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Sanidad

El calor, un problema para los puestos de comida ambulante de Echegaray

Paredes para cubrirse del sol, pantallas para proteger los alimentos, agua y neveras son algunos de los requisitos que se le imponen a los puestos de comida ambulantes. Algunos no los cumplen a pesar del estricto control.

Productos en exposición, pero que no se venden.
Productos en exposición, pero que no se venden.
G. A.

Tres paredes para cubrir del sol y pantallas para proteger los alimentos son algunas de las obligaciones sanitarias que se le imponen a los locales que venden comida en paseo Echegaray y Caballero durante las fiestas del Pilar.

Tener agua, nevera y recipientes para la basura "debidamente aislados" son otras de las exigencias sanitarias de las autoridades. Desde la DGA aseguran que es una obligación del Ayuntamiento de Zaragoza hacer cumplir las condiciones sanitarias. Desde el consistorio, afirman que es una competencia del gobierno de Aragón.

Hay 40 puestos en la zona, de los que unos 20 son de comida. La mayoría cumplen las normas, aunque no todos. Y responsables de algunos bares y restaurantes del centro de Zaragoza piden controles más estrictos. Alegan que aunque no los ven como competencia, sí se les debería exigir más medidas de control.

"Tienen que entender que esto no es un restaurante, estamos unos días y nos vamos", responde Iván Valera, que tiene un puesto de jamones asados. A él ya le han visitado los inspectores de sanidad y le pidieron que instalara un extractor para el humo. "Es ridículo, estamos al aire libre", se queja el comerciante, que de momento todavía no lo ha instalado.

Hasta el momento, no se ha informado nada sobre las observaciones de los inspectores ni se ha respondido a las quejas por lo que los comerciantes del lugar califican de "exigencias exageradas".

Como  indican los responsables de los puestos, son pocos los locales -que comercian con alimentos- que no hayan tenido que recibir la visita de un inspector, la mayoría asegura haber superado hasta tres inspecciones en lo que va de semana. Afirman que no hay sanciones, pero sí muchas recomendaciones.

Las personas que montan este tipo de negocios ambulantes viajan mucho y conocen la realidad en otras ciudades de España. Todos los consultados por este periódico aseguraron que Zaragoza es la ciudad más complicada para trabajar, por la gran cantidad de controles que se deben superar. "Nos piden mucho y aún cumpliendo todo, nos dicen cosas como que ellos nunca comerían en un puesto de la calle. Parece que el objetivo de los inspectores es que cierres", dice Valera.El sol y las moscas

"Aunque nos quejemos, estoy seguro de que la DGA y sus inspectores hacen que los requisitos se cumplan, nos jugamos mucho. Cualquiera puede denunciar si se produce una intoxicación", comenta Pedro Jiménez, presidente de la Asociación de Cafés y Bares de Aragón.

Ángel Ramos es propietario de un puesto donde se venden asados. A él le han hecho varias observaciones y se niega a responder preguntas sobre las medidas de salubridad en su local: "Es una tontería, no voy admitir que incumplo normas".

Sus propios compañeros de la zona denuncian que varios puestos no disponen de un grifo de agua -que por ejemplo sirve para limpiar la plancha donde se asan los productos a diario- y utilizan garrafas de agua en su lugar, como pudo comprobar Heraldo.es.

Como suele suceder en este tipo de mercadillos, las moscas son abundantes por el olor de la carne y otros productos frescos. Para evitar eso, Luis Arroyo opta por quemar citronella, cuyo humo espanta a esos insectos. "Solo vendo productos curados y cocidos, no hay problema, es algo que se hace en muchas ferias", comenta este catalán.

"Las hierbas que tengo a la vista son solo de exposición, las que vendo están empaquetadas", cuenta Manuel Carrasco, dueño de varios puestos de caramelos y hierbas. A él le pidieron que instalara una pantalla para proteger los chuches que vende. Tenía algunas colocadas y el resto están pedidas, pero no le han llegado. De momento, una cinta de plástico hace esa función.

Él asegura que sus productos están protegidos del sol y que "si no se vende una chuche, se cambia con frecuencia" para que no esté en mal estado.

Precisamente para conservar sus tartas, Maite Albizuri coloca hielo debajo de ellas. Las trae todas hechas desde que viene a la ciudad, "porque en locales ambulantes es complicado manipular los alimentos". Cierra al mediodía, por lo que el sol no da directamente a su vitrina, y por la noche se guarda todo en una nevera. Según ella, todo se mantiene fresco de esa forma.

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