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Zaragoza

EMPRENDEDORES

Las flores se pueden comer (y son un negocio)

Laura Carrera, soriana afincada en Zaragoza, ha creado una empresa para comercializar flores comestibles. Ha empezado vendiendo pensamientos cristalizados a tiendas gourmet.

Caja de pensamientos cristalizados
Las flores se pueden comer (y son un negocio)
A PHOTO AGENCY

Hay muchas flores que se pueden comer y están muy buenas. Además, aportan color, originalidad, texturas y tienen propiedades beneficiosas para la salud”, afirma Laura Carrera, investigadora y empresaria que acaba de montar en Zaragoza una empresa de producción y comercialización de flores comestibles: Flores en la Mesa.

Laura, de 33 años, nacida en Ólvega (Soria) y afincada en Zaragoza, es ingeniera y siempre ha trabajado con flores. “Hice la tesis doctoral sobre biología reproductiva de frutales y trabajo en el Centro Superior de Investigaciones Científicas. Siempre he tenido muchas ideas para montar algo, pero me faltaba definir un proyecto”, cuenta.

Durante el embarazo de su hijo se le ocurrió la idea, las flores comestibles, y presentó un proyecto en marzo al Semillero de Ideas del Ayuntamiento. Ganó el primer premio de este foro de emprendedores y, tras recibir seis meses de formación, ha montado su despacho en Zaragoza Activa (en el edificio de la antigua Azucarera).

La empresa acaba de empezar y Laura muestra sus primeros productos: unas cajitas con flores violetas y amarillas (violas o pensamientos) cristalizadas. Compra las flores en un vivero de Zaragoza y después las cristaliza (carameliza): baña cada pétalo en una mezcla de clara de huevo pasteurizada, gelatina, unas gotas de vodka o ginebra, aromas naturales y azúcar; después se secan a baja temperatura en un horno. El resultado es bonito y dulce. Con este método, las flores pueden conservarse durante meses.

Las primeras cajas de flores comestibles ya están a la venta en varias tiendas gourmet de Zaragoza: Mi Espacio Gourmet, Gastrópolis y, pronto, Felicity. “El mercado para estas flores es muy amplio: para tiendas, restaurantes, se pueden utilizar en ceremonias, como regalos, con bombones, con cócteles, con tapas, en ensaladas... En otros países es muy habitual el uso de flores comestibles en la cocina, como en México, Argentina, Alemania o China”, cuenta Laura.

La empresa acaba de empezar pero Laura ya tiene muchas ideas para el futuro. Quiere trabajar con más especies, como las rosas, la begoña, la caléndula, flores de almendros o cebolla. Va a crear una línea exclusiva para diabéticos. Quiere comercializar también flores naturales (estas tienen una caducidad muy limitada, de menos de una semana) y vender al extranjero. Además, va a seguir con la investigación.

“Tengo muchos pájaros en la cabeza, pero también tengo los pies en la tierra. Emprender es un riesgo pero también puede ser una forma de vida”, asegura esta empresaria, investigadora y madre creativa e hiperactiva. Ha contactado con agricultores del entorno de Zaragoza y de otras ciudades para crear una red. “Quiero usar productos locales, potenciar a pequeños agricultores que podrían cultivar las flores y promocionar la gastronomía aragonesa”, sostiene.

Es optimista y entusiasta. “Si hay una manera de salir de la crisis es apostar por lo local y colaborar entre todos”, asegura.

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