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Zaragoza
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Centro de protección animal

La emoción de una caricia

La protectora de animales Zarapeludos y el Centro Vértice de personas con discapacidad psíquica realizaron una terapia utilizando a los perros como motor de desarrollo.

Un cachorro tumbado en el centro
perrera
P. CORTÉS

Unos desprenden honestidad y bondad en cada gesto, en cada palabra. Los otros, a la espera del esperado encuentro, se despojan de cualquier tipo de rencor por lo sufrido y renuncian a la idea de no ser queridos. Tan solo les separa una verja metálica de un metro de altura y a cada lado, unos y otros desean, a su modo, comenzar la terapia.

Aquellos que prescinden de la maldad y no dejan de sonreir son los discapacitados psíquicos del Centro Vértice de Zaragoza que, desde hace más de una semana, no tienen otra ilusión que acudir al Centro de Protección Animal de la capital aragonesa. Allí, en el camino de la Cabañera en Peñaflor, les esperan los otros. Aquellos cachorros que, a pesar de haber sido abandonados, no desdeñan el instinto de dar y sentir aprecio, cariño.

A todos ellos les esperan las voluntarias de la protectora animal, Zarapeludos. "Es la primera actividad que realizo con ellos y solo con verles se siente un gran deseo de transmitir ese cariño con los animales", expresa Mili Muñoz, una voluntaria. Junto a ella se encuentra otra compañera, Cristina Ibarra, que muestra, minutos antes de comenzar la terapia, una gran emoción al poder participar en la ella: "Como persona esto te aporta todo, a la hora de poder dar una ayuda humanitaria", transmite.

Ese momento tan deseado llega en medio de una gran explanada verde que el centro posee para recreo de los animales. La primera reacción de los chavales con discapacidad fue una explosión de alegría, incluso entusiasmo en algunos instantes. Fue entonces cuando los juegos, caricias y abrazos se intercambiaron entre los cerca de 49 disminuidos del centro y los cinco perros.

Una terapia de sensaciones

Esta visita a Peñaflor supone el primer paso para el desarrollo de una terapia que llevara a los perros hasta el Centro Vértice. "Estos chavales son la primera vez que vienen pero en otros casos se ha dado que personas con parálisis cerebral han abierto una mano, después de muchos años, solo para acariciar al perro", explica Verónica Zamora, cuidadora de los jóvenes con discapacidad.

La esencia de esta terapia, coinciden todos, se concentra en un principio innato de los seres vivos: el amor. "Creo que lo más importante es el cariño que ellos pueden sentir acariciando y jugando con los perros porque estos solo transmiten amor", traslada Sergio Romero, gerente del centro de protección animal.

Además, uno de los secretos de estas terapias se encuentra en el pasado de los propios animales. Un remoto recuerdo, podrido en algunos casos, pero que no les ha llevado a renegar de ningún tipo de acercamiento humano, después de que fueran abandonados. "Estos animales son muy agradecidos porque tienen un sexto sentido ya que han surgido del abandono", refleja Carmen Bernal, presidenta de Zarapeludos.

Así, entre risas, alegría y muchos sentimientos, los jóvenes del Centro Vértice suben al autobús después de haber sentido la emoción de una caricia.

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