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Zaragoza
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Los efectos de la crisis

"Estoy asfixiada por las deudas, la crisis y las enfermedades"

Pilar Fernández, viuda de 58 años, cuenta los problemas económicos que sufre tras morir su marido y tener que cerrar la empresa familiar. Además, su salud es delicada.

Pilar, en su piso de Zaragoza
"Estoy asfixiada por las deudas, la crisis y las enfermedades"
P. F.

Hace tres años, Pilar Fernández, de 58 años, vivía bien (lo bien que se puede estar tras haber vencido al cáncer en tres ocasiones). Su marido tenía una empresa de formación, que les permitía vivir cómodamente. Pasaban su tiempo entre su piso de Zaragoza y su casa en las Lomas del Gállego (en Zuera). Salían a comer o cenar y de vez en cuando hacían algún viaje.

Pero a finales de 2010, la empresa empezó a ir mal y tuvieron que pedir varios créditos. Y en junio de 2011 su marido falleció de un infarto en una reunión de trabajo. A los problemas de salud se sumaron los económicos.

"Mucha gente dejó de pagarnos. Solo una empresa de Andalucía nos debía 60.000 euros. Tras la muerte de mi marido y con el cierre de su empresa a mí me han quedado deudas de más de 100.000 euros. Debo dinero al banco, a mi madre, a mis hijas. Vivo asfixiada por las deudas y la crisis. Y mi salud es débil", cuenta Pilar. Además de haber pasado tres cánceres, padece fibromialgia, diabetes y depresión.

Ella vive en su piso en La Bombarda con su hija pequeña, de 22 años, que está terminando su segunda carrera, y su madre, que está enferma y a la que cuida. Tiene otra hija de 30 años, que se casó recientemente. Cobra una pensión de invalidez y una de viudedad, que entrega íntegra al banco para ir pagando poco a poco sus deudas.

Está intentando vender su casa en las Lomas para solucionar sus problemas económicos. "Vivíamos allí varios meses al año, era como nuestra segunda casa, en ella invertimos todos nuestros ahorros. Pero ahora no puedo asumir los gastos de mantenimiento. Hace tiempo que la puse en venta y he bajado el precio, pero en estos tiempos no es fácil", apunta.

"Sé que mi situación es privilegiada comparada con otros casos. Pero estoy agotada psicológica y físicamente. Mi vida ha cambiado. He hecho muchos recortes en el día a día: prácticamente no salgo de casa, no voy en coche para no gastar, he renunciado a masajes y tratamientos médicos privados que me ayudaban mucho, he cambiado los hábitos de compra, ahora compro muchas cosas de marca blanca, he vuelto a la cocina de la abuela...", cuenta.

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