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BAJO CINCA

La antigua Mequinenza resurgirá a lo largo de este año

Un espacio para el recuerdo homenajeará a Jesús Moncada.

El pueblo viejo de Mequinenza vuelve a la vida. El proyecto del 'Poble Vell', impulsado a través del Ayuntamiento, intenta reconstruir el pasado perdido bajo las aguas del pantano de Ribarroja y será una realidad antes de que acabe el año.

La principal iniciativa es la construcción del Parque de la Memoria de Jesús Moncada, que consistirá en la creación de un espacio verde en el antiguo emplazamiento de la villa. Además, comprenderá la reconstrucción de las calles y paseos que en su día inspiraron la obra literaria de Moncada y que actualmente están sepultados bajo los escombros. Fue a raíz de la muerte del escritor -en 2005- cuando se descubrió el antiguo trazado del municipio. Se esparcieron las cenizas en las ruinas del solar de su casa y aparecieron restos de aceras y calles que podían recuperarse.

El 'Poble Vell' además ha supuesto la apertura de dos museos, el histórico y el de la mina. A través de ellos, junto con el parque, se intentará fomentar un turismo cultural que tiene como base el pasado de la localidad. La actividad puede tener un efecto económico importante para el municipio. "Se trata de utilizar nuestro pasado para vivir el presente y proyectarlo hacia el futuro" explicó la alcaldesa, Magda Godia, que recibió el viernes a los alumnos de primero de Periodismo de la Universidad de Zaragoza.

La importancia de Moncada

El autor de 'Camino de sirga' es el referente cultural de Mequinenza, ya que hizo que la población fuera conocida universalmente a través de su obra. Fue el responsable de recuperar la memoria que los habitantes del antiguo pueblo perdieron tras su destrucción. "Siempre digo que los recuerdos y el despertar de sentimientos nos los provocó Jesús", manifestó la concejala de Cultura, Lourdes Ibarz. Y es que la desaparición de la villa fue un hecho traumático para su población: "Fueron tiempos confusos, de no saber muy bien por donde venían las cosas; tan sólo que esto se acababa".

La obsesión de Moncada, como manifiesta a lo largo de su producción literaria, fue el pueblo viejo. Gracias a las iniciativas promovidas por parte de la gestión pública, el aragonés vería cumplido su sueño: el de ver de nuevo erigirse, aunque sea de manera simbólica, el entramado de calles y aceras que en su día lo vieron crecer.

(Alumnos de periodismo de la Universidad de Zaragoza)

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