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TOROS

Ni chicha, ni limoná

No fue lo que se esperaba la corrida de Cuadri, hierro catalogado como "torista". Unos toros que, salvando al tercero y en parte también al primero, resultaron complicados.

Domingo López Chaves, en su faena con la muleta a su segundo toro
Ni chicha, ni limoná
JAVIER CEBOLLADA

No fue lo que se esperaba la corrida de Cuadri, hierro catalogado como "torista". Unos toros que, salvando al tercero y en parte también al primero, resultaron complicados.

Mansedumbre y mal estilo. La mayoría esperaron y persiguieron en banderillas, violentos también en la muleta aún sin sobrarles las fuerzas. Una corrida que se movió, pero sin clase. "Ni chicha ni limoná", que diría el catizo.

Mas hubo un nombre en la tarde que mereció muchos honores: Javier Castaño. Torero que en sus primeros años de alternativa se paseó por todas las ferias apoderado por la influyente "casa Chopera". No dejaba de ser un torerito cuya principal virtud era el valor, las ganas de llegar a toda costa, casi siempre a dentelladas. Entonces no caminó.

Y al cabo del tiempo aquel valor sedimentado ha dejado el poso de un torero con las ideas muy claras y de muy buenas maneras, nada afectado, muy natural. Castaño tiene un excelente concepto del toreo y sabe cómo se lleva a cabo.

Con dos toros muy diferentes resolvió una doble actuación muy convincente. A punto de cortar una oreja, o quién sabe si dos en caso de haber matado a su primero como Dios manda.

El toro, feo de hechuras, mogón del pitón derecho, empezó a pararse en banderillas. Pero "le empujó" Castaño hacia delante con temple, toreándole con cadencia y mucho gusto, desde el primer momento y sin probaturas previas por la derecha. Dos tandas con mucha suavidad y limpieza. El toro cogido siempre con alfileres, a veces también frenándose.

Castaño lo entendió alternando las dos manos con exquisita despaciosidad. Y al final, "el lío" de un circular por detrás larguísimo y ligado a uno de pecho sin solución de continuidad. Alardes de valor en las cercanías, con mucho aguante, serenidad y aplomo. Toreo delicado y de mucha firmeza. Fue una pena que no matara a la primera.

El sexto, completamente diferente, fue toro violento y siempre al acecho. Empezó a sacar "la guasa" en banderillas. Para la muleta, imposible sobre todo por el lado izquierdo. Por el derecho todavía "medio se dejó" pero también "avisado". Lo importante fue que Castaño estuvo ahí sin descomponerse.

"Rafaelillo" anduvo muy seguro con el primero, toro que se movió, aunque sin la clase suficiente. Faena de arrestos aún sin entrar en profundidades, que hubiera tenido mejor recompensa si llega a matar bien.

El cuarto, parado, sin humillar y reponiendo, tuvo todavía como peor defecto el más absoluto descastamiento, hasta el punto de echarse a mitad de faena. "Rafaelillo" le sacó pases con sacacorchos sin decir gran cosa.

López Chaves hizo un esfuerzo inútil en su manso, flojo y parado primero.

Y estuvo valentón con el quinto, el peor toro por dentro y por fuera del envío, por basto y violento. Se le atascaron la espada y el descabello a Chaves, que al final fue pitado. Y el público, insensible, para fastidiar más al torero, todavía aplaudió al toro.

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Cuadri, desiguales y bastos de presencia, mansones y deslucidos. Sólo el tercero tuvo clase, aunque poca fuerza; también fue manejable el primero, flojo y con movilidad al cincuenta por ciento.

Rafael Rubio "Rafaelillo": estocada enhebrada y tres descabellos (silencio tras aviso); y estocada y dos descabellos (silencio).

Domingo López Chaves: pinchazo y estocada baja a paso de banderillas (silencio); y nueve pinchazos y ocho descabellos (pitos tras aviso).

Javier Castaño: pinchazo, estocada atravesada que escupe y descabello (gran ovación); y estocada que asoma y cinco descabellos (silencio).

En cuadrillas, David Adalid saludó tras dos buenos pares al tercero.

La plaza tuvo media entrada en tarde fresquita, pero con buena temperatura dentro del recinto, con la capota a medio cerrar.

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