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Zaragoza

Un clásico del comercio de Zaragoza

Fajas la Peña se despide del pasaje Palafox tras 45 años

El veterano negocio familiar, que lleva 45 años instalado en esta popular zona comercial de Zaragoza, se traslada a la calle Bilbao.

Un desfile de modelos de Fajas La peña que publicó Heraldo de Aragón en 1974
Un desfile de modelos de Fajas La peña que publicó Heraldo de Aragón en 1974

Especialistas en moda interior femenina, el comercio de Fajas la Peña llegó a Zaragoza en 1939, al terminar la guerra. Abrió su primera tienda en la ciudad en la calle Manifestación. Llegaban desde Graus, donde Vicente Llorens había empezado el negocio años antes, en 1928, con una próspera fábrica de fajas y hebillas que contaba con "130 empleados y camiones propios"  cuenta su nieta, María Polo, actual propietaria de Fajas la Peña.

"Cuando llegaron a Zaragoza, construyeron una fábrica en Ruiseñores, sólo estábamos la Clínica del Pilar y nosotros", afirma la propietaria, quien recuerda que por aquel entonces ni siquiera había luz en el paseo.

Una patente afortunada

La suerte sonrió a la familia Llorens cuando patentaron una faja que gustó "y todo el mundo quería llevar", explica María Polo. El modelo tuvo tanto éxito "que la familia tuvo que poner una industria metalúrgica para poder abastecer a los clientes", de forma que fabricaban sus propias hebillas y corchetes.

Junto con la fábrica, instalaron la primera tienda para poder abastecer al público, en la calle Manifestación. De ahí, pasaron al Coso y terminaron en el pasaje Palafox, donde llevan 45 años. En este tiempo, siempre han intentado seguir adelante, adaptándose a los tiempos. Por eso, María Polo recuerda los desfiles de ropa interior de mujer, para los que traían "modelos de Francia o de Barcelona, porque en Zaragoza no había".

Adiós al Pasaje Palafox

Tras tantos años de historia, la vida de Fajas la Peña continúa y se trasladan a la calle Bilbao, para seguir dando servicio. "Los tiempos son complicados, pero hay que cambiar para seguir adelante", afirma María Polo.

Era la última tienda que quedaba en el interior del pasaje Palafox "y nos sentíamos un poco solas, sin vecinos. Además la gente tenía que venir a comprarnos de propio". Ahora, quieren renovarse y aunque la actual propietaria no niega que los recuerdos en el pasaje son muchos, quiere luchar para que el negocio familiar llegue a cumplir los 100 años de historia.

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