y en la transición hacía la sostenibilidad. La correcta gestión municipal del Medio Ambiente es un paradigma transformador que defiende el derecho de las personas a un entorno saludable de manera sostenible, ecológica y socialmente justa, y a decidir acerca de nuestras políticas energéticas, agrícolas y alimentarias, así como sobre la gestión de los bienes y recursos naturales locales con las personas y la Naturaleza en el centro.


Ello comporta también mejorar, cuanto antes, el ciclo integral del agua para que sea más eficiente y siempre pública, y conseguir una Zaragoza amiga de los animales. El contexto en el que digo esto es en el de una ciudad muy endeudada y con retos económicos pendientes, demasiados, que dedica a pagar deuda diez veces más recursos, que los destinados a financiar ayudas de urgente necesidad, y que se enfrenta a una nueva situación aún más grave, que es la nueva ley antiayuntamientos, dictada por el Gobierno de España que nos roba competencias, recursos y libertad de acción, hipotecando muchas posibilidades de desarrollo sostenible a las personas que vivimos en esta querida Ciudad nuestra.


En este sentido, los pagos a la sociedad Alta Velocidad son una injusta rémora que deben ser revisados y renegociados, para que no supongan un estrangulamiento económico para las arcas municipales. Zaragoza necesita una Auditoría Municipal Permanente para rendir cuentas a la ciudadanía y que nos permita saber el estado real de las cosas y las causas que las han generado, así como a ayudar a los gestores públicos a prestar los servicios que demandan los ciudadanos de una forma más eficiente y transparente.


Defender Zaragoza, su autonomía municipal y financiera supone hoy, también, combatir estas disposiciones del Gobierno central, estableciendo colaboraciones institucionales fijando un nuevo marco de relaciones, una Alianza municipalista, con ciudades como Madrid, Barcelona o Coruña. Porque en esta pelea, Zaragoza, no está sola. En este camino esperamos la colaboración generosa y comprensiva del nuevo Gobierno de Aragón, que aborde con visión de Estado la debida atención a una ciudad que acoge a más del 50% de la población aragonesa en el 5% de su territorio. Así, concretamos proyectos y propuestas que han sido claras, colectivas y transparentes desde el principio. La Zaragoza de todos y de todas. Transparente y participada en las decisiones. Por eso me gusta recordar que, transparencia, es camino de democracia frente a la opacidad en la que habita la corrupción.


Queremos asegurar la laicidad en todos los aspectos de la vida pública municipal para lo cual, entre otras cosas, modificaremos el Reglamento de Protocolo, Ceremonial, Honores y Distinciones. Pretendemos ahondar en la necesidad de llevar a cabo actuaciones que permitan recuperar la memoria histórica de nuestra ciudad, con el objetivo de cumplir ampliamente con la justicia, reparación y el reconocimiento de aquellos que sufrieron, directa o indirectamente, las consecuencias de la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista en nuestro país.


Impulsaremos una política cultural ligada a la creación artística propia, promoviendo un gran Pacto por la Cultura que trascienda legislaturas, partidos y cambios en el gobierno municipal y que implique a toda la sociedad zaragozana. Los concejales y concejales de este futuro gobierno municipal, de cuya autoridad para formarlo me habéis investido en este acto, vamos a dar la cara ante nuestros vecinos y vecinas en todos los distritos comprometiéndonos, una vez al mes, a hablar, debatir y responder de nuestro trabajo y de las dificultades que en su desempeño vamos encontrando. Todo esto no es sólo un estilo de gobierno, sino una forma de pensar y trabajar en común.


En un ejercicio político democrático diario, pretendemos un pacto continuo con las fuerzas aquí representadas y con toda la ciudad para sacar adelante nuestras líneas verdes de consenso que fueron elaboradas por miles de ciudadanos y ciudadanas durante meses, presentadas y ratificadas por más de 80.000 ciudadanos y ciudadanas ante las urnas. Esa estabilidad política se sustenta en el diálogo continuo, auspiciando, los acuerdos necesarios con quien haga falta cada día. Tenemos disensos con otras fuerzas progresistas.


Por supuesto. Por eso hablamos de dialogo y pacto permanente con toda la ciudad, con todos los sectores, con todas las entidades, con los empleados y empleadas municipales, sobre quienes recae una gran responsabilidad y no siempre obtienen el reconocimiento que se merecen. En ellos, en su criterio técnico, competencia y saber hacer vamos a buscar permanente apoyo intentando no sólo contagiarles nuestro entusiasmo e ilusión sino incorporando criterios de gestión más racionales y eficientes.


Es obligado agradecer en este esfuerzo por la estabilidad del futuro Gobierno Municipal el apoyo que nos han otorgado en este acto de investidura fuerzas políticas como el PSOE y los compañeros y compañeras de Chunta Aragonesista. Ciertamente habrá que hablar y mucho sobre temas como el Estadio de la Romareda, los servicios de los que hay que dotar a los barrios del Sur o una estrategia conjunta para que la deuda contraída por el Gobierno Autónomo con la Ciudad tenga el debido retorno.


Es una nueva era, que necesita de la ilusión que la impulsa, y con alturas de miras pero mirando a todos y todas. Que tiengamos suerte, treballemos a comunal y faigamos complenganza y buemvivir ta totz y todas en una Zaragoza comuna. Buen Diya. (Que tengamos suerte, trabajemos juntos y generemos buen vivir para todos y todas en una Zaragoza Común. Buenos días). Gracias.