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Las luces y sombras del alumbrado público

Zaragoza es una ciudad de contrastes lumínicos. Se puede pasar de la luz a la oscuridad con tan solo doblar una esquina. El nuevo plan de eficiencia energética, que apaga farolas o reduce su intensidad, choca con desmanes como iluminar con profusión zonas deshabitadas.

Reducir las horas y la intensidad del alumbrado público es una medida recurrente en los ayuntamientos con problemas
Las luces y sombras del alumbrado público
JOSé MIGUEL MARCO

Farolas que no iluminan ni a la de tres y lámparas fulgurantes a las tres, pero de la tarde. Los contrastes lumínicos entre las arterias principales y algunas calles pseudo-olvidadas de Zaragoza adquieren proporciones abisales. Ayer, mientras el recinto ferial de Valdespartera lucía con relumbrón, las riberas de la Almozara o la zona de Parque Goya II permanecían en penumbra. Al recorte en aras de la eficiencia energética que ha emprendido el Ayuntamiento se suma la constante y lamentable oleada de robos de cableado que sume varias calles en las tinieblas. La conclusión es que los vecinos de más de un barrio se ven obligados a hacer rodeos para evitar determinados recorridos o tienen que bajar la basura con una linterna o ayudados por la luz de sus teléfonos móviles.

Son un millar las farolas que el Consistorio ha apagado -las de la intersección de la avenida de Gómez Laguna con el Canal Imperial, el vial norte del Actur o el parquin sur de la Expo, donde "el encendido no aporta mejoras a la seguridad vial o ciudadana"- y otras 40.000 a las que ha rebajado su intensidad. Con la intención de "racionalizar el alumbrado y su consumo" -y ahorrarse hasta 750.000 euros al año-, esta práctica se lleva a cabo en casi toda la ciudad, eso sí, según fuentes municipales, en las horas centrales de la noche: a partir de 'la hora bruja' y hasta que amanece.

Los mentados reguladores de potencia están estos días en boca de todos. Se trata de equipos estabilizadores y reductores en los centros de mando, cuya eficacia muchos barrios ponen en cuarentena. Así, en el Casco Histórico, se pretende, a conciencia, una luz tenue "para crear un ambiente acorde con la arquitectura y con la historia", sin embargo, en zonas como el Arrabal o Miralbueno la iluminación intimista no es plato de gusto.

De botón de muestra pueden citarse las dos orillas del Ebro a la altura de Ranillas y de la Almozara. Mientras la margen de la Expo es una fiesta de luz y color, la zona de enfrente, entre la pasarela del Voluntariado y la avenida de Puerta Sancho, está sin alumbrado desde el verano. Esta circunstancia la denunció CHA hace pocos días exigiendo al equipo de gobierno que arreglara las farolas rotas para evitar la inseguridad ciudadana. Una vez más el robo de conductores eléctricos pasa factura a los vecinos porque el cableado resulta sencillo de extraer pero muy costoso de reponer. Desde el puente del Siglo XXI hasta el puente de la Almozara se carece de iluminación y apenas son los luminosos de algunas tiendas los que sirven de guía. Comerciantes que, evidentemente, tampoco están contentos y recuerdan que la luz es un servicio esencial.

Lo mismo argumentan los vecinos de Parque Goya II que continúan deshojando la margarita sobre posibles movilizaciones, en las que marchen, simbólicamente, portando velas.

Por cierto, que no será la primera vez que los candiles se utilicen para iluminar el entramado urbano porque en la historia zaragozana hay escenas de lámparas de aceite, de faroles de gas, de luminarias de incandescencia, vapor de sodio e, incluso, de neones, antes de que aterrizaran los leds, las modernas farolas fotovoltaicas y los tan traídos y llevados reguladores de potencia.

Las nuevas tecnologías son una de las apuestas del Ayuntamiento, que también aboga por acabar con la contaminación lumínica y por emprender medidas de austeridad que converjan hacia los objetivos de eficiencia impuestos por el Ministerio de Industria. Hasta aquí, todos de acuerdo. El problema es racionalizar estas medidas porque el Consistorio reconoce que queda pendiente una auditoría energética y medioambiental que adecue la normativa vigente a las necesidades reales de los ciudadanos. Así las cosas, y con la mente puesta en el ahorro y en no aumentar aún más la deuda con la compañía proveedora, no deja de sorprender que las farolas del Camino de las Torres estuvieran ayer encendidas a las tres de la tarde.

Siluetas de noche. La frondosidad de los árboles, la rebaja de intensidad o, directamente, la ausencia de farolas hace que algunas vías parezcan la boca del lobo. En la imagen, San Juan de la Peña, a la altura de Valle de Broto.

A pleno relumbrón. El recinto ferial de Valdespartera, a pesar de su actual inactividad, se enciende a diario. Los vecinos consideran que bastaría con dejar la luz de la avenida y que, a cambio, podría iluminarse la Z-40.

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