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La lluvia provoca desplomes en el techo de Filosofía y en el de un instituto de la capital

La tromba del fin de semana causó daños en la Facultad, que ha vuelto a quedarse sin partida para su reforma.

IES Azucarera. Este centro tiene solo 7 años de vida, pero las goteras y las filtraciones aparecieron desde el principio. El problema se agrava con cada tormenta. Estudian aquí 815 chavales de entre 12 y 18 años.
La lluvia provoca desplomes en el techo de Filosofía y en el de un instituto de la capital
José Miguel Marco

Las lluvias del fin de semana han dejado en tres días en Zaragoza más de 40 litros por metro cuadrado (l/m2) -una octava parte de las precipitaciones medias que suele registrar al año la ciudad (318 l/m2)- y han sacado a relucir las deficiencias de algunas infraestructuras educativas públicas. El agua se ha filtrado por los tejados del instituto de Secundaria de La Azucarera y de la Facultad de Filosofía y Letras y ha provocado que cedieran varias placas del techo cuando las instalaciones estaban llenas de alumnos. Ambos edificios han sufrido estos episodios en otras ocasiones y se encuentran a la espera de una reforma. En el primero, las obras comenzarán hoy (se invertirán 10.000 euros), mientras que la Facultad sigue sin partida asignada.

La ‘costumbre’ no quita el susto y este fue ayer mayúsculo en el IES Azucarera. El profesorado y sus 815 alumnos llevan años pidiendo al departamento de Educación que arregle el problema de filtraciones del instituto, que solo lleva siete años abierto, pero que ha pasado los últimos seis con humedades y cubos en los pasillos cada vez que llueve.

El pasado mes de septiembre, el centro volvió a avisar a la Unidad Técnica de Construcción de la DGA del problema cuando, al volver de vacaciones, y tras varios días de tormentas, la situación empeoró. De nuevo (y van al menos tres veces), la Unidad envió a un técnico que examinó la zona y les dijo que ya les llamarían.

En esa espera seguían ayer cuando, al empezar las clases, vieron que las goteras habían empeorado. Y aún quedaba lo peor. "Acabábamos de empezar la clase. Estábamos haciendo un examen y, de repente, se oyó un estruendo tremendo. Al salir, los alumnos fueron los primeros en darse cuenta de que se había caído todo un cuadrante del techo del pasillo", explicó José Ángel, profesor del instituto. Al suelo se precipitaron no solo varias placas del techo (algo a lo que ya están acostumbrados en el centro), sino barro y desechos.

La filtración, descontrolada tras un fin de semana de intensas lluvias, traspasó esta zona, y afectó también al pasillo de la planta de abajo (la primera) donde también cayeron placas y barro. El instituto tiene ahora dos enormes boquetes, con goteras incluidas, en los dos pasillos de las dos zonas.

Ayer mismo, el Servicio Provincial de Educación envió un técnico a inspeccionar los desperfectos del centro y hoy acudirá una empresa a repararlos. La DGA destinará a esta reforma unos 10.000 euros, según explicaron fuentes de Educación. "De momento lo hemos acordonado todo como hemos podido, así que los chavales tienen que dar la vuelta para pasar de ala en ambas plantas. Esperamos que mañana (por hoy) se empiece a solucionar como nos han prometido", insistieron desde el claustro. De hecho, otro motivo de preocupación es que algunas paredes tienen grietas que antes no estaban.

El curso pasado, y de forma particular, el instituto recurrió a un profesional que hizo un arreglo de urgencia -que sufragó el propio IES- pero al parecer la solución definitiva requeriría actuaciones más profundas en la cubierta que podrían ascender hasta los 30.000 euros. A priori, parece que la causa de las filtraciones es que el techo (que es de poliéster) lleva una pintura que se ha levantado debido al calor (la estructura del techo es de metal) y han terminado por salir poros en el material que debería aislarlo todo de las humedades.

Daños en la sala de lectura

Las filtraciones han sido también las causantes de que el falso techo de la Facultad de Filosofía vuelva a caerse a trozos. El domingo por la tarde, dos placas de la sala de lectura -ubicada en el pabellón de Filología- cayeron al suelo mientras los estudiantes preparaban los exámenes. Los cascotes se desprendieron en la zona más próxima a las ventanas. Afortunadamente, no había nadie sentado allí y no hubo que lamentar daños personales. El incidente obligó a acordonar la parte afectada para proteger a los alumnos, igual que ocurrió el año pasado por estas fechas, cuando otra plancha de escayola se desprendió debido a una gotera.

A estos desperfectos se suman los que sufre el edificio desde hace años: el alicatado de algunos baños baila, hay grietas en las baldosas del suelo, desconchones, faltan despachos, hay mobiliario roto, persianas que no funcionan y un largo etcétera. "No podemos solucionar ninguno de estos problemas porque tenemos cero euros para obras. Y si no rehabilitamos la Facultad, cualquier día tendremos un disgusto", lamentaron desde la Universidad.

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