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Las farolas, soporte de propaganda masivo

Algunas luminarias apenas tienen espacio libre donde pegar un cartel, una práctica tipificada como falta dentro de la normativa municipal .

Las farolas se han convertido en improvisadas vallas publicitarias
Las farolas, soporte de propaganda masivo
T. M.

Lourdes Prado tiene 31 años y es licenciada en Magisterio. Estuvo trabajando cinco años en un centro educativo privado y desde hace uno está en el paro. La búsqueda activa de trabajo le ha llevado a pegar, “de forma masiva”, carteles en las farolas y marquesinas de la ciudad, ofreciéndose como profesora de clases particulares. “La crisis ha multiplicado los carteles de anuncios por todas partes. En según qué barrios casi es imposible encontrar un hueco libre en una zona visible”, cuenta la joven zaragozana, que reside en el barrio Oliver. Tal es así, que los propios anuncios se presentan incluso de formas originales. Los de Lourdes aparecen con un dibujo de una maestra delante de una pizarra y el tamaño del mismo es el de un folio. “Hay que llamar la atención como sea”, dice la profesora.

Y es que, especialmente las farolas, se han convertido en el soporte elegido por quienes buscan trabajo para ofrecer sus servicios. Es el caso de Conchi que, con 54 años, se presta para cuidar a personas mayores o a realizar trabajos domésticos. “Durante unos meses ponía anuncios en los periódicos, pero me costaban un dinero que necesito. Ahora, por lo menos, me sale gratis”, cuenta esta vecina de Valdefierro.

Pinto piso por 400 euros, cursos de inglés, venta de motos y alquiler de plaza de parquin son solo algunos de los anuncios más comunes que ‘decoran’ el mobiliario urbano de la ciudad, una práctica demasiado habitual entre los ciudadanos, pero que está tipificada como falta dentro de la normativa municipal, que dice, textualmente que “no está permitido cualquier acto que ensucie, perjudique o deteriore farolas, estatuas y elementos decorativos. Los causantes de su deterioro serán responsables no solo del resarcimiento del daño producido, sino que serán sancionados administrativamente de conformidad con la falta cometida”.

José Alfonso Rodríguez asegura, mientras pega un anuncio en una luminaria de la calle de Aldebarán, que conoce la ordenanza. “Sé que está prohibido, pero todo el mundo lo hace. La cosa está muy fastidiada y tenemos que buscar trabajo como sea”, dice este cerrajero a domicilio.

Un acto impune para algunos, pero que el Ayuntamiento incluye dentro de la partida destinada a actos vandálicos en marquesinas y mobiliario urbano y que asciende a 130.000 euros anuales. Por su parte, técnicos municipales aseguran que, “en efecto, el adhesivo deteriora la columna”. “Todos los días laborables hay gente limpiando las farolas y retirando los anuncios. Además, cada año se pinta una cuarta parte de las farolas de la ciudad, de manera que al cabo de cuatro años se ha completado el pintado de todas las unidades”, concluyen desde el Ayuntamiento.

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