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Medio ambiente en Zaragoza

Alertan del peligro de que desaparezcan los sotos

El 20 de mayo y el 17 de junio se han organizado dos salidas ciclistas a los sotos de Cantalobos y Las Perlas y el Canal Plaza, respectivamente para concienciar sobre la necesidad de conservar los sotos de ribera.

Paseo en bici junto al Ebro en Zaragoza
Los sotos de Zaragoza en bici y en familia

Organizaciones ecologistas alertan del peligro que presentan los sotos de Zaragoza, que además de poco conocidos y valorados, están desapareciendo lentamente debido a la roturación de los campos y el descenso del nivel freático.

Si se cuentan los sotos de localidades próximas a Zaragoza, Utebo y Pastriz ascenderían hasta treinta, y más de 600 hectáreas de extensión, más que la suma de los grandes parques de Zaragoza y "con mucho más arbolado al ser auténticas selvas", señala el portavoz de la Asociación Naturalista de Aragón (Ansar), Mariano Mérida.

Benedicto, la Mejana, la isla de Urzaiz

Sin embargo, solo Ranillas y Cantalobos se conocen por un sector de la población, mientras son muy desconocidos otros como Benedicto, la Mejana o la isla de Urzaiz. Para dar a conocer esta riqueza natural, Ansar y el proyecto Voluntarios en colaboración con Caja Inmaculada han organizado para el 20 de mayo y el 17 de junio dos salidas ciclistas para conocer los sotos de Cantalobos y Las Perlas y el del Canal Plaza, respectivamente.

Estas excursiones incluyen charlas sobre el estado de los ríos y riberas para concienciar sobre la necesidad de su conservación, dado que, en el caso de los sotos, desde mitad del siglo pasado se han perdido en torno al 60 por ciento, fundamentalmente debido a la roturación para el aprovechamiento agrícola.

En estos momentos la falta de caudales en el Ebro y otros ríos hace que los niveles freáticos estén muy bajos, las raíces de los árboles no puedan absorber el agua y los bosques se secan y mueren y por ende toda la fauna asociada a ella.

Cantalobos, un ejemplo

Mérida señala que Cantalobos es un ejemplo de ello, ya que al ser un soto que se ha quedado elevado respecto al cauce y, al no haber avenidas salvo escasos años, el 30% de su vegetación se ha muerto y el resto del arbolado presenta escasez de hojas.

La existencia del azud y la construcción del puente del Cuarto Cinturón ha supuesto la incisión del río y un agujero del que se extrajeron 40.000 metros cúbicos de grava.

Además, el agua que recibía por los drenajes de los riegos de la huerta se anularon con la construcción del camino a La Alfranca.

Sin embargo, desde Ansar destaca el esfuerzo que han hecho las distintas administraciones para dar los permisos necesarios y que el propietario de la finca permita la instalación de riegos al soto.

Un trámite en el que solo falta que el sindicato de regantes de Miraflores de permiso al uso del riego.

Pero para Ansar, el problema fundamental es que los ríos lleven agua y que no se derive toda para riegos porque "cuando el río se muere lo hace toda la vida asociada a él" y ya se empiezan a detectar problemas con las plantas acuáticas para este próximo verano.

Esta organización ecologista recuerda que los sotos son las "grandes depuradoras de la naturaleza", son parte importante para la seguridad de la ciudad porque en avenidas extraordinarias los bosques actúan como vasos de dilatación y frenan la velocidad de la corriente y son "fundamentales" para la biodiversidad.

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