Zaragoza

Los efectos de la crisis

"Irse al extranjero no siempre es la solución"

Raúl Martínez, arquitecto zaragozano de 25 años, se fue a Holanda en bici en busca de trabajo. Vivió allí cuatro meses, no encontró empleo y ha vuelto con nuevos proyectos.

"Irse al extranjero no siempre es la solución"
P. F.

Raúl Martínez, arquitecto zaragozano de 25 años, es uno de los miles de jóvenes que cada año se van de España en busca de trabajo. No lo encontró, pero ha vuelto cargado de experiencias, con energía y nuevos proyectos.

Su viaje fue un tanto particular: decidió ir pedaleando desde Zaragoza a Ámsterdam (unos 2.000 kilómetros), con paradas en Barcelona (para recoger el título en la universidad y ver a amigos), Lyon (ir a una boda) y Bruselas. Partió el 10 de septiembre y llegó a la capital holandesa el 19 de octubre. Viajaba sin mapas ni prisa, preguntando a la gente, guiándose por los carteles, perdiéndose por carreteras secundarias.

"El viaje fue duro, con etapas de ocho y nueve horas en bici, pero la experiencia fue muy buena, como fui contando en mi blog. Conocí a gente maravillosa. Me ofrecieron alojamiento y me ayudaron a reparar la bici. Casi todos los días encontré casa para dormir gracias al 'couchsurfing': una red de personas que ofrecen gratis un sofá o una cama. Y algunos días también dormí al raso", cuenta.

Tres entrevistas

En Holanda, se instaló en la ciudad de Delft, donde compartió habitación con un amigo en una residencia. Mientras, se puso a buscar trabajo. Mandó decenas de currículums y se dirigió personalmente a empresas y despachos de arquitectos. Pronto se dio cuenta de que tampoco allí era fácil encontrar un empleo.

"Lo máximo que conseguí fue hacer tres entrevistas y que en una me ofrecieran trabajar gratis si yo mismo me gestionaba una beca con España. En todos los sitios me pedían saber holandés, también en las empresas de trabajo temporal. Un arquitecto me preguntó que por qué había ido a Holanda y no a Alemania. Fue frustrante, me estrellé. Entonces decidí que para estar alli esperando, era mejor volver", resume.

Y volvió -en avión- el 8 de enero. "No me arrepiento de haberme ido, seguí una intuición. No lo veo como un fracaso, sino como una experiencia. Irse al extranjero no siempre es la solución. Puede ser bueno, pero quedarse también. La clave es el cambio, moverse, hacer cosas. Ahora vuelvo a empezar y tengo varios proyectos", reflexiona.

Raúl está en contacto con varios arquitectos, da clases a estudiantes y colabora con su novia, que está montando una empresa de lápidas. Un amigo, diseñador gráfico, le ha propuesto hacer un libro. Y en el futuro planea nuevos viajes en bici.

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