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ENTRE GOYA Y GRAN VÍA

Una excursión para salvar diez metros

Cruzar entre Goya y Gran Vía es una odisea. Las obras del tranvía confluyen con las de la estación de Cercanías y los peatones, medio atrapados entre las vallas, tienen que dar enormes rodeos para llegar al otro lado.

Algunos peatones prefieren atajar y cruzar pegados a los coches.
Una excursión para salvar diez metros
ESTHER CASAS

María Ángeles Villalba se ha quedado atorada, entre vallas y balizas, en un recodo de las obras del tranvía. Intentaba cruzar (indebidamente) por la calzada para no dar un rodeo de unos 500 metros, y el tráfico se le ha echado encima, impidiéndole caminar hacia delante y hacia detrás. Junto a ella, un operario con casco y chaleco fosforito le pide amablemente que se aparte porque va a salir maquinaria pesada. "Es que cada día cambian los cruces y así no hay manera de acertar", se justifica Villalba, que vive en la calle de Arzobispo Domenech y se dirige a cuidar de su nieto a Anselmo Clavé.

Pero el suyo no el único caso de almas errantes por el trazado de la Línea 1, porque en la intersección de Goya y Gran Vía 'chocan' las obras del tranvía y la futura estación de Cercanías y los peatones pasan auténticos apuros para cruzar de uno a otro lado: o se la juegan sorteando coches, autobuses y camiones, o salen cinco minutos antes de casa para completar los rodeos a los que obliga el laberinto de barreras 'new jersey'.

"A mí lo que me molesta es que los carteles mienten: dicen que el siguiente paso de peatones está a 20 metros y, midiéndolos, te salen casi cien. A veces, si hay vallas abiertas, te puedes cruzar entre las máquinas, pero también corres el riesgo de quedarte ahí atrapado", denuncia Iván Casado, vecino de Tomás Bretón, que incluso afirma que tiene que madrugar ("pongo antes el despertador") para no llegar tarde a trabajar.

Las horas punta, sobre todo las de 'cambio de turno' y salida de la Universidad, la zona se convierte en una ratonera. Javier Pérez Ciria, presidente de la Asociación de Vecinos de Fernando el Católico, comenta que "es un área muy transitada y, sobre todo, las personas con movilidad reducida lo pasan mal. Eso sí, las obras ahuyentan a cualquiera, porque tendríais que haber visto lo vacía que estaba la plaza de San Francisco las noches del Pilar".

Mal lo tienen los comerciantes de las manzanas que rodean el mentado cruce. Los peluqueros, floristas y panaderos dicen haber perdido los no pocos clientes que paraban rápidamente en doble fila y a otros 'parroquianos' (poco fieles) por el esfuerzo que puede suponer rodar 300 metros para tomarse un café o para sacar dinero en el cajero automático más próximo que, fiel a la ley de Murphy, siempre está al otro lado. Algunas afecciones se prolongan más allá de la intersección y las aceras de Baltasar Gracián y Cortes de Aragón también han recibido el 'bocado' de las excavadoras y lucen plataformas metálicas para alcanzar las casas o los comercios.

Hace tiempo los negocios de la zona escribieron una carta a la Junta de Distrito denunciando la caída de sus ingresos -sin ir más lejos, hay dos bares con terrazas a la primera línea de tuneladoras-, que han podido experimentar un descenso de más 50%, pero no han tenido respuesta. Según explican, junto a la farmacia que hace esquina se habilitará una rampa para que la salida de los camiones que han de extraer arena para hacer un falso túnel de cara a la futura estación. El pilotaje del terreno ha hecho mover una y otra vez los accesos y 'lo que te rondaré', porque el tranvía se inaugurará antes de las elecciones, pero la estación está prevista para la primavera de 2012.

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