Zaragoza

Más de 13.000 visitantes en el pueblo viejo de Belchite desde que se cobra entrada

El Ayuntamiento ha obtenido más de 45.000 euros que pretende reinvertir en mejorar las visitas.

Fotos de los lectores en verano (II)_2
IVáN RODRíGUEZ

Tras unos primeros meses de incertidumbre ante la respuesta del público, parece que la apuesta del Ayuntamiento de Belchite por empezar a cobrar entrada por acceder a las ruinas del pueblo viejo han cumplido con las expectativas. En poco más de 12 meses, más de 13.000 visitantes han pasado por las nuevas taquillas instaladas al lado de la antigua villa, destruida durante la Guerra Civil y maltratada por el tiempo.

El pequeño consistorio zaragozano (PSOE) aprobó hace ahora un año con el apoyo de todos los grupos políticos cerrar el acceso libre a las ruinas, controlándolas mediante un sistema de visitas guiadas con un coste de 6 euros. La medida, que fue recibida con opiniones encontradas entre los visitantes, basó su argumento principal en el "control del vandalismo, el expolio y la prevención de posibles problemas de seguridad" que durante los últimos años se venían denunciando.

En un principio, desde el pueblo nuevo de Belchite se estimaba que a pesar del cobro unas 12.000 personas se pasarían cada año por el nuevo recorrido que cuenta con unos servicios de visita guiada de una hora de duración aproximada. Sin embargo, al cerrar el 2013 tras 9 meses de implantación, 11.349 personas se habían dejado caer -esta vez pagando- por las ruinas del antiguo pueblo. A esta cifra hay que sumarle además, según se explica desde el Área de Turismo belchitana, las 1.000 personas que aproximadamente han seguido acercándose durante los primeros meses del 2014.

Según los datos ofrecidos por el consistorio, de todo el público que pasó por taquilla un 11% eran extranjeros, destacando además que el 80% de las visitas provenían de otros territorios españoles fuera de Aragón.

"Hemos tenido meses más flojos, pero las expectativas se han cubierto de sobra", comenta José Carlos Salavera, Director Técnico de Belchite Turismo. "Antes Belchite ya tenía mucha fuerza, pero ahora presenta un plan turístico cuidado y que ha conseguido que hayan aumentado las visitas de turistas extranjeros de manera notable, especialmente de colegios franceses que antes descartaban Belchite en su ruta por el riesgo que suponían los desprendimientos", explica Salavera. En la actualidad, Belchite espera tener además a final de verano un hotel operativo en el entorno de las ruinas, algo que ya se quiso impulsar la pasada campaña, pero que se ha retrasado y sigue a la espera de adjudicación.

45.000 euros recaudados

Durante este tiempo el Ayuntamiento ha recaudado gracias a las visitas guiadas algo más de 45.000 euros -hay tarifas reducidas y los vecinos tienen acceso gratuito-, dinero que se utilizará para la mejora del servicio, así como para consolidar los desperfectos más graves que puedan sufrir las ruinas, abandonadas durante los últimos 40 años desde que los últimos vecinos se mudaran a la parte nueva.

Desde el pueblo zaragozano se asegura que el cambio llegó también a raíz de los problemas de conservación que habían generado la dejadez y lentitud de las actuaciones de las Administraciones aragonesas y nacionales. Y es que, pese a estar declarado Bien de Interés Cultural y haber sido fuente de inspiración de numerosas obras tanto literarias como cinematográficas, el pueblo viejo de Belchite llevaba años dejando patente su deterioro por el paso del tiempo. No en vano, ya en 2002, la parte superior de la Torre del Reloj se desprendió poniendo en peligro parte del complejo, cuya mayor restauración fue realizada en 2008 cuando se adecentó el Arco de la Villa.

"Por parte del Ayuntamiento no podemos intervenir en materia cultural, que depende de Patrimonio, pero gracias a estos ingresos sí que podemos hacer pequeñas intervenciones para evitar problemas o desperfectos que a la larga acaben causando problemas", comenta Salavera.

La visita guiada, que puede reservarse por internet, es ofrecida por vecinos del pueblo nuevo a través de un itinerario cerrado que impide la entrada a las iglesias y conventos, lo que no ha sido bien recibido por parte de los turistas que han acudido hasta las ruinas.

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