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TOROS

El termómetro de los toros

Los diestros tienen que ganarse cada tarde los pasodobles que toca la banda de música de la Diputación Provincial de Zaragoza.

La banda toca la primera pieza de la tarde, la 'sintonía', con el subirector Luis Sapiña al frente.
El termómetro de los toros
CARLOS MONCíN

Una tarde de toros con pocos pasodobles en la Misericordia es mala señal. "La banda es un premio que se da y debe tocar cuando se lo merece el torero", explica Rafael Martínez Llorens, director de la Banda de la Diputación Provincial de Zaragoza. El número de piezas, siempre pasodobles, puede oscilar entre las 10 de una tarde aciaga y las 20 de una de gloria. Unos son fijos y otros hay que ganárselos. Todo está calculado. Cual programa de radio, todos los días un pasodoble sirve de 'sintonía' a las 17.15, mientras el público se sienta. En esta tarde, una cualquiera de la Feria del Pilar, suena 'La puerta grande', de Checa, bajo la dirección de Luis Sapiña, subdirector de la banda. El título puede presagiar una buena corrida. A las 17.30 el presidente de la plaza saca un pañuelo blanco. "¡Cuidado!", alerta Raúl Faubell, el timbalero, viendo el gesto de la máxima autoridad. Tienen que anunciar el inicio. El timbal y las dos trompetas (antes clarines) conviven desde hace unos años en el espacio reducido que ocupan la treintena de músicos de la banda, encima del palco de honor, en lo más alto de la plaza.

A continuación, el segundo pasodoble seguro de la tarde, el que acompaña a los toreros y a sus cuadrillas en el paseíllo. 'Armando jarana', de Alfaro, da algo de calor para compensar la escasez de público. "Aquí se elige un pasodoble que tenga un rango porque es cuando más se escucha y suena entero", según explica el director. En el repertorio hay más de 80 temas. "Cada año cambiamos cuatro o cinco", pero hay clásicos que no pueden sustituirse como 'España cañí' o 'El abuelo'.

Los músicos se entregan, pero son realistas. "El público viene a ver los toros, no a nosotros", tiene asumido Vanesa Giner, de 31 años, profesora de trompa en el conservatorio de Tarazona y becaria de segundo año de la banda. Los veteranos son funcionarios.

Los timbales marcan la salida de los picadores y luego los banderilleros. La banda no tiene trabajo porque las banderillas esta tarde no las pone el torero, el único que se merece música en ese momento. Con el maestro ya sobre el ruedo, en plena faena, suena el primer "¡olé!" del público y luego palmas pidiendo a la banda que le premie con un pasodoble. Luis Sapiña mira concentrado al ruedo, pero no reacciona. La decisión es suya. Más aplausos. Al final, accede y suena 'La cañada', de Talens. "Cuando la faena no vale nada o es muy buena, no hay problema para decidir, pero sí cuando no es ni sí ni no", explica, después. En su larga carrera se ha enfrentado a pitidos del público por no tocar o de los puristas, contrarios a la música. En Las Ventas o la Maestranza no hay apenas música.

El cambio del estoque de madera por el de acero marca el fin de la música, que también enmudecería si el torero estuviera en peligro. Con la muerte del toro llega otro pasodoble fijo, el del arrastre del cadáver del animal. Hoy, 'Lecumberri', de Franco. En esta ocasión, el público no escucha, solo silba al torero, que al final no se ha merecido el pasodoble de la faena.

La tarde es mala y llegado el sexto toro, a las 19.35, solo ha habido un par de faenas con música. Pero ahora llega la 'Jotica del último toro', del maestro Ramón Borobia, quien fuera director de la banda, una pieza diaria y original del coso zaragozano. El público la acompaña con palmas. Será la penúltima que escuchen. "No se pueden lucir los músicos porque no hay faena", lamenta Ana Robles, una aficionada de Bilbao sentada junto a su cuñada. Parece que nadie saldrá por la puerta grande. La banda guarda sus instrumentos hasta el día siguiente, en el que espera mejores faenas y más pasodobles.

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