Zaragoza

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¿Quién pasea con una katana por Zaragoza?

Sprays de pimienta, navajas, pistolas eléctricas, katanas... cada año la Policía Local interviene medio millar de objetos potencialmente peligrosos.

Cuchillos de una operación a gran escala
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Puede que Hattori Hanz?, el maestro creador de las katanas del universo Tarantino, haya encontrado un nicho de mercado en Zaragoza. Sin llegar al extremo de las películas 'Kill Bill', en las que este nipón surtía de espadas a todo aquel que tuviese dinero para comprarlas, también en la capital aragonesa se da algún que otro mandoble imprudente. No en vano, la Policía Local decomisó hasta siete armas de este corte solo en 2012 mientras eran portadas por su dueño de manera inapropiada.

No es el único objeto potencialmente peligroso que fue intervenido por los agentes municipales a lo largo del año pasado. Quizá 61 zaragozanos no lo supieran, pero no es posible llevar una navaja con una hoja de un tamaño superior a los ocho centímetros. Tras la correspondiente multa y la pérdida del objeto, es probable que no vuelvan a pasear con ella en el bolsillo.

La lista de objetos intervenidos en un solo año es interminable. Alcanza un total de 457 instrumentos de todo tipo y color, abarcando desde los prohibidos sprays 'antivioladores' de pimienta (se decomisaron 26) hasta 111 cuchillos de diferentes tamaños. El listado tampoco queda huérfano de puños americanos, palos de madera, barras metálicas, bates o bisturíes.

No son las únicas armas decomisadas el pasado año, ni tampoco las más peligrosas, pues los agentes de la Local se hicieron con dos escopetas de caza y 110 cartuchos de diferentes calibres. En este particular museo también hay hueco para las rarezas, como las pistolas eléctricas, conocidas como 'tasers' (se incautaron dos) e, incluso, 13 pistolas simuladas.

Se trata, en líneas generales, de "elementos que pueden utilizarse para acometer una agresión física o una intimidación", explican fuentes policiales. "Estas se pueden aprehender en cualquier situación en la que se perciba cierto peligro: un control rutinario de un vehículo, en el transcurso de una pelea, tras observar un comportamiento sospechoso en la calle...", concluyen estas mismas fuentes.

Tras poner la preceptiva denuncia al portador del arma (que recoge a la ley de Seguridad Ciudadana), los efectivos municipales proceden a enviar los objetos a la autoridad competente, bien corresponda a la Delegación de Gobierno o a la Guardia Civil. Desde estos organismos se decide qué hacer con ellos, aunque en la mayor parte de los casos se procede finalmente a su destrucción.

Destrucción o subasta

A este particular arsenal que los zaragozanos pasean por su ciudad deben sumarse las armas de fuego que los agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil decomisan cada año y que, periódicamente, destruyen o sacan a subasta pública. Una vez retiradas, el juez dicta sentencia sobre el futuro de las mismas: la devolución a su dueño, la subasta si se trata de armas legales, o la destrucción, que es lo más habitual. Aquellas que no vuelven a su hogar pasan a una subasta, donde el dinero recaudado se destinará a cubrir las costas judiciales o, en última instancia, al Tesoro Público.

Policías, guardias civiles y militares y algunas personas con licencia de arma corta, como armeros, joyeros y tiradores federados, constituyen el reservado grupo de personas a las cuales se les permite adquirir armas cortas, cuyo precio oscila entre los 30 y 600 euros. Solo con una: no se conoce el origen de las armas. Nadie sabe si se empleó en un asesinato, si sirvió para causar el pánico en un secuestro o si se encontraba oculta trás un ladrillo.

Las armas que finalmente desaparecen lo hacen en un proceso de fundición del que participan también otros artefactos peligrosos como armas detonadoras, cuchillos, navajas, espadas, armas prohibidas y bates de béisbol, entre otros. Incluso, de vez en cuando, alguna que otra katana. Tan solo unas pocas privilegiadas acceden a la llamada tercera vía: el museo de la Guardia Civil. En él recalan aquellas que, por razones históricas o artísticas, merece la pena conservar.

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