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Zaragoza
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FERIA TAURINA DEL PILAR 2011

Los toros de Prieto de la Cal, un nuevo fiasco

Los toros mansos de la ganadería de Prieto de la Cal, apenas dieron argumentos a los aficionados 'toristas' que la reclamaban.

Feria del Pilar, 14 de octubre
Feria del Pilar; La Misericordia, 14 de octubre_7
JAVIER CEBOLLADA

Declaradamente mansos. Así fueron, cada uno con sus matices, los cinco toros de la divisa de Prieto de la Cal lidiados en Zaragoza: de muy desiguales hechuras, alguno tan feo como el casi jorobado quinto, y todos defendiéndose con complicaciones, cuando no con peligro en el último tercio.

Si la bravura es la capacidad de ataque del toro, la mansedumbre es su actitud defensiva, por mucho que lo haga de manera encastada o fiera. Y ese fue el talante de unos toros que algunos de los más significados aficionados del sector "torista" aplaudieron y tomaron por bravos porque acudieron con prontitud al caballo de picar, sin ver cómo luego daban cabezazos al peto, reculaban o incluso huían del castigo más o menos disimuladamente.

En el último tercio, donde el toro debe sacar definitivamente todas sus virtudes, los de Prieto de la Cal se reservaron, se pararon, se quedaron cortos, se defendieron con violentos tornillazos o buscaron las femorales con creciente sentido.

Con tal material, los madrileños Fernando Robleño y Alberto Aguilar se manejaron con oficio y habilidad para robar a sus lotes algunos medios pases o para esquivar sus arreones y derrotes, como los que no paró de pegar el segundo, un toro viejo a punto de cumplir los seis años pero con hechuras y expresión de utrero.

Y por si había alguna esperanza de que el cuarto, un serio toro de Alcurrucén que remendó la incompleta corrida de la divisa onubense, fuera distinto, ya con el capote comprobó Robleño que, como si el virus de la mansedumbre se hubiera extendido por los corrales, tampoco este iba a salirse del guión.

Lo más sorprendente llegó de manos del zaragozano Carlos Gallego, que apenas había hecho un solo paseíllo en las dos últimas temporadas. Sorprendente porque, con tan escaso rodaje y ante tan dura papeleta, Gallego logró algunos momentos aislado de brillantez, como una gran serie de cuatro verónicas y media en el saludo al sexto.

Tomó entonces el toro los vuelos de la capa con cierta entrega, pero fue un espejismo, porque al toque de clarín comenzó a desarrollar un patente peligro por los dos pitones. Aun así, Gallego se plantó ante él con asiento y sinceridad para intentar torearle despacio, sin importarle cada uno de los muchos avisos de cornada que le mandó el peligroso manso. Mérito y valentía del aragonés que apenas si tuvo respuesta en un tendido hoy poco receptivo a las evidencias

Ficha taurina

Cinco toros de Prieto de la Cal, muy desigualmente presentados, mansos y a la defensiva, y alguno con peligro evidente. Y uno de Alcurrucén, en quinto lugar, con cuajo y seriedad, también manso y que no desentonó del conjunto.

Fernando Robleño: pinchazo y estocada delantera (ovación); y pinchazo y estocada caída (ovación tras leve petición de oreja).

Alberto Aguilar: estocada y cinco descabellos (silencio); y estocada desprendida (ovación).

Carlos Gallego: estocada perpendicular (división de opiniones al saludar); y dos pinchazos y media estocada (silencio tras aviso).

Entre las cuadrillas destacó Roberto Bermejo en su eficaz y trabajosa brega con el tercero. La plaza registró menos de media entrada.

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