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Daños en el edificio del antiguo Central Hispano por la obra del tranvía

El Ayuntamiento señala que el inmueble, situado en el Coso con la calle del Teniente Coronel Valenzuela, ya estaba en mal estado. La administradora de la propiedad y el arquitecto que dirige las reparaciones dicen que la causa fueron las labores de compactación.

En la esquina se ha instalado una protección para peatones.
Daños en el edificio del antiguo Central Hispano por la obra del tranvía
OLIVER DUCH

La sede del antiguo Central Hispano, edificio del Coso protegido por su interés arquitectónico, sufrió hace unas semanas varios desprendimientos de su fachada, en una jornada en la que esta céntrica vía sufrió importantes vibraciones por las obras del tranvía. La administradora de la propiedad y el arquitecto que realiza las obras de consolidación achacan estos daños a los trabajos de construcción de la segunda fase de este medio de transporte; el Ayuntamiento, por su parte, defiende que el inmueble ya estaba en mal estado y que «si hubiera estado bien, esto no hubiera pasado».

Fue a finales de agosto. Un gran rodillo trabajó durante toda la mañana en el Coso para compactar la tierra y para poder verter, días después, el hormigón de la plataforma del tranvía. Algunos de los trabajadores de la antigua sede del Central Hispano, en la esquina del Coso con la calle del Teniente Coronel Valenzuela, relatan cómo «el edificio tembló durante varias horas», hasta el punto de que «los botes de lápices se movían».

Esa misma tarde, varias lajas se desprendieron del revestimiento de las cornisas del edificio, aunque afortunadamente no llegaron a caer y se quedaron en el friso. Los bomberos llegaron a acordonar la calle por el peligro de que cayeran cascotes sobre la acera e hicieron labores de desescombro en la azotea.

Luis Cardona, arquitecto que proyectó las labores de consolidación, ve una consecuencia directa entre las obras y este incidente: «Hasta que no se metió el rodillo para compactar el terreno no hubo ningún desprendimiento». Defiende, además, que «el estado del edificio es el adecuado». De momento, se ha protegido el paso de los peatones con unos andamios y se ha instalado una lona en el torreón del edificio, de donde se desprendieron los cascotes.

La versión municipal

El Ayuntamiento ha abierto un expediente sobre este asunto. Fuentes de la Gerencia de Urbanismo señalaron ayer que el estado «agrietado y ahuecado» que presenta la zona afectada hace indicar que su estado no era el adecuado: «Estaba mal, el revoco no se cae solo con unas vibraciones». Aunque reconocieron que estas afecciones de las obras del tranvía «pudieron ayudar», recordaron que «los edificios envejecen» y recalcaron que «si hubiera estado bien, no hubiera pasado absolutamente nada».

De momento, los inquilinos del inmueble (oficinas y una gran sucursal del Banco Santander, principalmente) se harán cargo de las obras de consolidación del edificio, primero, y de la restauración de la fachada, en segunda instancia. La administración de la propiedad desconocía ayer si se iban a pedir responsabilidades a la constructora del tranvía o al Ayuntamiento.

Rosa Martín, la administradora, señala que desde el Ayuntamiento se les dio «una tramitación urgente porque corría peligro», aunque lamenta que ahora les pidan una licencia de obras que ralentizará el proceso.

Un edificio con historia

El inmueble, conocido como del Banco Central Hispano o del antiguo Banco de Aragón, fue inaugurado en 1951. El proyecto de Julián Laguna Serrano ocupaba así un solar en el que antes estuvo el palacio de los marqueses de Villasimpliz (siglo XVI) y, ya en el XX, el cine Ena Victoria. De estilo clasicista, tiene un sótano y ocho plantas, y un gran torreón sobresale en el ángulo. Al ático se le dio un tratamiento con claras referencias formales al vecino mirador del palacio de Sástago.

Las fachadas son de mármol y granito y está protegidos también el vestíbulo-patio de operaciones, las cajas de las escaleras y las cerrajerías. Todo el edificio tiene el grado de protección de interés arquitectónico.

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