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El Ebro de 'El Quijote'

El río tiene un hueco en la obra cumbre de la literatura en castellano escrita por Miguel de Cervantes en el siglo XVII.

Sancho, gobernador de la Ínsula, en un grabado de 1798
Sancho, gobernador de la Ínsula, en un grabado de 1798
BNE

Vivió el hidalgo Don Quijote de la Mancha múltiples aventuras, y como siempre desdichadas, en tierras aragonesas y algunas de las más conocidas están relacionadas con el Ebro: el pasaje en el que confunde una sencilla barca de madera con un barco encantado y el gobierno de Sancho Panza en la Ínsula Barataria, ubicada en la localidad zaragozana de Alcalá de Ebro.

Cuenta Cervantes que se dirigían Don Quijote y Sancho a las justas de Zaragoza y, sobrados de tiempo como iban, decidieron conocer primero las riberas y "todos aquellos contornos" y buscándolas cabalgaron durante días.

Cuando al fin dieron con el río, el encuentro no pudo ser más satisfactorio. Ver el Ebro por primera vez "fue de gran gusto a don Quijote, porque contempló y miró en él la amenidad de sus riberas, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso y la abundancia de sus líquidos cristales, cuya alegre vista renovó en su memoria mil amorosos pensamientos" (capítulo XXIX de la segunda parte).

Miró en él la amenidad de sus riberas, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso

Lo ídilico de esa vista duró poco, pues rápidamente contempló el hidalgo caballero una pequeña barca de pescadores amarrada a una de las orillas que su locura le hizo confundir con un barco encantando y, como su deber de caballero imperaba, no le quedó otra que intervenir para socorrer a quien estaba en apuros.

La aventura acabó con la barca de pescadores hecha trizas en las ruedas de un molino que Don Quijote confundió con una fortaleza y con el caballero y su escudero en las aguas del Ebro, de las que fueron rescatados por molineros mientras los dueños de la maltrecha embarcación reclamaban ser compensados.

Esta y el resto de andanzas de Don Quijote en Aragón están recogidas en un libro firmado por el periodista de HERALDO DE ARAGÓN Alfonso Zapater ('El Quijote en Aragón', editado por Ibercaja).

Y es que el protagonismo de Aragón y del Ebro en El Quijote es considerable a lo largo de la segunda parte de la obra y, desde luego, no es casualidad, porque tradicionalmente se ha apuntado que Cervantes escribió parte de su obra cumbre en Pedrola, donde estuvo hospedado algunas semanas en el palacio ducal y que precisamente fueron estas estancias las que le inspirarían a crear a los socarrones duques de Villahermosa de la obra, que tanto se rieron a costa del hidalgo caballero y de su fiel Sancho.

Pero sin duda el episodio clave de El Quijote que transcurre en Aragón, y también uno de los más relevantes de toda la obra por su significado, es el gobierno de la Ínsulta Barataria que se le otorgó a Sancho Panza y en el que pudo demostrar sus dotes de hombre justo.

Para crear esta aventura no se inspiró Cervantes en una isla de verdad, sino en Alcalá de Ebro, un municipio que quedaba aislado con cada crecida del río.

"Hoy día, a tantos de tal mes y de tal año, tomó la posesión desta ínsula el señor don Sancho Panza, que muchos años la goce", así quedó escrito en la novela y así reza una placa que se dispuso en Alcalá para recordar a los vecinos y a los visitantes que Alcalá tiene un hueco inmortal en la obra más famosa de la literatura en castellano.

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