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RECINTO FERIAL

"¿Puedo subir ahí?"

Las ferias son un atractivo para los más pequeños, que no se conforman con el el tiovivo.

Durante estos días las ferias son un imán para niños y no tan niños
"¿Puedo subir ahí?"

Para una jornada de ferias con los niños hace falta: una buena comida previa para aguantar la pateada por el recinto ferial corriendo de un lado a otro (los niños no andan; o corren o se sientan en el suelo); chaqueta (en Valdespartera siempre sopla más el cierzo que en el centro de la ciudad), y el bolsillo bien cubierto (los pequeños son insaciables y los precios no son económicos).

"Abrimos pronto, los festivos a las 12.00, y hasta que los padres digan", afirma una feriante. Lo primero es dar una vuelta para ver qué atracciones han venido este año. Pero los niños no tienen paciencia y se suben al primer cacharro que ven. Por ejemplo, a la atracción Acualandia: unas barquitas que van dando vueltas en torno a un pequeño lago. El viaje vale 3 euros.

"Me parece un poco caro, pero a los niños les gusta y todos los años venimos al menos una vez", afirma Elena Henríquez mientras vigila a sus hijos, de 6 y 4 años, subidos en unos cochecitos. Los precios para las atracciones infantiles oscilan entre los 2,5 euros del tiovivo clásico hasta los 3,5 euros de las ferias 'especiales', como la montaña rusa. La semana que viene habrá descuentos y el domingo 24, todo costará 1,50 euros.

Lara, de 4 años, mira fascinada la noria. "Mamá, ¿cuándo podré subir ahí?", pregunta. La mayoría de los aparatos son para todos los públicos, aunque algunos tienen limitaciones por edad. La montaña rusa es para mayores de 8 años. Para los mini autos de choque hay que tener entre 3 y 14 años. Un cartel señala: "Menores de 3 años, con cinturón o acompañados por sus hermanos".

Tras montarse en varios cacharros, llega la hora de las chuches. Las manzanas recubiertas de caramelo siguen siendo un clásico de las ferias, ahora también las venden con chocolate. El algodón, rosa o azul, se puede tomar con palo o en un cubo (mucho más cómodo para evitar el pringue cuando los niños se cansan del dulce).

Y aún queda la tómbola. "Papá, quiero un Bob Esponja, quiero un Bob Esponja, quiero un Bob Esponja". El padre cree que dispararle a un palillo será fácil. Saca pecho. Lección de matemáticas: para conseguir un peluche pequeño de Bob hay que tirar cuatro palillos. Cuatro tiros son tres euros. El padre dispara ocho veces y solo consigue tirar un palillo. Le quedan tres palillos más y dos niñas que quieren a Bob. "Ya es tarde, chicas, hay que ir a casa". Fin de una tarde en las ferias.

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