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SIN PRESENCIA POLICIAL

Macrobotellón de menores a orillas del Ebro en Macanaz

Cientos de menores bebían en la noche del sábado junto a la arboleda de Macanaz y el C.N. Helios. Al no estar sancionado el botellón durante las Fiestas del Pilar, no había ningún tipo de presencia policial.

Cientos de jóvenes consumen alcohol sin control a orillas del Ebro
Macrobotellón de menores a orillas del Ebro

La orilla del río Ebro daba cobijo, en la noche del sábado, a uno de los espectáculos más tristes de las fiestas del Pilar. Un macrobotellón protagonizado por un buen número de menores de edad -muchos de ellos apenas alcanzaban los quince años- ponía la nota negativa a una noche tranquila y con una temperatura que invitaba a salir a la calle. Una trabajadora de la Cruz Roja, recién llegada al lugar, mostraba sin ambages su visión de lo que estaba aconteciendo ante sus ojos: "Tienen todos menos de quince años, esto es una auténtica vergüenza".

Bastaba con adentrarse unos metros entre los grupos para observar situaciones de lo más alarmantes: algunos chicos y chicas vomitaban para luego retomar la litrona, otros lloraban desconsolados por algún pequeño problema acrecentado por el alcohol e, incluso, los había que no podían ni tenerse en pie. Estos últimos no eran pocos. En el lugar apenas había una ambulancia de la Cruz Roja. De la policía no llegó ni una dotación. Durante las fiestas del Pilar, así como en las festividades de los diferentes barrios, la ley es flexible con el botellón.

Cristina y Judith compartían una botella de Vodka de dudosa calidad, que mezclaban con naranjada. Según su D.N.I., nacieron en 1996, por lo que tienen quince años. "Es bastante barato y te pones 'pedo' muy rápido", contaban sin pudor. Junto a ellas, dos compañeros de clase presumían de la hazaña de haber bebido cuatro litros de cerveza cada uno. La dificultad de ambos para mantener una correcta verticalidad confirmaba tal afirmación. El grupo completo sostenía haber adquirido la bebida "en una tienda de chinos" sin ningún tipo de problema. "No nos piden el carnet", sentencia Laura.

Carlos, que decía tener 17 años, aunque aparentaba alguno menos, reconocía que bebe para "pasarlo bien". Su amplio grupo de amigos, cubata en mano, se reafirmaban en la tesis de su camarada.

Entre la multitud, los había quienes se metían unos metros en el río. Otros, los más gallitos, se retaban incluso a tirarse desde el puente.

Amargo cumpleaños

A las 23.00 se producía el cambio de turno de la ambulancia de la Cruz Roja. Apenas cinco minutos después, el equipo entrante recibía el primer aviso. Justo al final del puente de Santiago, junto a la rotonda, una chica lloraba desconsolada por el estado en que se encontraba su amiga mientras dos chavales de su misma edad trataban de animarla. "Le han echado droga en la bebida", relataban con escasa credibilidad al equipo sanitario que atendía a su amiga.

A un lado, los padres de uno de los chicos intentaban tranquilizar por teléfono a los progenitores de la niña, que en ese momento estaba siendo tratada por los enfermeros en el interior de la ambulancia: "No os preocupéis, que está mejor y se la están llevando al hospital". Casualmente, la chica celebraba su décimoquinto cumpleaños. Una manera un tanto triste de festejarlo.

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