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Zaragoza
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TRACA FINAL

Y allá va la despedida...

El cierzo y el frío protagonizaron el final de las Fiestas del Pilar, aunque no impidieron que los fuegos artificiales iluminaran un año más el Ebro. 'Somos' de Labordeta, en la voz de Carmen París, se estrenó como broche final de la celebración.

Los fuegos que despiden las fiestas.
Y allá va la despedida...
TONI GALáN/ A PHOTO AGENCY

El cierzo no quiso faltar al final de las fiestas y sopló con fuerza durante todo el día de ayer. Un viento frío, que conocen bien los zaragozanos, azotaba las riberas del Ebro y a los cientos de espectadores que miraban al cielo esperando el comienzo de los fuegos artificiales. Los zaragozanos están acostumbrados a finales de fiestas con tiempo desapacible, así que sacaron cazadoras y alguna que otra bufanda.

Así, habían acudido minutos antes a cumplir con una nueva tradición, escuchar el 'Somos', de José Antonio Labordeta en la plaza del Pilar, en la voz de Carmen París. Sola con un piano, trató de caldear el ambiente con tres temas propios y un buen chaquetón. "Me he puesto el disco de Labordeta esta mañana y estaba emocionada. Me da igual el frío, para trabajar también tenemos que pasar frío", así argumentaba Nieves Gimeno su presencia y la de dos hijos. Los numerosos asistentes corearon a Labordeta, como lo hicieran en el comienzo de fiestas.

En el concierto no hubo bises, antes de que acabara la actuación el público se dirigió a paso ligero hacia las orillas del Ebro. "¡Venga, coged barandilla!", indicaba un padre de familia a sus hijos.

"He venido aquí a coger sitio aunque otros años había más gente a estas horas", relataba María Pilar Lacambra, protegida del cierzo en el Puente de Piedra. Y es que anoche los lugares más cotizados eran los que ofrecían algo de abrigo. En torno a ellos, familias enteras contemplaron una estridente traca final. Pirotecnia Zaragozana trabajó durante todo el día preparando el espectáculo y asegurando que el cierzo no podría con él. "En 30 años que llevo trabajando nunca ha habido que suspender por el cierzo", aseguraban desde la compañía. Y así fue.

Todo el día de trabajo no fue en vano. El color y brillo de los fuegos volvieron a sorprender a los espectadores que aguantaron unos veinte minutos de luz, color y estallidos, muy contundentes, desafiando el mal tiempo y el hecho de ser víspera de día de trabajo.

El estallido del primer cohete levantó las miradas hacia el cielo de los que se protegían del frío encogidos y aceleró el paso de los que abandonaban el concierto de Carmen París. Así empezaron las exclamaciones de admiración. Los primeros fuegos se ganaron al público con un juego de sonidos similar a un dúo de cofradías que iban repitiendo sus toques.

Luego, brillantes estrellas rojas, azules, verdes, doradas, plateadas y moradas. Combinaciones de colores, dorado y verde que luego se convertía en dorado y azul daban paso a las series de figuras, menos espectaculares pero que deslumbran a todos. El corazón y la espiral volvieron a enternecer al público que casi había olvidado el cierzo, salvo por lo rápido que se alejaban las estelas de humo. Los aplausos sonaron en varias ocasiones. Sobre todo, en la última serie de enorme fuego blanco que hizo que toda la plaza del Pilar, solitaria con la Virgen y su manto de flores, se iluminara.

Quizá el secreto del éxito de estos fuegos es que la compañía, por estar en su tierra, echa el resto. “Llevamos un mes preparando en la fábrica el espectáculo”, explicaban desde Pirotecnia Zaragozana poco antes. Doce trabajadores son necesarios para ‘minar’ la ribera del Ebro junto a la arboleda Macanaz. Un ordenador se encarga después de la sincronización y efectos.

Al final, el cierzo pareció barrer a los valientes espectadores, que a estas alturas estaban más que congelados. Cada grupo se dispersó hacia las paradas de autobús, los coches aparcados en la arboleda de Macanaz o andando rápido, muy rápido.

Valdespartera bajo vigilancia

La meteorología no ha acompañado en el final de fiesta, como no lo ha hecho en los días grandes. Después de la lluvia de la Ofrenda de Flores el cierzo llegó a poner en alerta ayer al Ayuntamiento. El Parque de los Insectos, el espectáculo infantil del Parque de las Delicias, tuvo que ser suspendido por la tarde por la caída de algunas ramas por las rachas de entre los 70 y los 80 kilómetros por hora. El viento persistente también obligó a vigilar Valdespartera. El año pasado el recinto que incluye la carpa Espacio Z, las ferias y el circo se cerró ante rachas de viento de 67 kilómetros por hora. Ayer, Policía Local y Bomberos realizaron mediciones del viento. Por la tarde, la carpa estaba ocupada por niños y sus familias en el espectáculo infantil Cantajuego, lleno hasta la bandera. Algunos padres se quejaban de las instalaciones. “Hemos pasado mucho frío para ver a ocho tipos bailando con un peto vaquero”, decía Nieves Díaz, madre de una niña de dos años, a la salida. También criticaba que los 20 euros del precio de la entrada, para mayores y niños, “no era nada popular”. Hubiera preferido un lugar más apropiado “habiendo tantos recintos cerrados y sabiendo el frío que hace en Zaragoza”. Eso sí, su hija Carmen salía la mar de contenta. Con su chaquetón de plumas y bufanda. Su madre temía que el final de fiestas fuera el inicio de un catarro. Pero eso será para otro día.

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