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Zaragoza
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TRÁFICO URBANO

Cien semáforos de bici para ordenar el auge ciclista

Se instalan por defecto en los nuevos carriles y saltárselos supone una infracción a la ordenanza que conlleva sanción económica.

Varios ciclistas, en un paso de cebra con semáforo junto al puente de Santiago.
Cien semáforos de bici para ordenar el auge ciclista
JOSé MIGUEL MARCO

Las calles de Zaragoza cuentan ya con un centenar de semáforos para bicicletas, que ayudan a integrar a los ciclistas en las rutinas del tráfico urbano. Si hasta hace unos meses eran casi un elemento exótico, lentamente se han ido generalizando conforme avanzaba también la red de carril bici por la ciudad. Los semáforos para ciclistas forman parte de las medidas contempladas en la Ordenanza de la Bicicleta, que también está desarrollando la implantación de las 'vías pacificadas', esto es, la reducción a 30 km/h de la velocidad máxima en todas las calles de un solo carril.

Según explican desde Servicios Públicos, los nuevos semáforos se colocan "por defecto en todos los pasos peatonales que tienen también carril bici". Tratan de dar un plus de seguridad tanto a ciclistas como al resto de usuarios de la vía y ya se están instalando en las nuevas vías ciclables del paseo de Calanda, Compromiso de Caspe y la que une el paseo de la Ribera con Parque Goya.

Respetar las señales

Para que los semáforos contribuyan a disminuir la siniestralidad, claro está, han de respetarse, porque la queja habitual de los conductores es que a los ciclistas se les consiente hablar por el móvil y saltarse las indicaciones semafóricas. La escasas multas impuestas por la Policía desde que entró en rigor la Ordenanza de la Bicicleta (en once meses se han registrado un centenar de multas) son por no respetar las señales o por circular con auriculares.

Arturo Sancho, coordinador de La Ciudad de las Bicis, considera que la función de los nuevos semáforos "es más la de avisar a los conductores de que por ahí pueden circular bicis que la de regular efectivamente el tráfico". "Muchas veces, los ciclistas están fuera del campo de visión de los conductores y, al hacer los cruces, los semáforos alertan de que por allí pasa un carril bici", comenta Sancho.

Afortunadamente, la mayor parte de los accidentes con bicicletas acaban en 'susto', aunque los colectivos ciclistas tienen localizados varios 'puntos negros' en el trazado de los carriles bici. Sus discontinuidades, el mal estado del firme o la ausencia de señalización (en ocasiones debido a obras temporales) son las principales reclamaciones, que -ahora- también se atienden vía semafórica.

En estos aparatos, no obstante, también se han detectado ya algunas irregularidades como el hecho de que, por ejemplo, en la avenida de Goya el carril bici sea bidireccional y solo haya semáforo en una de las direcciones. "O se ponen en los dos sentidos o el que está puesto no tiene razón de ser", afirman los usuarios, que achacan la arbitrariedad a las obras de la estación de Cercanías.

Que los tiempos de luz roja y luz verde no se adapten a los del resto de circulación también causa extrañeza, si bien la ordenanza ciclista afirma que "los semáforos específicos para bicicletas pueden tener una orden o temporización diferente a la del resto de vehículos a motor para ajustarse a las diferentes necesidades de las bicicletas". Estos tiempos son 'raros', por ejemplo, en la calle de Miguel Servet, donde muchos ciclistas no se fían al ver salir a los coches a destiempo. Así, se insiste en separar la idea del semáforo de las bicis del de los coches, porque el tipo de circulación -con los pasos de peatones o los carriles bidireccionales- es diferente.

Puntos complicados

En Zaragoza, el carril bici que más complicaciones acumula es el del Camino de las Torres, dado que una fila de coches aparcados resta visibilidad a los ciclistas. A lo largo de todo su trazado, hay giros a la derecha -para acceder, por ejemplo, al barrio de Las Fuentes- en los que los 'bicicleteros' quedan muy desprotegidos.

David Arribas, del colectivo Recicleta, también advierte de algunos puntos conflictivos como la plaza Alberto Schweitzer, si bien comenta que el semáforo más complicado es el del puente de Santiago. "Es un punto conflictivo para peatones y ciclistas. El semáforo nunca detiene a los coches (solo se pone verde o intermitente) y los conductores han de prestar especial atención a que no venga nadie", comenta.

Tanto Sancho como Arribas coinciden -y esto no es mérito de los semáforos- en que poco a poco las fricciones entre ciclistas y otros usuarios de las vías van disminuyendo. "Mejora la convivencia y se ven menos salvajadas", comentan satisfechos por la 'entente cordiale' entre peatones, conductores y ciclistas.

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