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TRANVÍA DE ZARAGOZA

La Comisión de Patrimonio decidirá esta semana el futuro de las obras

Está presidida por el nuevo director general del área, Javier Callizo, y formada por 18 expertos. El informe que emitirá el miércoles o el jueves sobre los restos encontrados será vinculante.

Arqueólogos en la zanja donde aparecieron restos óseos.
La aparición de los restos de un puente obliga a cambiar el proyecto del tranvía en Paraíso
GUILLERMO MESTRE

Sillares de un puente decimonónico, cerámicas de apariencia medieval, restos protegidos de un barrio musulmán, huesos humanos de una etapa histórica sin determinar... Veinte días de obras del tranvía, con la apertura de otras tantas zanjas entre la plaza de Paraíso y las Murallas Romanas, han servido para demostrar algo que ya era conocido: que el subsuelo zaragozano es uno de los más ricos en restos arqueológicos de España. Su valor, históricamente, ha puesto en jaque más de un gran proyecto para la ciudad, y no hay que remontarse demasiado lejos (nueve años) para ver cómo el entonces alcalde Atarés tuvo que renunciar a su idea de construir un parquin en Independencia.

Las tierras de este mismo paseo son las que ahora, con las sorpresas que cobijan, complican otro proyecto para Zaragoza: la segunda fase del tranvía. El futuro de estos polémicos trabajos estará esta semana en manos de la Comisión Provincial de Patrimonio Cultural de Zaragoza, que debe debatir el valor de los restos encontrados, analizar las excavaciones que se han realizado y emitir un informe. Este será preceptivo, y la sociedad Los Tranvías asume que tendrá que acatarlo.

Sobre la mesa estarán los sillares aparecidos en Paraíso -de un puente sobre el Huerva del siglo XIX-, los restos humanos encontrados en Independencia y las excavaciones que, en este mismo paseo, se toparon con la tela geotextil que recubre los restos del barrio musulmán de Sinhaya. Se determinará el valor de estos hallazgos y el riesgo que para ellos supone el avance de las obras del tranvía.

¿Qué opciones tiene la comisión? Son amplias y difíciles de pronosticar. Según diversas fuentes consultadas, van desde una postura 'light' -que podría incluir el estudio y conservación de lo hallado y la continuación prevista de los trabajos- hasta otra más dura, que contemplara el mandato de ampliar las excavaciones. De momento, la constructora del tranvía ya ha asumido que algunas conducciones de Independencia hay que variarlas, y que su proyecto para la plaza de Paraíso tendrá que modificarse.

El trabajo de la comisión empezará el martes, cuando una ponencia técnica -formada por unos cuantos miembros del grupo de trabajo- analizará los informes realizados por el Servicio de Prevención y Protección de Patrimonio de la DGA. Elaborarán un texto que pasará a la reunión de la comisión, y que será el que se debata.

El grupo lo presidirá, por primera vez, el nuevo director general de Patrimonio, Javier Callizo, recién aterrizado en el puesto. Además, Callizo tiene potestad para nombrar a cinco de los 18 expertos que conforman la comisión. Otros siete son técnicos del Gobierno de Aragón (un historiador del Arte, un arquitecto, un arqueólogo, un paleontólogo, un restaurador, un técnico de urbanismo y otro de medio ambiente). Los seis restantes son un especialista en patrimonio del Ayuntamiento, un arquitecto y un aparejador de sus respectivos colegios oficiales, un arqueólogo del Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Aragón, un especialista en Patrimonio de la Universidad y otro de la Real Academia de las Bellas Artes de San Luis.

Rudi habla de «criterios técnicos»

En cierta manera, el paso de las obras del tranvía por la Comisión las 'legalizará' para el Gobierno de Aragón, cuyo servicio de Prevención y Protección de Patrimonio -como ayer recordaba la presidenta de la Comunidad, Luisa Fernanda Rudi- denunció en un informe que ni el Ayuntamiento ni la sociedad Los Tranvías habían presentado «ningún expediente relacionado con las obras» como se exige la ley de Patrimonio en cualquier actuación en un Bien de Interés Cultural o en su entorno. Sobre la reunión de la próxima semana, Rudi puntualiza que «son los técnicos los que tienen que opinar, no son criterios políticos. Nosotros cumpliremos el informe que emitan los arqueólogos y los expertos».

Solo después de que este periódico denunciara el riesgo que las obras suponían para los restos del antiguo barrio de Sinhaya (29 de julio), la DGA obligó a la sociedad encargada de la obra a ralentizar los trabajos en las zanjas que podían afectar a los restos del arrabal musulmán. Ahora, la pelota está en el tejado de la Comisión Provincial. Una vez más, el pasado pone en jaque un proyecto de futuro.

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