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Casi la mitad de los árboles singulares de Zaragoza ha muerto o está en mal estado

Según denuncia Ansar, de los 65 conjuntos catalogados en la capital aragonesa en 2005 han muerto 12 y 16 necesitan "una intervención urgente".

El centenario laurel de Torrero
Casi la mitad de los árboles singulares de Zaragoza ha muerto o está en mal estado
T. M.

Corría el año 2005 cuando el Ayuntamiento de Zaragoza hizo público un listado con los 65 árboles singulares -o monumentales- de la ciudad. Se trata de un catálogo de ejemplares únicos, que destacan por su antigüedad, tamaño, singularidad o relevancia histórica. Del total de conjuntos, la carrasca del parque Bruil, el roble de San José o el laurel de la antigua cárcel de Torrero son tal vez los más conocidos, desgraciadamente por la necesidad de un cuidado especial ante su complicado estado de salud.

No son los únicos. Siete años después de la catalogación, 12 árboles han muerto y otros 16 precisan "una intervención urgente", según aseguran desde la Asociación Naturalista de Aragón (ANSAR). La organización atribuye esta situación al Consistorio, al que acusan de cierta "dejadez".

Según explica Ismael Sanz, miembro de ANSAR, los mejor conservados están ubicados en zonas ajardinadas, donde tienen un regado constante y el cuidado de los operarios de Parques y Jardines, y en terrenos privados, en los que "los dueños son conscientes de lo que tienen en sus fincas y saben valorarlo y cuidarlo". El resto de árboles singulares que se encuentran en la vía pública "los tenemos, por norma general, totalmente abandonados", asevera Sanz.

En el seno del Consistorio de la capital aragonesa se está trabajando en una ordenanza de arbolado urbano, con un contenido general que atiende a todo el espectro verde de la ciudad, con especial atención a los árboles que forman parte del inventario.

Con esta normativa se pretende poner las bases de la recuperación de los 16 ejemplares en peligro y del bienestar de aquellos árboles que, en un futuro, pudieran entrar en la catalogación de monumentales. Sin embargo, diferentes asociaciones naturalistas de la ciudad apuntan que, sin una partida específica, esta ordenanza no servirá de nada. Es por ello que varios colectivos tienen planeado presentar alegaciones a los presupuestos municipales para que se tengan en cuenta estos conjuntos naturales.

Más allá del futuro articulado, el concejal de Izquierda Unida Pablo Muñoz explica que, desde su grupo en el Ayuntamiento, se ha planteado una iniciativa para "poner en marcha un protocolo de actuación rápida en el supuesto de que alguno de los árboles monumentales sufra un peligro, de modo que se tenga una consideración específica" con ellos.

Diferentes daños

No todos los árboles experimentan enfermedades, ataques y daños similares. Tampoco precisan los mismos cuidados. El laurel de Torrero, por ejemplo, necesita "un apoyo para sus ramas estructurales", ya que la caida de otra de ellas -ya ha perdido dos- supondría una herida mortal para este majestuoso ejemplar. Su endeble posición responde a los ataques meteorológicos que ha recibido desde que quedó desprotegido de los antiguos muros de la prisión.

Diferente contratiempo padece la encina del parque Bruil, debilitada como consecuencia de las obras de que se realizaron a su alrededor, en las que se colocó unos sistemas de riego demasiado cercanos a sus raíces.

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