Zaragoza

Emigrantes aragoneses

"La vida en Brasil es más complicada de lo que suele aparecer en los medios"

Ignacio Juárez, de 50 años, dejó su trabajo de funcionario en Zaragoza y emigró hace un año y medio con su mujer, brasileña, a Brasil, donde trabaja de profesor de español.

Ignacio Juárez, en Brasil
"La vida en Brasil es más complicada de lo que suele aparecer en los medios"
I.J.

Ignacio Juárez, de 50 años, trabajó durante veinte años como funcionario del Gobierno de Aragón. Su último puesto de trabajo fue en el servicio público de empleo. "Allí me tocó ser testigo del 'derrumbe' del mercado laboral y conocí de primera mano innumerables dramas personales tanto de españoles como de extranjeros", cuenta este madrileño de nacimento y aragonés de corazón. Ha vivido en Zaragoza desde 1991 hasta febrero de 2012, cuando decidió dar un giro radical a su vida y empezar de nuevo en Brasil.

Cuenta su historia desde Anápolis, una ciudad de 500.000 habitantes en el centro de Brasil. "Conocí a mi esposa en 2006. Tras casi dos años de vernos de seis en seis meses, nos casamos en Brasil en 2008. Ella dejó su empleo estable y vino a vivir conmigo a Zaragoza. Desgraciadamente la situación económica ya estaba tocada y ella nunca pudo encontrar trabajo. Hizo un máster en la Universidad de Zaragoza. Después decidimos venir a Brasil porque aquí estaban sus hijas y porque yo me sentía 'fosilizado' en mi trabajo de funcionario, explica.

Ignacio trabaja de profesor de español en Goiâna, la capital del estado de Goiás. Antes de emigrar, se formó en España como profesor de español y como examinador del Instituto Cervantes. Ahora va a empezar un postgrado y le gustaría poder trabajar de profesor en la universidad. "Goiás es un estado muy alejado de los estereotipos de samba, playas y caipiriñas con los que solemos identificar este país. Sus principales fuentes de riqueza son las explotaciones agrícolas y las industrias farmacéuticas. La complejidad social, cultural, política y económica de este país es enorme", subraya.

Ignacio desmonta muchos tópicos sobre Brasil. "La vida aquí es más complicada de lo que suele aparecer en los medios de comunicación: transportes públicos deficitarios y caros, sanidad pública de muy baja calidad, inseguridad... Aunque no faltan oportunidades de empleo, los trabajos suelen ser mal pagados y con horarios abusivos. La enseñanza es una de las profesiones peor remuneradas. Y la vida es muy cara", afirma.

De Brasil destaca que es "un pueblo muy emprendedor" y "casi siempre alegre". "Ahora se nota una gran pujanza económica con el tema del Mundial de Fútbol de 2014 y las Olimpiadas de 2016. Algunas voces dicen que tras estos eventos su economía se ralentizará. Cuando veo tantos coches nuevos y tantos edificios en construcción me acuerdo de España hace unos años. Ojalá no cometan los mismos errores", reflexiona.

Sobre su experiencia migratoria apunta: "Creo que las personas deben ir a donde se sientan a gusto y realizadas a nivel personal, profesional y familiar. Hoy en día el mundo es una 'aldea' que puede atravesarse en unas horas de avión. No es como cuando nuestros abuelos cogían un barco y pasaban años y años sin noticias de ellos. Sin embargo, emigrar por obligación laboral es duro y no debería edulcorarse con tanta facilidad con eufemismos como 'movilidad' o 'enriquecimiento del currículum'. Siempre que uno emigra hay un desgarro interior, no solo en los que se van, sino también en los que se quedan".

Él echa de menos a su hija Amaya, de 22 años, a su hijo Andrés, de 17, a su padre y a sus hermanos. "Y cuando veo las fotos de la plaza del Pilar aún se me pone un nudo en la garganta. Pero creo que solo tenemos una vida y hay que intentar vivirla lo mejor posible valorando todo lo que tenemos alrededor", asegura.

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