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Zaragoza

Plaga

Los expertos prevén que este año apenas habrá mosca negra gracias a las crecidas del Ebro

El agua ha arrastrado muchas algas y, con ellas, a las crías. Casi no se están detectando ejemplares adultos.

Picaduras de la mosca negra
Los expertos prevén que este año apenas habrá mosca negra gracias a las crecidas del Ebro
JOSÉ MIGUEL MARCO

La diminuta y voraz mosca negra ha encontrado un enemigo a su altura. El Ebro, el mismo que abriga a su especie durante las semanas de gestación, se ha convertido este año en un hábitat mezquino y casi incompatible con su supervivencia. Las riadas de los últimos meses (van cuatro desde enero) han arrancado miles de algas y plantas acuáticas y, con ellas, millones de huevos de mosca negra.

Las hembras depositan estos huevos en los ríos y, en la fase larvaria, las crías se fijan a los macrófitos (algas). Las puestas masivas comienzan con el calor y desencadenan todo un proceso (las larvas se convierten en pupas) que acaba cuando los ejemplares, ya formados, ascienden a la superficie y comienzan a buscar su alimento en las personas y los animales.

Sin embargo, la crecida sostenida del río en estos meses y, por consiguiente, la fuerza y la velocidad del agua, han expulsado literalmente a las crías de su lugar de crecimiento. Muchas algas han sido arrastradas a las orillas, donde se han secado, y otras se han marchado con la corriente. La pátina del Ebro a su paso por Zaragoza no tiene hoy nada que ver con la estampa de hace un año, cuando los macrófitos inundaban el cauce y cuando se registró una oleada sin precedentes de picaduras de este insecto que comenzó ya en los meses de abril y mayo: los centros de salud aragoneses atendieron 27.034 urgencias por picaduras, la mayor parte, 16.082 en Zaragoza capital. Esto sin contar a los ciudadanos que, aunque fueron atacados, no acudieron a los servicios sanitarios.

Sobre el terreno

Javier Lucientes, coordinador del Grupo de Trabajo de la Mosca Negra (están representados la CHE, los ayuntamientos afectados, las diputaciones provinciales y la DGA) ratifica que apenas han contabilizado por el momento ejemplares adultos en la zona del Ebro, algo que no tiene nada que ver con lo que ha ocurrido en los dos últimos años. No obstante, insiste en que sí que han aparecido aguas abajo.

«La puesta de marzo y abril no está prosperando o al menos no va a ser ni de lejos como las de años anteriores, lo que minimiza sobremanera los problemas que se sufren habitualmente en mayo y junio. Después, con los ejemplares adultos que haya ahora, habrá nuevas puestas, y ya se irá viendo», afirma. Además, apunta a que muchos ejemplares han fallecido por el arrastre de macrófitos y que otros han podido hacerlo en la última fase de la fase de reproducción. «En el estuche de la pupa se forma el adulto. Al final, este hace una pequeña burbuja de aire que emerge a la superficie y que, en muchos casos, también habrá sido arrastrada», comenta.

La percepción es compartida por los miembros de Volunta-Ríos, que recorren el río con frecuencia todo el año. «En 2012 empezamos a tener que protegernos contra ellas ya en marzo, y en mayo ya había un pico», explica el coordinador, Ismael Sanz. «No he visto ninguna en marzo ni en abril, lo que es señal de que la invasión este año, de entrada, es casi inexistente y, al menos, se retrasará», valora.

En su caso, asegura que el fenómeno es también palpable en el río Gállego, y de nuevo, por las avenidas. «Esto debe de servir para ver que las crecidas son necesarias y que no se puede andar cambiando continuamente el curso del río y su caudal. Incluso desde los pantanos deberían provocarse crecidas ecológicas y controladas», añade.

Dinero y planes conjuntos

No obstante, eliminar esta plaga es tarea imposible. Una vez que la especie ha llegado hasta aquí, hay que interpretar la situación de este año como un golpe de suerte y disfrutarla el tiempo que dure.

En los dos últimos años se han gastado ingentes cantidades de dinero por parte de ayuntamientos e instituciones para fumigar y limpiar el cauce. Y se han llevado a cabo acciones de alto alcance, incluso por parte del Ejército. En junio de 2012, regimientos de Pontoneros y la Unidad de Veterinaria de la Agrupación de Sanidad número 3 colaboraron con un equipo de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza en un estudio sobre la mosca negra en el río Ebro a su paso por Monzalbarba.

No obstante, sigue faltando una inversión suficiente para tratar el problema. El Gobierno catalán ha tendido la mano a Aragón para que se hagan acciones conjuntas, ya que ambos llevan cientos de miles de euros invertidos para frenar la plaga. De hecho, el pasado mes de marzo se dio a conocer un informe que concluyó que para erradicar la plaga de mosca negra solo en los ríos Flumen, Alcanadre y Cinca habría que invertir 283.400 euros, destinados a las comarcas de Bajo Cinca, Cinca Medio y Monegros.

Más que una molestia

Las reacciones alérgicas que causan estos simúlidos cuando pican (no muerden, al contrario de lo que muchos piensan) pueden ser de gravedad. La mandíbula de la mosca negra no solo rasga la piel, sino que libera un anestésico, un anticoagulante y un vasodilatador, entre otras sustancias, con las que consigue sacar la mayor cantidad de sangre posible y que el picado lo note con cierto retraso.

Como apenas se ven, es muy difícil quitárselas de encima, y además pueden trasladarse a otros lugares que están a entre 20 y 30 kilómetros. Atacan a cualquier hora, pero principalmente a primeras horas del día o última hora de la tarde. Algunas cremas y remedios han ido ganando fuerza entre los ciudadanos, y son los alérgicos los que se llevan la peor parte.

El año pasado, se registraron más de 27.000 atenciones en Aragón y solo un año antes habían sido 22.506, con lo que el incremento fue del 20% (al que hay que sumar un aumento del 77% de 2010 a 2011). En 2012, hubo una semana nefasta, la última de junio, en la que se registraron 3.317 episodios en solo siete días.

Zaragoza capital fue la más afectada, con un 30% más de urgencias atendidas, y la zona de la avenida de Cataluña (más de mil afectados), Las Fuentes Norte, Santa Isabel y Zalfonada o el Arrabal fueron otros de los barrios más ‘sufridores’ de la voracidad del simúlido. En todas estas hubo más de 600 ciudadanos que resultaron ‘heridos’.

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