Zaragoza

El Flunch de Utebo, referente de los 80, echa el cierre

17 trabajadores se ven afectados por el ERE en este establecimiento, pionero en España junto con el Alcampo. Se inauguró la tarde del 23-F.

El Flunch de Utebo, referente de los 80, echa el cierre
F. Peiró

Para los vecinos de Utebo y la zona del entorno, la fecha del 23-F del año 1981 es histórica no solo por el golpe de Estado, sino porque en la misma tarde en que Tejero irrumpía en el Congreso de los Diputados se inauguraba el primer centro comercial Alcampo de España, en un momento en el que la mayoría de los ciudadanos de a pie desconocíamos qué era aquello de un hipermercado. Quién nos ha visto y quién nos ve. El innovador modelo comercial francés traía de la mano los servicios de su galería comercial, y un nuevo concepto de restauración con el primer restaurante Flunch del país, que acabaría convirtiéndose en un referente de los 80.

“Entraba todo por los ojos, el producto estaba al alcance de la mano y había mucha variedad”, recuerda Mariví Campillo, trabajadora jubilada del establecimiento durante 31 años, gran parte de ellos como responsable. Impactaban aquellas imponentes copas de brillantes fresas con nata y suculentos postres con chocolate, delicias puestas al principio del mostrador para asegurarse de que se sucumbía a la tentación antes de elegir el menú. “Fue un concepto que a la gente entonces le impactó mucho”.

Aquel particular 23-F que vivió Utebo no afectó a la expectación que había generado la apertura de la gran superficie, aunque la inauguración oficial quedó más desangelada de lo previsto y la comitiva municipal se quedó prácticamente sola, pues el devenir de los acontecimientos en Madrid obligaron a anular la presencia de altas instituciones en aquella tarde de tensión y nerviosismo. Pero al día siguiente, en el centro comercial y en el Flunch ya fue la marabunta.

La crisis económica y las pérdidas que arrastra el restaurante obligan ahora al cierre de este clásico, y 17 trabajadores del establecimiento de Utebo se verán afectados por el ERE de Agape Restauración, propietario de la cadena, dentro del Expediente de Regulación de Empleo que en total afectará a 70 trabajadores en España, con el cierre también de los centros de trabajo de Vigo y Barcelona. “Estamos en pérdidas y se ha decidido centrar la actividad en Madrid”, explican fuentes de la empresa. Hasta el 30 de septiembre las partes se encuentran en periodo de negociación y a partir de ahí se concretará el cierre definitivo que, en todo caso, será antes de finales de año, según los plazos que baraja la empresa.

Época dorada

El Flunch, resultado de la contracción de fast (“rápido”) y lunch (“comida”), desembarcaba en los 80, de la mano del Alcampo, que en aquellos primeros años vivieron su particular época dorada. Hubo que adaptar a España estos modelos importados que doblegaban la manera tradicional de comprar, cambiando definitivamente las rutinas y el entretenimiento familiar, y poniendo al alcance del consumidor una variedad de productos que nunca había tenido ante sí. El cliente tuvo que aprender a comprar y las cadenas, a conocer a sus clientes y su territorio de influencia en un momento con apenas oferta, entendida desde la perspectiva actual, si bien solo tres meses después abriría el Corte Inglés de Zaragoza como otro hito del comercio en España.

“Los primeros años fueron brutales, había filas y filas, y no dábamos abasto”, dice Mariví, quién recuerda cómo tuvieron que hacerse con el calendario de las fiestas regionales de la zona de influencia, como los días de San Francisco Javier y la llegada de los navarros, que acudían en masa aprovechando su día festivo en la Comunidad Foral. “Yo empecé de cajera, y el día de San Javier del año 87 fue mi primer día de encargada y aún me acuerdo: pasaron 1.617 clientes, y el mismo día del año siguiente, 1.535.”, rememora con pasmosa precisión. No en vano, el centro comercial se convirtió en polo de atracción no solo para Zaragoza y su entorno, sino que recibía la afluencia de clientes de los pueblos de Aragón y de las regiones limítrofes.

“Estaba el Corte Inglés y el Alcampo, entonces no había nada más, y te ibas a pasar el día y a Zaragoza y a comprar y muchas veces parábamos a comer o a cenar”, recuerda Mari Cholíz, de Ejea de los Caballeros. “Además a mis hijas, que entonces eran pequeñas, les gustaba mucho ir y poder elegir la comida, que era muy apetitosa”.

Con los años el establecimiento experimentaría cambios, reformas y actualizaciones hasta llegar al contexto actual. Por el momento, la galería comercial guarda silencio sobre los futuros usos del espacio que ahora quedará vacante, en un escenario comercial en el que la feroz competencia entre las grandes superficies y la coyuntura económica obligan a la constante reformulación y a idear nuevos incentivos para mantener y atraerse flujos de clientes.

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