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Zaragoza

La falta de mantenimiento deja baldosas sueltas y pavimentos degradados por toda la ciudad

El Ayuntamiento invierte desde 2012 un 87% menos
que en 2007 en
su conservación.

Baldosas sueltas en el puente de Casetas
El puente sobre las vías del tren a su paso por Casetas "necesita mantenimiento"
T. M.

Las hay excesivamente estrechas, con bordillos machacados, con obstáculos por el camino, con rebajes inexistentes... Los problemas con las aceras de la ciudad son muy variados, pero en los últimos años casi todas tienen un denominador común: su mal estado de conservación. La consecuencia son pavimentos muy deteriorados y baldosas sueltas o directamente rotas que provocan remojones en los tobillos de los viandantes cuando llueve y, en el peor de los casos, tropezones que pueden causar accidentes.

Se trata de un fenómeno general que, en diferentes grados, afecta a toda la ciudad. Tan solo se libran calles muy céntricas y turísticas como la plaza del Pilar, donde las brigadas municipales están más pendientes de reponer las baldosas rotas. Las estrecheces presupuestarias obligan, y han provocado que en los últimos años el dinero destinado a estas reparaciones se haya reducido drásticamente.

En 2007 el Ayuntamiento de Zaragoza destinó 1.618.405 euros a estas labores, procedentes de diferentes partidas presupuestarias como mantenimiento de aceras, mejoras en parques, plazas y zonas peatonales, operación aceras –la versión ‘peatonal’ de la operación asfalto–... Durante los años siguientes, poco a poco las disponibilidades presupuestarias fueron cayendo. Eso sí, la ciudad se benefició de los fondos estatales de inversión local del gobierno central, que permitieron la remodelación integral de un buen número de calles en casi todos los barrios de la ciudad.

La caída en picado de la conservación comenzó en 2010 (295.599 euros invertidos) y tocó suelo en 2012 con 215.832 euros, cantidad que se ha mantenido hasta el presupuesto actual. Se trata de un 13% de lo destinado en época de ‘vacas gordas’. El Ayuntamiento siempre ha mantenido que durante estos años de estrecheces presupuestarias la prioridad es la acción social, por delante de las grandes inversiones en reparación de aceras o calzadas –de hecho, las últimas operaciones asfalto también han sufrido los rigores de la crisis–.

Fuentes del Área de Infraestructuras reconocieron que los fondos para el mantenimiento de las aceras han caído de forma importante, y que después de varios años, los previos a la Expo de 2008, de inversiones muy potentes, últimamente las partidas presupuestarias se han resentido. Además, defendieron que lo que se intenta ahora es ‘estirar’ estos escasos recursos para tratar de llegar al mayor número de calles posible. El año pasado, aseguraron las citadas fuentes, se retocaron 1.386 viales de la ciudad con tramos de asfaltado, eliminación de baches o reparación de baldosas). Se trata del 43% de las calles de la ciudad, y casi 400 más que en 2012.

«Están bastante dejados»

Las asociaciones de vecinos recogen con frecuencia las reclamaciones de muchos zaragozanos que sufren el mal estado de sus calles. La presidenta de la Federación de Asociaciones de Barrio de Zaragoza, Nieves Boj, admite que los pavimentos «están bastante dejados», y señala que habría que mejorar «en los rebajes para hacer una ciudad más humana». Boj también opina que «se tendría que volver a esas operaciones aceras que se hacían». Sin embargo, manifiesta que dadas las circunstancias económicas, esta inversión «no es la principal prioridad que hay».

Por su parte, Manuel Ortiz, presidente de la Unión Vecinal Cesaraugusta, cree que «hay muchos desperfectos», y que las actuaciones que se hacen «se quedan muy cortas». «Hay muchas baldosas levantadas y alcorques vacíos que son un peligro, porque sin un árbol dentro no hay percepción de que hay un obstáculo en el suelo», señala. Ortiz observa «aceras muy deterioradas» en todos los barrios de Zaragoza, y pide «que se mejore el mantenimiento de la ciudad consolidada», especialmente en los barrios más antiguos que, en general, sufren más el paso del tiempo y la falta de inversión.

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