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NAVEGACIÓN FLUVIAL

CHA pide la revisión de la contrata de los barcos del Ebro

El concejal de CHA, Carmelo Asensio, considera imprescindible revisar la parte jurídica y económica de la contrata para buscar una solución «a un servicio de dudosa utilidad que arruina las cuentas municipales año tras año».

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óLIVER DUCH

El grupo municipal de CHA en el Ayuntamiento de Zaragoza pedirá la revisión de la contrata de Turismo Ebro Fluvial para analizar la parte jurídica y económica con el objetivo de solucionar el despilfarro de dinero público que supone este servicio de dudosa utilidad.

El concejal Carmelo Asensio señala que «la navegación del Ebro tal y como está concebida en la actualidad es un capricho que le sale muy caro a la ciudad». Asensio explica que la ciudadanía está subvencionando un servicio de navegación con una cantidad muy superior a la que se destina, por ejemplo, al transporte público «algo que es totalmente irracional».

Dentro de las actividades que, a juicio de CHA, suponen un «desmedido gasto» para las arcas municipales destaca la navegación turística del Río Ebro tal y como está concebida en la actualidad, debido a la insuficiente demanda que recibe, lejos de la previsión de los 120.000 viajeros que se barajaron en 2008; debido a su limitado tiempo de operatividad anual, al gasto permanente en dragados  y las subvenciones que se deben de dar para enjugar el déficilt de explotación.

«El año 2010 se manejaron cifras de utilización mensual del servicio de 1.690 viajeros, de los que 1.140, además, fueron con billete subvencionado a 1 euro. Es decir, con los precios normales, únicamente 550 personas utilizaron el servicio», apunta.

Además, desde CHA apuntan que el ayuntamiento asume cada año un dragado del lecho del Ebro que, en algunas ocasiones ha supuesto un coste que ronda los 300.000 euros pero, además, provoca la modificación de la morfología del Ebro y precisa de retiradas de gravas de mayor o menor calado al inicio de cada temporada. «Se crea un canal navegable por el que discurre la mayoría del agua del Ebro dejando otras zonas como auténticas graveras. Estas zonas, al contar con menor caudal, se llenan de algas y mayor proliferación de insectos, con la problemática que esto supone», explica Asensio.

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